“El punto G del guión cinematográfico”

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Título: “El punto G del guión cinematográfico”

Autor: Miguel Machalski

Editorial: T&B Editores

Nota de la Redacción: Rosa Vergés, una cineasta muy interesante por formación e inquietudes, no tarda en encontrar en su prólogo a este libro, el “punto g” de Miguel Machalski, el autor de este manual que se esfuerza por no serlo demasiado. Ese punto metáfora de todo placer sensual, en el caso de Machalski es “la seducción de la imaginación”. Es natural que un “script doctor” sienta un gran placer autopsiando los miembros y vísceras de una película en busca de lo que excita su punto g de espectador para hacerle exclamar: ¡que buena!. Machalski ha conseguido sobrevivir al cinismo de la madurez y sus derrotas, para permanecer convencido de la fuerza del cine, de su poder circunstancial o permanente para los que se exponen a él. Casi en cada página se detecta vitalidad: “Una historia que personalmente me marcó mucho en los últimos tiempos –hubo sin duda muchas otras en su momento pero me interesa la continuidad de la capacidad de cambio a través de las distintas edades de una persona– fue la de la película “After Life”, del realizador japonés Hirokazu KoreEda, donde en el más allá, los difuntos pueden elegir un momento único en sus vidas, hacer una película reproduciéndolo y llevarlo consigo a la vida eterna. ¿Me transformó esta historia?. No puedo decir que después de haberla visto mi vida haya dado un giro espectacular, pero creo que se añadió una pieza, un matimístico z, un ingrediente a mi cosmovisión. Busqué identificar cuál sería el momento que querría inmortalizar, y al hacerlo, pasé revista a mi vida desde una óptica algo diferente: enriquecida, intensificada…

Luego, como guionista, me sucedió algo extraño. Hace cinco años, me encargaron la adaptación de un libro de un autor senegalés, Abasse Ndione, que se titula “Ramata”. La historia es tentacular y multidimensional, pero básicamente se trata de una mujer que, a los 50 años, posee aún una belleza descomunal. Esa belleza es a la vez su salvación y su condena (al menos ése fue el tema central que quise poner de relieve en mi primera adaptación) y la llevó en el pasado a ocasionar indirectamente la muerte de un hombre, por la impunidad de la que se creía investida a causa de su belleza. En la historia, el pasado cobra esa deuda a través de un joven de quien ella se obsesiona sexualmente, sin saber que es el hijo del hombre que por culpa suya murió veinte años antes. Poco importan los detalles: en el guión, la mujer, tras atravesar un período de demencia, acaba muerta en el patio de un hotel. Al rodarse la película, y por la cercanía del mar, se decidió que añadiría lirismo el que la protagonista muriera ahogada, y así se filmó.

La película tardó en producirse. La última etapa fue dar con la protagonista, y en tre diversas candidatas posibles, había una favorita: la modelo internacional, musa entre otros de Yves Saint Laurent, Katoucha Niane. Todos querían que fuera ella Ramata, a pesar de no ser actriz profesional: poseía, a ojos vistas y al parecer de todos, un lazo místico con la historia. Al principio se negó hasta que al fin la convencieron de que al menos leyera el guión. Al día siguiente, llamó al productor diciendo: “ Ramata c’est moi !. Il faut que je fasse ce film !.” (“¡Ramata soy yo!. ¡Tengo que hacer esa película!.”). El rodaje fue complicado por el carácter intempestivo y fuertemente emotivo de la modelo, y también porque ella sentía que el personaje se acercaba peligrosamente a su identidad propia. Tras una serie de peripecias que merecerían ser contadas en otro momento, el rodaje culminó en diciembre de 2007.

A fines de enero de 2008, Katoucha desapareció una noche al salir de su péniche anclada a orillas del río Sena, en el centro de París. Un mes más tarde, apareció su cuerpo, casi irreconocible, en el lecho fangoso del río. Murió ahogada en lo que se decretaron como circunstancias misteriosas pero muy probablemente accidentales… No me cabe duda de que el autor del libro, el guionista, el realizador y el productor (quien me dijo, no como acusación sino como constatación, “¡Tú escribiste su muerte!.”) anticipamos juntos el final trágico de aquella mujer. ¿Lo provocamos?. ¿Fuimos sus causantes?. ¿Fuimos artífices, instrumentos o simples vaticinadores?. ¿O, más racionalmente, ninguna de las tres cosas, y todo no fue sino mera “casualidad”?. Cada cual puede responder según sus convicciones personales, pero en lo que me atañe, estoy convencido del poder que tiene el narrador, mediante sus relatos y ficciones y con mayor o menor grado de inconsciencia, de proporcionar claves de una lectura paralela de la realidad y acaso de provocar desenlaces.”

Si lo que define al doctor House, y nos permite perdonarle, es su capacidad sobrehumana para el diagnóstico , lo que define a un doctor de guiones no es otra cosa. Por tanto aquí tienes uno de sus diagnósticos para que lo valores.
IndicePuntoG.htm

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