In Memoriam: Peter Yates, una carrera de coches marcó su trayectoria

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Querido diario:

Peter Yates (Aldershot, Hampshire, 24 de julio de 1929) fue un director y productor de cine británico fallecido a los 81 años. Realizador de varios filmes clásicos como “Bullit”, “John y Mary”, “La sombra del actor”, “El confidente”, “La guerra de Murphy”. Recibió cuatro nominaciones al premio Oscar, una como mejor director y como mejor productor por “El relevo” en 1980, y dos más (director y productor) por “La sombra del actor” en 1984.

Nació en Aldershot, hijo de un oficial de ejército. Estudió en el Charterhouse School y, posteriormente, en la Royal Academy of Dramatic Art de Londres. Sus primeros trabajos llegaron en el mundo de la interpretación en la década de 1940. Después de esto, fue piloto de carreras de coches y administrador de Stirling Moss. En el mundo del cine, empezó con películas de habla no inglesa dentro de Gran Bretaña, antes de trabajar en 1958 como asistente de dirección junto a Mark Robson en “El albergue de la sexta felicidad” (1958), con Tony Richardson en “El animador” (1960), y con J. Lee Thompson en “Los cañones de Navarone” (1961). A partir de 1962, dirigió episodios de TV de las series de la cadena ITV como “El Santo”.
Realizó su debut como director con un musical ideado por Cliff Richard, “Vacaciones de verano”, que pese a su mediocre calidad artística, fue el segundo éxito de la temporada en las taquillas británicas de 1963. Su siguiente film, una adaptación de la obra “One way pendulum” (1965), que había sido dirigido en la corte real británica, podría haber sido diferente. Yates se resiste a la tentación de adaptar visualmente la excéntrica familia del cuento de N.F. Simpson, dejándola en una comedia algo vacua y plana.

A lo largo de la década de 1960, alternó el cine con la televisión. Probó suerte con una serie al estilo del primer James Bond: “Danger Man” (1964), protagonizada por Patrick McGoohan durante tres años. Su éxito hizo que pasara después a un formato más largo, con episodios de una hora en vez de treinta minutos, cambiando su título por el de “Koroshi” (1966). Tras esta experiencia Yates abandonó la televisión y se centró en el cine.
Volvería con una de sus primeras obras notables de su carrera “El gran robo” (1967), un metódico y eficiente thriller basado en el gran robo al tren de Glasgow de 1963, que abrió un género de trillers de robos de banco. El éxito de “El gran robo” le abrió las puertas a su primer trabajo para Hollywood. Basada en la novela de Robert L. Pike, el filme "Bullit", que tuvo como protagonista a Steve McQueen, marcó el género policiaco de la época. La película pasaría a la historia del cine por una secuencia de persecución de automóviles mítica. Ganó el Oscar al mejor montaje y obtuvo cuatro Globos de Oro, a la dirección, montaje, banda sonora, y actor secundario (Robert Vaughn).
El director se trasladó a Nueva York y continuaría haciendo películas en Estados Unidos, normalmente dirigiendo películas británicas que se realizaban en los estudios de Hollywood. Entre 1968 y 1973, realizó un buen número de películas de acción. Pasando de la acción a una historia más intimista, Yates dirigió “John y Mary” (1969), reuniendo a Dustin Hoffman y Mia Farrow. Después llegaría “La guerra de Murphy” (1971), un relato bélico de la Segunda guerra mundial, sobre un único superviviente de un barco británico torpedeado por un submarino alemán, que planea una venganza sobre los nazis, destacando la excelente interpretación de Peter O'Toole.

En 1972, realizaría “Un diamante al rojo vivo”, otro thriller de ladrones de bancos, basado en la novela de Donald Westlake y protagonizado por Robert Redford. Después llegaría “El confidente” (1973), una de sus mejores películas, protagonizada por Robert Mitchum, y “¿Qué diablos pasa aquí?” (1974), una comedia sobre el mundo del hampa, con Barbra Streisand encabezando el reparto. La década de 1970 acabó para Yates con títulos menores como “El madre, la melones y el ruedas” (1976) y “Abismo” (1977), aunque tomó cierto aliento con “El relevo” (1979).
La década de 1980 fue bastante irregular. Después de “El ojo mentiroso” (1981), “Krull” (1983) y “Eleni” (1985), llegaron otros títulos magníficos como “La sombra del actor” (1983) y “Sospechoso” (1987).

Ya en la década de 1990, siguió trabajando con títulos como “El año del cometa” (1992), “Compañeros de habitación” (1995), “Una razón para luchar” (1995) y “Fantasmas a escena” (1999), con Michael Caine y Maggie Smith en los roles de fantasmas de Broadway. En el 2000, consiguió hacer realidad uno de sus sueños, realizar una adaptación para la televisión de la obra de Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”.

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