In Memoriam: Jennifer Jones, la morena felina y candorosa

In Memoriam: Jennifer Jones, la morena felina y candorosa

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Querido diario:

Si habláramos de Jennifer Jones en la actualidad podríamos compararla con otras actrices del estilo de Julianne Moore o Laura Linney. Actrices tremendamente naturales que son tan sencillas interpretando y tan poco afectadas que logran que nos las creamos tanto provocando curiosamente que tengan más difícil saltar al estrellato. Hoy ha muerto Jennifer Jones a los 90 años después de ser una de las figuras más destacadas de la década de los 40 y 50. Eso si, siempre será recordada por su papel en “La canción de Bernadette”, papel por el que ganó el Oscar a la mejor actriz en 1944, y que supuso un auténtico registro candoroso muy distinto a la imagen explosiva que llegó a mostrar esta morenaza.

Esta morena nacida en Oklahoma vivió el mundo del espectáculo desde la más tierna infancia al ser sus padres propietarios de una sala de espectáculos donde el vodevil era lo más habitual. Tras debutar como actriz infantil con ellos, y con el gusanillo metido en los genes, se matriculó en la American Academy of Dramatic Arts en la que conocería a su primer marido, el inestable Robert Walker. Con él se terminaría casando en 1939, mismo año en el que firmó un contrato con Republic. De nombre Phyllis Flora Isley, el productor David O. Selznik se fijó en ella, y decidido a convertirla en estrella, le cambió el nombre y le dio sus primeros papeles. Su entrada fue uno de los detonantes de las innumerables broncas de los pasionales Walker y Jones. Las aventuras amorosas del productor y la actriz, junto al carácter inestable de Walker, provocaron el divorcio de la aparente feliz pareja en 1944. Cinco años después O. Selznik y Jones contrajeron matrimonio.

Jennifer Jones ya había ganado el Oscar por “La canción de Bernadette” y su melena azabache era de lo más solicitado del momento. Bajo la producción de Selznik la actriz participaría en “Desde que te fuiste” (1944), “Duelo al sol” (1946), “Jennie” (1948) y “Adiós a las armas” (1957). Eso no impidió que directores de renombre contaran con ella por méritos propios. “Cartas a mi amada” (1945) de Dieterle, “El pecado de Cluny Brown” (1946) de Erns Lubitsch, “Madame Bovary” (1949) de Vincente Minnelli, “Carrie” (1952) de Williamn Wyler, “Estación Termini” (1952) de Vittorio De Sica, “La burla del diablo” (1953) de John Huston, “La colina del adiós” (1955) de Henry King, “La terrible Miss Dove” (1955) de Henry Koster, o “El hombre del traje gris” (1956) de Nunnally Jonhson.

InMemoriamJenniferJonesLacanciondeBernadetteA pesar de que su carrera se concentró en dos décadas a Jones le dio tiempo a ser candidata al Oscar en cinco ocasiones lo que muestra su popularidad e influencia en esos años. Además de la estatuilla conseguida por “La canción de Bernadette” fue candidata por “Desde que te fuiste” (1945) como actriz de reparto y por “Cartas a mi amada” (1946), “Duelo al sol” (1947) y “La colina del adiós” (1956) como actriz protagonista.

Si Selznik impulsó su carrera también sería determinante para el declive de la misma. La retirada del productor implicó también el ermitañamiento de Jones, que sólo tendría breves apariciones en la década de los 60 en producciones como “Suave es la noche” (1961) o “Falso ídolo” (1966). Al igual que en “El coloso en llamas” (1974), que además de una película de catástrofes icónica supuso una reunión estelar de grandes y recordadas estrellas. La muerte de Selznik en 1965 no impidió que Jones volviera a casarse con el empresario Norton Simon en 1971, eso si, después de una gran depresión que a punto estuvo de terminar en suicidio. Retirada las últimas décadas su labor se centro en tareas benéficas, pero lo que estaba claro es que la estrella de Jones estuvo demasiado ligada a la sombra de una gran figura. El declive de una provocó que la otra siguiera sus pasos. Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, pero en el caso de Jones siempre queda la sensación de que pudimos haber disfrutado todavía más de ella a pesar de que, por otro lado, también fue muy consciente de cuando había llegado el final de su época dorada.

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