“Inferno”

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La pantalla acogerá la nueva aventura del profesor creado por Dan Brown, que vuelve a emplear los recursos que le han hecho multimillonario: El “corre que te pillo” constante, enemigo todopoderoso, chica excepcional y cultura clásica mediterránea.

Título: “Inferno”

Autor: Dan Brown

Editorial: Planeta

En esta ocasión el decorado principal es Florencia, Dante y su “La divina comedia” la clave, una médico superdotada la chica, y un poderoso obsesionado con la superpoblación el que dispara la acción a través de Florencia, Venecia y Estambul. El resultado es tan eficaz como cabía esperar en el gran fabricante de bestsellers. A Brown no le preocupa recurrir a imágenes fáciles y manoseadas como esta: “Una mujer de complexión atlética descendió ágilmente de su BMW y comenzó a caminar con la intensidad de una pantera al acecho de su presa. Su mirada era afilada….”, porque para él son tornillos que facilitan el funcionamiento de su máquina, que es una atracción de feria segura.

No faltan las tosquedades ni los datos inventados que tanto nos entusiasman a los cazadores de anacronismos (sobre todo cuando se inicia una obra escribiendo que todas las obras de arte, la literatura, la ciencia y las referencias históricas que aparecen en esta novela son reales), y que desde luego abaratan las credenciales de su protagonista como historiador del arte: “El nacimiento de Venus, se debía a un encargo de Lorenzo de Medici, que quiso regalarle a su primo por su boda una pintura sexual y provocativa para que la colgara sobre la cama marital”. El médico sienés Julio Mancini, recopilador de las normas protocolarias de colocación de obras de arte en los palacios y grandes casas, no hubiera estado de acuerdo con esta imagen de dormitorio burgués que ofrecería un cuadro en la cabecera de una cama, como se pondría de moda mucho tiempo después, cuando se abrieron ventanas amplias en los dormitorios y la luz eléctrica permitía verlos con claridad en esa posición. Ni al familiar de Lorenzo, ni al propio Lorenzo, se les hubiera ocurrido colgar a Botticelli en lugar semejante, para no verlo apenas nunca. Lorenzo tenía sus pinturas favoritas en su studiolo, un cuartito sin ventanas donde se retiraba cuando quería tranquilidad. Algunos detalles son tan toscos que se adivina la intención provocadora para los lectores más informados, como decir que: “En arquitectura, la palabra «basílica» define cualquier iglesia de estilo bizantino y oriental erigida en Europa y Occidente”; cuando resulta demasiado fácil informarse de que para cualquier arquitecto es un tipo de edificio romano para uso público, tal como tribunales o dependencias comerciales y despachos. La primera de las basílicas fue construida por Catón el censor y estaba junto al Senado; se llamaba basílica Porcia, albergaba casas de banca y la sede del colegio de los tribunos de la plebe. Es decir, en términos populares Brown tiene razón, en términos arquitectónicos su historiador del arte faltó a alguna clase.

El problema del aumento descontrolado de la población es el eje moral de la obra, y Brown nos regala esta referencia identificable para cinéfilos: “El ejemplo más escalofriante que recordaba Langdon, sin embargo, se encontraba en la novela de 1967 La huida de Logan, donde se describía una sociedad futura en la que todo el mundo había accedido de buen grado a suicidarse a los 21 años; así podían disfrutar de su juventud sin que la cantidad ni la edad de la población mermara los recursos limitados del planeta. Si Langdon recordaba correctamente, la versión cinematográfica había aumentado la «edad límite» de los 21 a los 30 años, sin duda para hacer la película más accesible al crucial segmento demográfico de espectadores que iba de los 18 a los 25 años”.

Brown enfoca el problema real de la evolución humana. El hecho de que nuestra especie es demasiado prolífica. Somos un organismo que, a pesar de poseer un intelecto sin igual, no puede controlar su cantidad. No importan los esfuerzos educativos en materia de contracepción. Seguimos teniendo bebés lo queramos o no. En la primera década del siglo XXI casi la mitad de los embarazos en todo Estados Unidos son no deseados y en los países subdesarrollados ese porcentaje llega al 70%.

Una playa o un jardín, una bebida favorita, y espíritu de entretenimiento, es el mejor escenario para bajar al “Inferno” de Brown. Su habilidad para este tipo de literatura queda expresada desde las primeras páginas del nuevo libro.

Hospital.txt

Carlos López-Tapia

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