Fantasías de cine: “Cuando el viento sopla” (1983), lirismo frente a la amenaza nuclear

Fantasías de cine: “Cuando el viento sopla” (1983), lirismo frente a la amenaza nuclear

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Querido Teo:

Durante la Historia del cine la animación ha acabado teniendo una importante relevancia. Esto es debido a todo un proceso de madurez que ha experimentado demostrando que puede abarcar todo tipo de temas, ya sean cómicos o dramáticos. Ejemplo de ello ya ha podido verse anteriormente en esta sección dedicada a películas relacionadas con la fantasía y la animación.

Hubo un tiempo en la década de 1980, cuando la guerra nuclear fue una posibilidad real, en que la paranoia fue abundante y la gente adulta comenzó a contemplar el fin de la humanidad. Los cineastas fueron rápidos para aprovechar el tema y producir películas para agitar aún más esos sentimientos paranoicos, aunque su intención fuera totalmente antibelicista.

El film que nos ocupa fue estrenado el mismo año que ocurrió la catástrofe de Chernobyl cuando la famosa nube radioactiva amenazó toda Europa por primera y, esperemos que, última vez. Jimmy T. Murakami consigue llevar la novela “When the wind blows” de Raymond Briggs al cine, contando la historia de Jim y Hilda Bloggs, una pareja de jubilados que viven en una remota zona rural de Gran Bretaña, poco antes del inicio de una guerra nuclear entre los soviéticos y los británicos/americanos.

Ante un inminente ataque ruso contra el país, en plena Guerra Fría, la pareja decide tomar toda una serie de medidas para protegerse. Lo que en un principio parece algo puramente rutinario, y por precaución, fruto de la experiencia bélica que ya tuvieron con la Segunda Guerra Mundial, se convierte en una cruenta odisea de supervivencia. La pareja piensa ingenuamente que el Estado lo tiene todo controlado, que siguiendo las instrucciones de unos folletos informativos no tienen nada que temer.

65whenthewindblowsTras el ataque nuclear, la pareja intenta seguir su rutina entre las ruinas de la casa corriendo peor suerte que los demás, esperando la muerte de una forma mucho más horrible, mientras la supuesta ayuda llega. La inocencia y una fe ciega en su gobierno les impide ser conscientes de las dramáticas consecuencias de la radioactividad con el paso de los días. Todo esto acompañado del amor que, a pesar de los años, aún profesan el uno por el otro, cuidándose de la misma forma día tras día, llevando la misma rutina, creyendo que todo saldrá bien…

Creo que la fuerza de esta historia está en la emotividad que despertaría en el espectador la empatía con el matrimonio de ancianos. El hecho de estar contada con irreales personajes de animación, demasiado inexpresivos e infantiles, le dota de un ambiente de desolador teatro de títeres. Más aún al estar filmada con una particular técnica que mezcla la clásica animación a mano de los personajes con unos fondos hechos con maquetas reales a escala. Cierto es que a veces puede resultar lenta y monótona. Si el objetivo era retratar la senilidad de una pareja de ancianos, el resultado es excelente; pero hay cierto aire de optimismo demasiado extremo hasta un punto que resulta ridículo.

Y es una pena porque las imágenes son de las que duelen; sobre todo por la ingenuidad de ellos ante todo lo que va sucediendo, una visión global de las cosas algo hipócrita. Llegan al punto de evocar con nostalgia su juventud durante la II Guerra Mundial, como si aquello hubiera sido una época digna de recordar con cariño. Siento que es un film que necesita varios visionados para cavilar sobre los posibles planteamientos que nos propone el cuento. Una película que puede resultar atípica y arriesgada, por el hecho de tratar un tema tan delicado como el de la guerra nuclear mediante una sencilla e inocente animación. Si a todo esto le añadimos una más que recomendable banda sonora (David Bowie, Roger Waters, Pink Floyd, Genesis) estamos ante una de esas películas que no deberíamos dejar de ver.

Una película que todos deben ver una vez adquirida la madurez suficiente, prácticamente olvidada, sencilla y honesta, dolorosamente humana. Resulta tan potente ahora como fue en los años 80 ya que nos recuerda que la amenaza de la guerra, nuclear o de otro tipo, nunca está lejos de todos nosotros.

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Juan Israel Aldana

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