“En guerra con el pasado. Crónicas sobre la falsificación de la Historia”

“En guerra con el pasado. Crónicas sobre la falsificación de la Historia”

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“Nuestra Señora de los turcos” es una película de Carmelo Bene, material cinéfilo a día de hoy, que provocó diversos enfrentamientos al ser estrenada en un año significativo, 1968. Es una parodia del abuso “intelectualoide” del cine de la época, sobre todo el francés. Se apoya en un acontecimiento muy conocido en la Europa del Renacimiento. El 14 de Agosto de 1480, en la ciudad italiana de Otranto, los turcos mataron a más de 800 personas. Al año siguiente, cuando los aragoneses reconquistaron esta localidad de Apulia, se recuperaron los huesos de los fallecidos y fueron conservados, bien visibles, en la catedral. Declarados mártires, su ejemplo fue evocado durante varios siglos en los enfrentamientos sucesivos entre europeos y musulmanes como la batalla de Lepanto. 60 años después de los hechos fueron elevados al estatus de santos y se autorizó su culto y, tras sucesivas elevaciones en la escalera administrativa católica, el Papa Francisco los canonizó definitivamente en 2013. La pregunta es… ¿por qué han tardado medio milenio en declararlos santos? Porque en 1539, cuando empezó el proceso canónico, interrogaron a 10 habitantes de Otranto supervivientes y averiguaron que “habían admitido de forma prácticamente unánime que la hecatombe se produjo a consecuencia de la negativa de los ciudadanos a rendirse, no de su renuncia a abjurar”. En cuanto al resto del episodio, tras una pormenorizada investigación histórica, nos hallamos ante “una mísera historia de errores, subterfugios, humillaciones y pestilencia”.

Título: “En guerra con el pasado. Crónicas sobre la falsificación de la Historia”

Autor: Paolo Mieli

Editorial: RBA

Todos los capítulos de este libro encuentran su traducción en el cine. La pantalla difunde leyendas y convicciones sin base real mejor que ninguna otra cosa. Mieli es una de las personalidades más populares de Italia, un periodista e historiador que ha dirigido Il Corriere della Sera hasta hace tres años, una entre prácticamente todas las cosas que ha hecho como periodista. Un ojo en la actualidad mundial y otro en el pasado, una tradición histórico-periodística muy larga (el antecesor más directo de Mieli fue Indro Montanelli), que ha mantenido a flote el diario milanés de referencia en Italia.

Hace tres años reunió en este libro, publicado ahora en español, varios capítulos dedicados a buscar la verdad oculta tras las apariencias, las tergiversaciones y las deformaciones.
Los sucesos y personas que ha seleccionado son de esos que alimentan fuegos que ponen en peligro nuestra convivencia. Mieli cree que los “incendiarios” buscan en la maleza brasas encendidas, que permitan encender nuevos conflictos, en los que ellos son los protagonistas, víctimas y beneficiados: “Sin percatarse de que serán irremediablemente calcinados por las llamas que ellos mismos han provocado. La única manera de circunscribir dichos fuegos, a veces invisibles, es poner en marcha una ley del olvido que funcione bien. Olvidar no debe ser sinónimo de desidia, ni de situar en el mismo plano los errores y las decisiones justas del pasado, sino de evitar que reaparezcan los mismos errores y decisiones en los conflictos presentes. Tenemos que impedir que nuestra comunidad se vea en la situación de reabrir viejas heridas. Detener el juicio sobre el pasado, o mejor aún, impregnarlo cada día de valores y, al mismo tiempo, aprender a respetar el pasado en toda su complejidad, no es tarea fácil. Y sólo existe un camino para alcanzar dicho objetivo: dejar la historia a los historiadores, los únicos que se interesan exclusivamente en analizar sus dinámicas y escribir nuevas páginas sobre ellas”.

Oímos cada día a líderes que sin formación, o con deformación interesada, avivan los fuegos que Meli recoge en cada capítulo. Robespierre, el Estado y la mafia italiana, el antesimitismo, porqué los judíos preferían ser juzgados por la Inquisición, la traición del rey francés Francisco I contra la cultura cristiana europea, los falsos mártires, la esclavitud como mejor alternativa que la muerte, Hitler en la posguerra o manipulaciones variadas de los grandes de la Historia.

Cada capítulo evidencia la necesidad de difundir conocimientos y difuminar creencias que circulan como documentos de identidad pero, además, en la edición española, Meli fue un tiempo corresponsal en España, se añade un apartado dedicado a nosotros, a la situación política de un pueblo lastrado por una guerra civil y una dictadura que acabó hace años.

“Voy a poner un ejemplo de lo que deberíamos evitar refiriéndome al caso de España (…) España es un país que, hace unos años, fue capaz de llevar a cabo una transición de la dictadura a la democracia tranquila, un país cuya derecha moderada no se remite en absoluto a la época nefasta de Francisco Franco, período que los manuales de Historia rechazan de forma prácticamente unánime. Y, sin embargo, tal vez involuntariamente, en España existe el riesgo de que prendan nuevas llamas. Cuando Franco mandó construir el Valle de los Caídos, es muy posible que tuviera en mente dos precedentes históricos: el Pacto del Olvido que impuso Trasíbulo en Atenas en el año 403 A.C., tras la derrota de los Treinta Tiranos, y el Edicto de Nantes, firmado en 1598 por Enrique IV para poner fin a la guerra entre católicos y hugonotes: «Prohibimos a todos nuestros súbditos», rezaba el edicto de Enrique IV, «reavivar la memoria, agredirse, promover el resentimiento, injuriarse, provocarse unos a otros y reprocharse lo ocurrido, fuera cual fuese la causa o pretexto, así como litigar, discutir, acusarse y ofender se con hechos o palabras». Pese a todo, tanto en Atenas a partir del 403 A.C. como en Francia después de 1598, hubo quienes siguieron estando convencidos de que habían luchado en el bando correcto, contra sus «enemigos», y de que estos merecían castigos más severos, por lo cual consideraron injustas las imposiciones decretadas por la autoridad pública. Hoy en día, tantos siglos después, los historiadores son capaces de discernir con equidad los errores de las decisiones justas en aquellos hechos lejanos De ese modo, Trasíbulo y Enrique IV lograron dominar gradualmente las llamas. Quizá no fue algo definitivo, pero al menos lo consiguieron”.

Manipular el pasado es muy habitual, es fragmentar la historia, simplificarla, desmontar su complejidad para adaptar épocas remotas a las categorías y necesidades del momento. Es una manipulación para conseguir fuerza, dignificar y abonar el terreno a las luchas del mundo actual. Una operación que provoca daños incalculables, que, en primer lugar, desarma a las generaciones que deberían estar preparadas para enfrentarse a las guerras, lamentablemente no metafóricas, de hoy o de mañana. Según Philip Jenkins «la mejor razón para estudiar en serio la Historia es que casi todo el mundo utiliza el pasado en sus discusiones cotidianas».

Este libro se propone ser un antídoto contra toda actitud manipuladora y ofrecer una reflexión que nos ayude a hacer las paces con la Historia. Mieli es un narrador veterano, un observador experto, que vive el último periodo de su vida y ofrece consideraciones muy valiosas a los que quieran escucharlas. Desde luego, me ha enriquecido leerle.

Carlos López-Tapia

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