In Memoriam: Amparo Rivelles, la gran dama

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Querido primo Teo:

“La actuación ha sido mi vida”, afirmaba Amparo Rivelles, cuando el Instituto Cervantes le rindió un merecido homenaje en Septiembre de 2011. Y lo ha sido hasta hoy, cuando su familia ha confirmado su muerte a los 88 años.

Nació en Febrero de 1925, en el seno de una familia dedicada a la interpretación, puesto que tanto sus abuelos como sus fueron actores. Además, era hermana del también fallecido Carlos Larrañaga. Su debut, con 13 años, fue en el teatro, y dos años más tarde hacía lo propio en el cine, interviniendo en la película “Mary Juana”, de Armando Vidal. Destacaba por su elegancia y su belleza, y enseguida se convirtió en una de las favoritas del público.

Comenzarían entonces dos décadas en las que enlazaría buenos proyectos, que aumentaron la estima de los espectadores y le proporcionaron varios premios. Películas como “La fe”, de Rafael Gil, y “Fuenteovejuna”, de Antonio Román. O ya en los cincuenta “Alba de América”, de Juan de Orduña, y “El indiano”, de Fernando Soler. Especialmente destacables son sus trabajo en la versión española de “Mister Arkadin”, que en 1954 dirigió Orson Welles, y en “La herida luminosa”, dirigida por Tulio Demicheli en 1956. Se iniciaba así un periodo de veinticinco años en los que la actriz viviría en México. De su etapa mexicana destacan títulos como “Los novios de mis hijas” (1964), “El día de las madres” (1969) y “El juicio de los hijos” (1971), que intercaló con intervenciones en teleseries.

Precisamente sería gracias al éxito de la serie “Los gozos y las sombras” en 1982, y su personaje de Doña Mariana, lo que provocó que volviera definitivamente tras ser Bernarda Alba para una cinta mexicana. El medio televisivo volvería a contar con ella en 1995 con la ambiciosa producción “La regenta”. Ganaría el Goya en 1987 por su papel en “Hay que deshacer la casa”, de José Luis García Sánchez, que adaptaba una obra de Sebastián Junyent, que la actriz también había interpretado en teatro. Tres año más tarde volvería a ser candidata por la película de Josefina Molina “Esquilache” dando vida a Isabel de Farnesio. Se fue alejando progresivamente del cine, pero no del teatro, consiguiendo en el año 2004 el III Premio Nacional Pepe Isbert, así como el Miguel Mihura, el Lope de Vega, o la Medalla de Oro de Bellas Artes, representando obras como “Anillos para una dama”, “La celestina”, “La loca de Chaillot”, “El abanico de Lady Windermere”, “La importancia de llamarse Wilde”, “El canto de los cisnes”, “Los árboles mueren de pie”, “Paseando a Miss Daisy”, “La brisa de la vida” o “La duda”. También consiguió el premio por toda su trayectoria de los Fotogramas de plata en 1994 y del Círculo de Escritores Cinematográficos en 2007. La Universidad Politécnica de Valencia la nombró Doctor Honoris Causa en 2005.

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