“Inside out. Mi historia”

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En 2011, George Lois, encargado del diseño de muchas portadas legendarias de la revista Esquire durante los 60 (Muhammad Ali como el mártir San Sebastián con varias flechas clavadas, Andy Warhol ahogándose en una lata de sopa de tomate de Campbell, etc…), publicó esto en la página web de Vanity Fair: “Una buena portada de revista sorprende, incluso desconcierta, y conecta con el lector en un nanosegundo. Bastaba un fugaz vistazo a la imagen de la fotógrafa Annie Leibovitz que protagonizó la edición de Agosto de 1991 de Vanity Fair, en la que aparecía una famosa estrella del cine rebosante de vida y presumiendo con orgullo de su cuerpo, para darse cuenta de que marcaría un antes y un después en la cultura del momento”.

Título: “Inside out. Mi historia”

Autor: Demi Moore

Editorial: Roca

Demi Moore dedica un par de páginas de sus memorias a la historia de una foto memorable, que dio la vuelta al mundo y sobre la que nadie dejó de opinar. “Sí, todos se alegraban cuando una amiga o una hermana anunciaba que se había quedado embarazada y, por supuesto, cuando nacía el bebé se celebraba una fiesta para darle la bienvenida a este mundo, pero entre una cosa y la otra no había nada, era un desierto estéril. Yo quería cambiar eso y hacer algo para realzar y embellecer el embarazo, en lugar de restarle importancia. Ese fue el tono que Annie y yo pretendíamos conseguir con esas instantáneas. De esa sesión salieron fotografías maravillosas, sensuales y provocativas. Cuidamos todos los detalles (peluquería, maquillaje, joyas) como si fuese un reportaje de moda en el que la modelo era una mujer embarazada de casi nueve meses. En una imagen llevaba un vestido de seda verde que se abría por la mitad y dejaba al descubierto mi tripa; en otra aparecía con un sujetador negro y unos tacones de aguja”.

“La fotografía que ocupó la portada de Vanity Fair en Agosto de 1991, en la que aparecía muy desnuda y muy embarazada, era, en realidad, un retrato que Annie había tomado para después regalárnoslo a Bruce y a mí, a modo de recuerdo. Era una imagen sutil y conmovedora que nada tenía que ver con el glamour y la ostentación que creímos que la revista querría para sus páginas. Annie tomó esa fotografía al final de la sesión, cuando ya habíamos «terminado», o eso fue lo que pensamos. Esa instantánea, en la que me tapaba el pecho con un brazo y me abrazaba la barriga con el otro, se convirtió en una imagen icónica. Recuerdo decirle: —Sería increíble que tuvieran el valor de utilizar esta para la portada. Y, contra todo pronóstico, eso fue lo que hicieron”.

La American Society of Magazine Editors la eligió la segunda mejor portada de los últimos
50 años. El primer puesto se lo llevó otra fotografía de Annie Leibovitz, en la que se ve a John Lennon desnudo y acurrucado junto a Yoko vestida, tomada cinco horas antes de que dispararan a Lennon. Hay muchos momentos de éxito en la vida de Demi Moore; rotundos si consideramos las malas cartas que le había repartido la vida, pero la actriz ha deseado comenzar a contarnos su historia desde el otro extremo, y la impresión que deja la lectura de su historia al finalizar es la de una vida de extremos.

“Había una pregunta que no dejaba de rondarme: ¿cómo he llegado a esto? Estaba viviendo en una casa vacía, la misma en la que me había casado, la misma que había tenido que reformar y ampliar porque tenía más hijas que habitaciones. Y estaba sola, totalmente sola. Y a punto de cumplir los cincuenta. El marido que creía el amor de vida me había sido infiel y había dado por acabado nuestro matrimonio. Ni siquiera se molestó en intentar salvarlo. Mis hijas me dejaron de hablar. No me dirigían la palabra, ni llamadas de cumpleaños, ni mensajes para felicitarme la Navidad. Su padre, un amigo en el que confiaba plena y ciegamente, había desaparecido de mi vida. La carrera profesional por la que tanto había luchado desde que me marché del piso de mi madre, con tan solo dieciséis años, parecía haber quedado encallada. O quizás había terminado para siempre. Todo aquello a lo que me sentía unida, incluso mi salud, me había abandonado. Me aquejaban unos dolores de cabeza insoportables y empecé a perder peso a un ritmo preocupante. Me sentía destruida, tanto por dentro como por fuera”.

Demi Moore evoca así un momento de 2013, el elegido para comenzar sus memorias, que acaban de publicarse en español. El momento para la mayoría de los aficionados al cine sería cuando enamoró a media humanidad cuando hizo “Ghost”, esa mezcla de amor y superstición que se convirtió en un “revienta taquillas” inolvidable. Demi creció a una velocidad superior a la media. Llamándose Demetria Guynes no pasó del instituto, pero como Demi arrancó y con 16 años comenzó a posar como modelo, a los 18 se casó con un cantante de rock, y a los 19 obtuvo un papel fijo en un culebrón televisivo. Para una chica de Roswell en Nuevo México, una Escorpión del 62 no estaba nada mal. Tenía 28 años cuando pasó a ser una de las actrices mejor pagadas gracias a su físico y a algunos golpes como las fotos desnuda y embarazada mencionadas, titulares sensacionalistas por su vida matrimonial con Bruce Willis y polémicas organizadas por los publicistas alrededor de sus films.

Recibió palos durísimos, calificándola de actriz con un barniz falso, erotismo de diseño, motor de películas como la esposa que alquila su cuerpo en “Una proposición indecente”, la ejecutiva devora hombres en “Acoso”, la bailarina de “Striptease” y el militar masculinoide en “La teniente O’Neil”. A principios del siglo XXI tuve la sensación de que desaparecía un poco, pero en 2006 tuvo un “regreso” con tres pelis en una misma tacada. Demi Moore se separó de Ashton Kutcher en 2013, tras seis años siendo uno de los matrimonios más felices del Hollywood actual. Al tiempo que su popularidad declinaba, fue mejorando la valoración artística de sus trabajos maduros. Sigue activa y se ha convertido en una de las actrices con una exposición pública y una carrera más larga.

Para llegar a ser Demi Moore partió de unos padres más que irresponsables, estafadores en huida permanente por razones de dinero o de infidelidades. Demi lo cuenta sin rencor ni escusas, al igual que hace con lo ocurrido cuando tenía 15 años, que hoy no dudamos en calificar de violación, aunque no hubiera violencia física. Demi ha sido bien asesorada para mantener el equilibrio entre la exposición de sentimientos y de situaciones; también logra mostrar su intimidad sin incomodar al lector no morboso y dada la biografía de la actriz, hubiera sido sencillo hacerlo. Cualquier aficionado al cine no se sentirá defraudado con lo que dice y como lo dice la que llegó a ser la “actriz mejor pagada” de Hollywood.

Carlos López-Tapia

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