“Entre pólvora y canela”

“Entre pólvora y canela”

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La primera vez que los piratas se convirtieron en personajes de ficción fue para la novela “Robinson Crusoe”. Su enorme éxito provocó toda clase de copias más o menos inspiradas, entre las que se encontró el Robinson suizo, escrita a comienzos del siglo XIX, que es la historia que más veces ha inspirado al cine. En este género Stevenson es Dios, Salgari su profeta y este escritor un buen seguidor del culto a los piratas.

Título: “Pólvora y canela”

Autor: Eli Brown

Editorial: Salamandra

Hace cinco años Eli Brown se aburría frente al televisor viendo una serie de ejercicios de yoga. Pensó que la serie era repetitiva porque le faltaba una trama. Los ejercicios debían progresar dentro de una historia para que se deseara ver el siguiente capítulo. “Al principio pensé, venderé el DVD en iTunes. ¡Me pondré en forma y me haré rico! Pero, bueno, la realidad se impuso y lo dejé, pero lo que había inventado era lo suficientemente bueno como para seguir pensando en ello”. Había inventado una trama para una historia de piratas.

Eli Brown vive en una granja experimental urbana en California. Supera por poco los 40 y esta es su segunda novela. En la descripción oficial sobre “Pólvora y canela” hay una comparación con “Las mil y una noches”, pero Scheherazade no estaba en la mente de Brown en absoluto, al menos conscientemente, aunque también su protagonista debería defender la vida gracias a una habilidad especial. Faltaba un ingrediente para que Brown se pusiera a escribir. También surgió de la televisión. En concreto de viejos episodios de “Iron chef”, un concurso japonés donde daban a los jugadores un ingrediente y les decían: “Haced lo que podáis”.

El cocinero de un noble inglés acaba en un barco pirata capitaneado por una mujer cruel y misteriosa, por cuya cabeza se pagan 15 lingotes de oro; creció en un orfanato y desde muy joven aprendió el oficio de la cocina. Odia los barcos, por lo que no ha viajado mucho, su conocimiento del mundo es bastante estrecho y tiene ideas tan firmes como desinformadas acerca de las mujeres, la sexualidad, o de cómo deben funcionar las economías en el mundo. Para sobrevivir deberá cocinar un día de la semana, y sólo deslumbrando a la capitán con cada menú, asegurará su existencia durante los siete días siguientes. Salvo que en cuanto a existencias la bodega del barco no es precisamente un mercado francés.

La literatura sitúa culturalmente a los piratas entre la simpatía y la villanía, disfrazamos a los niños de piratas pero, por otro lado, les tenemos miedo porque son reales y pueden ser despiadados y brutales.

La sal de la historia es esa ambigüedad, ¿a quién se llama pirata? Si un gobierno te da un pedazo de papel, haciendo exactamente las mismas cosas que un pirata, eres un héroe, y puedes retirarte rico. Pero, sin ese papel, eres perseguido, y cualquiera podría reclamar recompensa por tu cabeza. El chef Owen Wedgwood se ve de pronto conviviendo en el estrecho espacio de un barco con gente de lugares y clases diferentes. Es un prisionero pero, mientras piensa en su fuga, no deja de ver camaradería e ideas de igualdad que le obligan a reflexionar sobre la relación entre Inglaterra y el resto del mundo, especialmente con China, de dónde proviene su té, cómo llega allí, por qué Inglaterra tiene dinero, qué pasó en Europa después de las guerras napoleónicas, etc…

La pimienta es el secreto que guarda la capitán del barco, enigmática, elegante, despiadada y violenta, acompañada por dos hermanos chinos letales, un contramaestre enorme, y una tripulación cuya fidelidad va explicándose gradualmente, mientras son perseguidores y perseguidos. De todos los personajes, Hannah Mabbot, y su lucha y metas en la vida, se convierte en el ingrediente más interesante durante los meses de aventura en que cambiará la manera de ser y pensar de un chef con una inventiva para la comida digna del mejor tres estrellas.

No le falta nada de lo que esperamos de los piratas. Es entretenida, sostiene la acción sin baches, crueldad y romanticismo bien equilibrados y con un final épico y original, que conecta con la verdadera historia que enfrentó a China con el Imperio británico y el resto de países occidentales. Buena literatura veraniega para practicar el “flashback” juvenil.

Carlos López-Tapia

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