El oso mitómano: Los paraguas de Woody Allen

El oso mitómano: Los paraguas de Woody Allen

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Querido diario:

No sólo de Hollywood viven los osos y Ovedito se ha pegado una escapada por Londres siguiendo a sus maestros. Al fin y al cabo cada vez son menos los rodajes en Los Ángeles. Al menos los rodajes de alcurnia, con directores de verdad porque de anuncios y estas cosas siempre pilla. Pero rodajes con alguien como Woody Allen… ya ni tan siquiera en su adorada Nueva York sino a Londres. Le habían dicho que se llevara paraguas pero el sol reinaba. Y pilló a un Woody que echaba las muelas. No literalmente porque al genio de “Annie Hall” y de “Manhattan” ya lo ha pillado talludito, 73 años que se dicen pronto. Se notan en ese sonotono que lleva en la oreja y en los andares frágiles, hasta un poco desorientados. Pero que gustito da estar cerca de uno de tus mitos. Lo mismo debe de pensar esa pareja de gallegos que pasan por el rodaje más despistados que dos pulpos en un garaje, turistas en Londres a pesar de la crisis y que se quedan a ver si le sacan una foto con el móvil. Se han coscado del rodaje porque, muy listo Woody, al buen tiempo le ha puesto mala cara y se ha marcado una enorme máquina de hacer llover que le solucione la papeleta. Porque el rodaje de la película, para variar sin título, todavía pedía para hoy el día de más lluvia.

Con tanto ajetreo con la lluvia Ovedito se puede hacer al rodaje sin ser visto pero no logra meterse en el restaurante donde están filmando, el Beach Blanket Babylon, uno de estos minúsculos y muy de moda garitos londinenses, en pleno Notting Hill donde no había sitio ni para Ove. Tan sólo para un sudoroso Josh Brolin al que no parece salirle la escena, una adorable Freida Pinto, con aspecto más fresquito y un Allen de mesa en mesa diciéndole discretamente a su galán que repita la toma. Una advertencia de oso: nunca se te ocurra decirle a un actor que le pasaba con la escena. Los egos de las estrellas se magullan con facilidad y Josh tiene un temperamento fuerte. Por eso se debe de llevar bien con Javier Bardem. Otro consejo de cinéfilo: ten el ojo puesto en los brazos de Josh Brolin. De verdad que son extremadamente cortos.

ElosomitomanoWoodyAllen01Pero volviendo a Ovedito, como no lograba hacerse hueco en el restaurante y después de divertirse un rato con las caras de los paseantes que se mojaban bajo la lluvia artificial sin levantar una ceja, como si fuera de lo más normal eso de que llueva en medio de un día de sol, se fue a ver a los extras. Son una profesión en si misma que en la mayoría de los casos es de gente sin ego. Currelas o curiosos. Currelas porque su profesión es esa, ser extra, sin aspiración -porque no la tuvieron o porque ya la abandonaron- a ser estrellas. Gente que cobra principalmente por sentarse y tener paciencia leyendo, haciendo punto o meditando con su I-Pod mientras esperan el paseíllo por la puerta de atrás de la fama. Y sin llamar mucho la atención para que te vuelvan a llamar. O curiosos como William, que ha salido a echarse un cigarrito vestido como sólo los extras de Allen se pueden vestir, punta en blanco de copita moderna. Una pena que sean las 10 de la mañana. Y que admite que el normalmente es profesor de música pero un amigo le ha avisado y no se iba a perder eso de ver a Woody Allen en acción. ¿Aceptarán osos de extras?. Parece que no. Así que Ovedito se marcha en busca de nuevas aventuras que le han dicho que a la vuelta de la esquina está la librería de Notting Hill. La de verdad, The Travel Bookshop Company. Que para la película se hicieron una Travel Book Company de mentiras en el Portobello turistorro en lugar de utilizar la que sigue estando en 13-15 Blenheim Crescent. A lo mejor le venden una de las camisetas de la película para Ray.

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