“La eliminación”

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No mucha gente sabe el nexo terrible que une a Camboya con España, las desapariciones en periodo de guerra. Ambos países ocupan el podio de semejante barbaridad. Es fácil identificarse con el documental recién estrenado y con este libro de un franco-camboyano que ha dedicado su vida a las imágenes perdidas de padres y abuelos de los supervivientes de un exterminio, de los muchos vividos en el siglo pasado. La película S-21: La máquina de muerte de los Jemeres Rojos” se vio en España en 2003 en la Seminci de Valladolid y se estrenaría en 2009 con el título “S-21: La máquina roja de matar”, omitiendo la referencia a los Jemeres Rojos del original.

Título: “La eliminación”

Autor: Rithy Panh y Christophe Bataille

Editorial: Anagrama

El mismo año en que Franco moría en la cama de un hospital madrileño, dejando atrás una herida que no ha cicatrizado aún del todo, los Jemeres Rojos iniciaban una eliminación sistemática de la cultura y el pasado camboyano. El autor perdió a sus padres, su hermano mayor, a tíos y sobrinos. Panh sienta muchos años después ante él a uno de los principales responsables del genocidio. “La eliminación” es una maratón emocional que se da muy pocas veces en la Historia, en la española no se logró, un enfrentamiento entre el verdugo condenado y la víctima superviviente. De esta manera reconstruye una época y unos crímenes que no abandonan nunca al que los sufre, y Rithy Panh emplea las torturas, ejecuciones y cadáveres que conviven en su memoria como motor de su historia.

Primo Levi dejó de escribir durante trece años al ver con decepción como su experiencia en los campos de concentración nazis vendía unos pocos ejemplares de los 2.500 editados, cuya mayoría acabarían destruidos por una inundación del río Arno en Florencia. Pasarían muchos años para que los europeos desearan volver su mirada hacia el horror. Lo mismo ha ocurrido con el genocidio presidido por Pol Pot, mientras buena parte de la izquierda europea miraba en otra dirección y se tapaba la nariz. Panh comparte con nosotros los recuerdos de su niñez y adolescencia mientras extrae lo más revelador de las más de 100 horas de metraje con el responsable del S-21 en Phnom Penh, el corazón de la tortura y exterminio de un país convertido en campo de concentración. Directo, bien escrito, con momentos de lectura duros, también hermosos y siempre atrayentes y, desde luego, inolvidables.

“…Desde que los Jemeres Rojos fueron expulsados del poder, en 1979, no he dejado de pensar en mi familia. Veo a mis hermanas, a mi hermano mayor y su guitarra, a mi cuñado y a mis padres. Todos muertos. Sus rostros son talismanes. Aún veo a mis sobrinos y a mi sobrina, hambrientos. ¿Qué edad tendrían? ¿Cinco y siete años? Respiran con dificultad, con la mirada extraviada, jadeando. Recuerdo los últimos días, el cuerpo que ya anuncia el desenlace. Recuerdo la impotencia, los labios infantiles cerrados… Tengo trece años. Estoy solo. Si mantengo los ojos cerrados, veo el camino. Sé dónde se halla la fosa común, detrás del hospital de Mong, no tengo más que extender la mano, la fosa está justo delante de mí… He enterrado a muchos hombres con el vientre hinchado y la boca abierta. Dicen que sus almas errarán por toda la tierra.

Yo también soy un hombre. Estoy lejos. Estoy vivo. Hoy ya no busco la verdad sino la palabra. Quiero que Duch hable y se explique -sobre todo él-; que cuente la verdad; su trayectoria; lo que fue, lo que quiso o creyó ser, puesto que al fin y al cabo vivió, vive, fue un hombre e incluso fue un niño. Que al responder así, el hijo de comerciante incompetente y endeudado, el estudiante brillante, el profesor de matemáticas respetado por sus alumnos, el revolucionario capaz de citar a Balzac y Vigny, el dialéctico, el verdugo principal, el maestro en torturas, se encamine hacia la humanidad.

En 1979 aterricé en Grenoble y fui acogido por mi familia. No expliqué lo que había vivido, o apenas. Escribí un breve texto en jemer acerca de aquellos cuatro años. Esas páginas de antaño se pierden en el tiempo. No volveré a verlas. Hablar es difícil”.

Carlos López-Tapia

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