“Humanos. Una breve historia de cómo la pifiamos”

“Humanos. Una breve historia de cómo la pifiamos”

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“Este libro trata sobre el hombre y nuestra notable capacidad para joderlo todo”. Es el resumen que hace Tom Phillips de su libro sobre Historia y sobre entender mal las cosas. Ejemplo: el científico Thomas Midgley entendió que se haría rico al descubrir los CFC, prohibidos hoy por destruir buena parte de nuestra capa de ozono, pero que dieron lugar a la nevera que tenemos en casa, o al aire acondicionado, sin el cual la vida en muchas grandes capitales no sería la misma que es hoy. Unos vehículos con aire acondicionado hicieron posibles los viajes de larga distancia en coche. Vastas franjas del Oeste y del Medio Este de Estados Unidos, por poner solo dos ejemplos, serían probablemente lugares muy distintos. Su repercusión en la cultura popular, en general, se concretó cuando las salas de cine adoptaron el aire acondicionado, contribuyendo a potenciar la popularidad del medio como actividad de ocio durante la Gran Depresión, sentando las bases del impacto cultural de la edad de oro del cine y convirtiéndolo en el entretenimiento que moldea las costumbres y define el siglo XX. Thomas Midgley inventó Los Ángeles: una ciudad que funciona gracias a los coches y al aire acondicionado y acoge a la industria cinematográfica.

Título: “Humanos. Una breve historia de cómo la pifiamos”

Autor: Tom Phillips

Editorial: Paidós

Tom Phillips logró terminar los estudios de Historia y Antropología en Cambridge, sin perder lo mejor de la herencia británica: el sentido del humor. “Humanos” es una combinación estupenda de ambas cosas. Dado el tema del que se trata y el humor del autor, dedicar este libro a su familia… “podría dar lugar a un serio malentendido. Así que he preferido dedicárselo a cualquiera que alguna vez la haya jodido a base de bien. No estáis solos”.

Instructivo, divertido, con tesis peculiares que desacralizan cualquier solemnidad histórica, desde nuestro comienzo en el planeta…. “Hace mucho, mucho tiempo, a la salida del sol sobre los grandes valles fluviales y las llanuras de Etiopía, una joven simia descansaba encaramada a un árbol. Entonces, se cayó del árbol y se mató. Al cabo de unos 3,2 millones de años, otro grupo de simios (algunos de los cuales contaban ya con algún doctorado) desenterrarían sus huesos fosilizados. Como esto sucedía en la década de 1960, y estaban escuchando una canción muy popular de unos muchachos de Liverpool con un buen colocón por aquel entonces, decidieron llamarla Lucy. Pertenecía a una especie desconocida hasta el momento —que ahora denominamos Australopithecus Afarensis— y fue aclamada como el «eslabón perdido» entre el hombre y los simios. El descubrimiento de Lucy fascinaría al mundo: su nombre se hizo tremendamente popular, su esqueleto se exhibió en una gira de varios años por Estados Unidos y actualmente es la principal atracción del Museo Nacional de Adís Abeba. Y, sin embargo, la única razón por la que sabemos de ella es que, hablando en plata, la jodió. Lo que, visto con la perspectiva del tiempo, marcó una pauta muy clara para el desarrollo de los acontecimientos a partir de entonces”.

No parece complejo, en apariencia, señalar momentos históricos en la que la hemos pifiado. Cualquiera de nosotros tendría más dificultades en señalar momentos de lo contrario. Lo atractivo de este libro de Historia es la capacidad para seleccionar los momentos de pifias representativas variadas. Ejemplo: la historia de la plaga de estorninos contra la que se lucha hoy en Estados Unidos, provocada por el presidente de la Sociedad Americana de Aclimatación, con sede en Nueva York, por ser un entusiasta rematado de Shakespeare.

Phillips ofrece diversión histórica de primera calidad, a menudo teñida de asombro, dudando siempre y siempre intentando no caer en las típicas historias “demasiado buenas para ser verdad”, los relatos apócrifos y las anécdotas que suelen exagerarse más cada vez que un recopilador histórico se suma a otro.

Sin abandonar en ningún momento el humor, repasa asuntos tan poco divertidos como algunos aspectos de Hitler; nos lleva a la Isla de Pascua; se introduce en la forma de nuestros pensamientos siguiendo a un premio Nobel; detalla los excesos y locuras de varios dirigentes actuales; o nos da ejemplos poco conocidos de extravagantes decisiones a lo largo de la Historia.

Siempre que uno no tenga nada que ver con los personajes que maneja el autor (tampoco es fácil), es una lectura refrescante, de sonrisa frecuente, que contrasta muy bien con la actitud generalizada de encontrar la identidad de los pueblos y las personas en gente y decisiones remotas, con las que se tiene muy poco que ver. Esta es una manera muy frecuente de pifiarla humanamente. Divulgación histórica de la que apetece subrayar.

Carlos López-Tapia

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