“El pacto”

“El pacto”

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Suponed que, entre los regalos recibidos por vuestra boda, apareciera una caja de madera elegante y bastante pesada con una etiqueta: “El pacto”. Podría ser un tequila de coleccionista pero al abrir la caja, dentro hay otra, también de madera, con un envoltorio de terciopelo azul, y en cada lado una pluma de aspecto prohibitivo, hecha de plata, de oro blanco o quizás de platino. Al sopesar una, sorprende su consistencia, su estructura. Es uno de esos regalos exquisitos que se le hacen a alguien que lo tiene todo. La pluma tiene algo grabado. La letra muy pequeña, con vuestros dos nombres, la fecha de la boda y después, sencillamente: “Duncan Mills, California”. La caja más pequeña es de la misma madera reciclada que la otra y tiene los mismos herrajes elegantes y el mismo logo frontal, grabado a fuego: “El pacto”. Su peso también sorprende. Al intentar abrirla os encontráis con que es imposible, así que buscáis una llave en el paquete. Lo único que hay al fondo es una nota escrita a mano: “Que sepáis, que el pacto nunca os abandonará”. el paquete es el regalo de una pareja de amigos recientes. Este es el “gancho” de la historia que acaba de publicarse y ha comprado Fox para convertir en cine; la quinta novela de una escritora americana, Michelle Richmond, que comenzó ya muy fuerte con dos novelas, “Perdida en la niebla” y “Golden State”, en la lista de los libros más vendidos de The New York Times.

Título: “El pacto”

Autora: Michelle Richmond

Editorial: Maeva

Michelle se acerca a los 50 y a los 20 años de matrimonio. Expresa satisfacción en sus entrevistas, así que le ha ido bien y valora tanto su experiencia matrimonial que nos pregunta qué clase de pacto estaríamos dispuestos a firmar estando enamorados, si haciéndolo garantizáramos la permanencia de una relación duradera.

Por mucho que nos expliquen que el amor es el autoenvenenamiento de nuestro propio cerebro, con productos químicos que fuera precisan receta médica o incluyen riesgo de multa y cárcel, somos adictos a las drogas como muchos otros mamíferos. Las comedias y la literatura romántica son tan populares porque nos hacen recordar o aspirar a “subidones” de amor. En esas circunstancias se pueden firmar muchas cosas. El libro es lo que le ocurre a la pareja firmante del pacto rubricado con las carísimas plumas.

Richmond dice que “una pieza del puzzle fue el Código Penal Federal, un tomo enorme comprimido en algo más de mil páginas de letra minúscula. El libro, publicado anualmente, recoge todos los delitos que puedas imaginar, junto con otros muchos que ni siquiera puedes, y sus correspondientes castigos. Me pregunté: ¿qué pasaría si hubiera unas reglas estrictas para el matrimonio, y castigos para aquellos que las rompiesen? ¿Qué pasaría si existiera una organización que se tomara los delitos maritales tan en serio como cualquier otro delito?”.

Michelle podría haber hecho una historia de humor al darse cuenta de que la primera consecuencia de la respuesta elevaría el porcentaje de abogados a la mitad de la población americana. Ella ha optado por una respuesta en forma de thriller, y extiende una red de situaciones con orden, incluso cronológico, buena progresión y lo que se espera de toda red, aumento de la inmovilización al intentar liberarse los atrapados. Buena literatura de evasión que, en un momento dado, puede disparar la pregunta que construye el libro: ¿Que estamos dispuestos a hacer por nuestra relación?

Carlos López-Tapia

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