“Hanshichi. Un detective en el Japón de los samuráis”

“Hanshichi. Un detective en el Japón de los samuráis”

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Sherlock Holmes encabeza el listado de personajes más representados en el cine, camino de las 300 películas y los 80 actores metidos en la piel del detective de Conan Doyle. Vivimos una erupción del personaje en los últimos años, gracias a la sucesiva aparición de Holmes en pantalla y a dos series de televisión. La influencia del personaje abarca todo el planeta y, desde hace algo más de un año, podemos incluso disfrutar de la variante más exótica, un investigador llamado Hanshichi.

Título: “Hanshichi. Un detective en el Japón de los samuráis”

Autor: Kidô Okamoto

Editorial: Quaterni

Kidô Okamoto, cuyo verdadero nombre era Keiji Okamoto, ya era conocido por una obra de teatro kabuki que se había hecho muy popular cuando leyó Conan Doyle y decidió dar vida a Hanshichi. Ambos escritores compartieron el mismo mundo, muriendo el japonés sólo nueve años después del escocés. Mientras Holmes vivía sumergido en la época victoriana de finales del XIX que el propio Doyle conoció de joven, Okamoto decide retroceder unas décadas, al tiempo entre 1840 y 1860. Toma esa decisión para colocar a su detective en un período exótico, dominado por familias samuráis, en una sociedad de castas bien definida y plagada de hechizos, de criaturas mitológicas y de fantasmas. El racional Hanshichi lucha contra la mezcla de tradición y superstición recurriendo a menudo a comportamientos poco convencionales para un hombre de su clase.

Okamoto elige además que su detective sin carnet viva en Edo, años antes de convertirse en Tokio. El lenguaje tiene la sencillez y a menudo ingenuidad aparente de muchas historias de la época, espolvoreando ironía sutil más que el sentido del humor del nipón televisivo actual. sus casos nos permiten visitar los barrios más ricos y los más humildes, habitados por personajes del hampa, mansiones samuráis, baños públicos, modestas nagayas o casas de vecinos, pasando por talleres artesanos y restaurantes en los que reponer fuerzas comiendo fideos soba o anguila asada. Aunque la inspiración pueda estar en Holmes, Okamoto ofrece un personaje propio, sin compañero asistente ni las exhibiciones deductivas del inglés, y dotado de mucha más empatía, aunque también capaz de adoptar actitudes heterodoxas, como hacerse pasar por borracho para romper la intimidad de un domicilio.

Se trata de una buena edición, traducida con cuidado por una editorial que se ha especializado en literatura japonesa. Un clásico para leer con la música adecuada, aromas orientales y, por supuesto, una pipa. Aun sin nada de eso, aquí tienes el primer caso.

Elprimercaso.pdf

Carlos López-Tapia

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