Fantasías de cine: “En compañía de lobos” (1984), analogía onírica

Fantasías de cine: “En compañía de lobos” (1984), analogía onírica

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Querido Teo:

Aquí traigo hoy película muy especial, y digo muy especial porque es un largometraje difícil de entender en su concepción global y en los mensajes que desea transmitir. Se nos presenta la historia de Rosaleen (interpretada por Sarah Patterson); una jovencita que, mientras duerme en una plácida cama de una lujosa casa, tiene un extraño sueño en el que se ve reflejada su propia familia. Sin embargo, la acción se traslada al siglo XVIII, en una ubicación desconocida pero a la vez onírica, como ya digo, apareciendo ella en el papel de Caperucita.

Mientras la historia principal transcurre se van intercalando pequeños relatos, cuentos que le narra su abuela (Angela Lansbury). Estos relatos dotan al film de un planteamiento bastante particular pero muy interesante; ayudan a reflejar los principales mensajes de la película y dan fuerza al ritmo de la misma, sin hacerse ésta monótona.

Todas estas historias, incrustadas dentro de la trama principal, tienen un denominador común, los lobos. Y es que el verdadero mensaje lo debemos hallar no en la historia principal sino en estos relatos a los que he aludido; tienen claros mensajes como el paso de la niñez a la adolescencia, la moral tradicional y el recto camino, la obediencia, las falsas apariencias, etc…

Es bien conocido que los cuentos de hadas son mucho más que simples fábulas y que contienen siempre una enseñanza para la vida que los niños han de interiorizar. Pero de inocentes no tienen nada. En el caso de Caperucita Roja, y para quién aún lo desconozca, se trata de una alegoría del tránsito de la infancia a la pubertad, de la pérdida de la inocencia y el despertar a la sexualidad.

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Pero la película de Neil Jordan no es una mera versión cinematográfica del cuento, sino que lo reinventa, añadiéndole elementos tomados de otros cuentos y mitos (el más evidente es el del hombre lobo). Así como añadidos sólo entendibles en el contexto de la modernidad, o tal vez deberíamos decir de la posmodernidad, pues el resultado es un pastiche (tan del gusto posmoderno) tanto en el plano estético como en el narrativo.

Desde el punto de vista técnico la película es más que notable. Los escenarios, tenebrosos y mágicos, recrean bastante bien lo que podemos imaginar al leer o escuchar los viejos cuentos de hadas. Ese ambiente onírico, surrealista, terrorífico, opresivo y acogedor al mismo tiempo que cambia según el tono del relato. Además posee unos efectos especiales bastante buenos para la época en que se filmó (bebés humanos de porcelana que nacen de huevos de aves; muñecos de trapo gigantes con vida y algunas escenas desagradables con toques gores, siempre protagonizadas por licántropos).

Siempre de niños nuestros mayores nos contaron las historias de Caperucita Roja, Hansel y Gretel y demás personajes que se supone servían para que diferenciáramos el bien y el mal. Pero no eran más que cuentos, en los que se nos enseñaba a acatar prohibiciones: “No salgas del camino de baldosas amarillas”, “no hables con extraños”, “vuelve antes de las 12”… Si no haces todo esto, acabarás muy mal.

La abuela de Rosaleen, asusta a su nieta con historias de lobos unicejos. Y es que la adolescencia y el despertar sexual pueden ser un bosque caótico y peligroso en muchos sentidos, sobre todo para una adolescente hermosa, frágil y virginal como Rosaleen. Pero lo que las abuelas, en su desmesurado candor y benevolencia, no saben es que es tan malo la carencia como el exceso.

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Para un adolescente la palabra “prohibido” es sinónimo de “aventura” y, en verdad, el adolescente necesita aventuras que le descubran el mundo en todas sus vertientes, para formarse como adulto y desarrollar una personalidad propia. Es posible que haya detrás de todo una fina ironía y finalmente queda como una fábula algo cruel sobre los riesgos de la inocencia y la dualidad hombre-bestia.

Lo que critica aquí el cineasta Neil Jordan es que dejemos de contar historias de este tipo a nuestros hijos o sobrinos, porque realmente no son cuentos infantiles, sino historias gore (como podemos ver) que nos asustan y nos cohíben de trozos de vida, que podríamos haber disfrutado si no hubiésemos conocido a ninguna Caperucita o su abuela.

Vídeo

Juan Israel Aldana

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Comentarios

Alejandro - 31.05.2015 a las 13:24

Sin dudas no dejaste ni un detalle en alto. a esta película la pasaron una noche por televisión y tal vez ha sido de las pocas que han conseguido asustarme o crearme una idea de miedo y detesto las películas de terror me parece un genero que cae en muchos clichés pero esta es distinta es extraña esconde demasiados mensajes es casi perfecta, una obra de arte que debería ser reconocida y espero que el tiempo se lo de, saludos.

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