La espía chinesca: En las entretelas de la Nouvelle Vague (III)

La espía chinesca: En las entretelas de la Nouvelle Vague (III)

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Querido Teo:

En 1958 el grupo que trató de compartir el mismo movimiento, como Jules y Jim compartirían a la misma mujer, eclosionó. Eran más de cinco, pero los más importantes se llamaban Claude Chabrol, Francois Truffaut, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer y Jacques Rivette. Puedes recuperar los dos capítulos chinescos previos dedicados a la Nouvelle Vague aquí y aquí.

Para Claude Chabrol una de las principales obsesiones era la del cine como mirada. En “Una doble vida” el personaje de André Jocelyn espía a la voluptuosa Bernadette Lafont. En “Las buenas chicas” las chicas de una tienda son miradas por hombres a través del escaparate. El personaje de Stephen Audran es mirada por seres grotescos en un cabaret. Ella sólo puede ver los focos que la ciegan. El jovencito de “El ojo del mal” espía a un matrimonio feliz al que envidia profundamente. La cámara cinematográfica procuró simular en multitud de películas la mirada fisiológica, la mirada humana. Será porque los amantes del cine pasamos la mitad de nuestras vidas mirando las vidas de otros y es que los directores de cine han tratado el tema del voyeurismo en cantidad de títulos.

Lanoviachinesca01Seguramente mirar sea una forma de amor enfermo. Chabrol nos impele a plantearnos esta obsesión. En “Las buenas chicas” la cámara se aproxima a un telón, el telón se abre para mostrar el espectáculo que estamos esperando, y vemos a unos mirones, tal vez no muy diferentes a nosotros mismos. Éste es el territorio de Chabrol. Él se sitúa tras la cámara, y dibuja un terreno en el que todo es ambigüo, lo que hace de su cine una forma de expresión moderna. Nos hace sospechar de las motivaciones. Como si nos dijese, “piensa mal y acertarás”. Esperamos ver un espectáculo, y lo que vemos es un mundo deformado, que mira, como nosotros esperábamos mirar, con la misma voracidad. Al espectador le es difícil tomar partido por alguno de los personajes. Por ejemplo, no todas las motivaciones nacen de un profundo sentido del bien. Más bien, casi todo acto es interesado. En su primera película, “El bello Sergio”, François regresa al pueblo de su infancia, el condado de Creuse. También es el pueblo de infancia de Claude Chabrol. Una región depresiva que anula cualquier tipo de aspiración. Podía ser un film social sobre la vida en el campo. Pero en Chabrol es un film de intenciones. Ahora François, que viene de la ciudad, se reencuentra con su amigo Serge, ahogado en la monotonía, su trabajo con el camión y el alcoholismo. François se mostrará como un hombre más sensato y civilizado que tratará de ayudar a los demás, en especial a Serge. Pero en el fondo François lo que quiere es restregar a las gentes del pueblo su santidad. No duda en acostarse con la buscona del pueblo. De hecho, todo lo que hace empeora las cosas. Pero en esta película aún queda una luz de esperanza. En la escena final, François se redime.

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En “Los primos” (1959) no hay escapatoria posible. Todo es corrupto o corrompible. El personaje de Jean-Claude Brialy es un descreído y perverso triunfador al que un misterioso alemán le sigue y le aconseja… Gérard Blain, su primo, viene del campo a estudiar Derecho. Vivirá en su apartamento. Parece que a una chica le encandila su bondad. Pero en un momento dado Brialy seduce a la voluble Juliette Maynel. La escena se basa en los juegos de miradas, en el roce de la piel, lo que da un nuevo enfoque sobre la película, el tema del tacto. El personaje de Brialy es un triunfador, así como un desconsiderado. Es posiblemente un fascista en esencia. Y como dijo el propio Chabrol: “Quise mostrar en Los primos que el fascismo era seductor, al mismo tiempo que inquietante y peligroso. Todo aquello que es una cuestión de fuerza, donde se supone que hay que ser el elemento más fuerte, es seductor y peligroso”. El esfuerzo del joven crédulo, que sólo quiere estudiar para recompensar a su madre, a la que añora, es sobrepasado por su primo, un frescales, casi una alegoría fascista de la ciudad como un intrincado laberinto de traiciones y dobleces. Al final, el personaje de Brialy transfiere parte de su despotismo a Blain. Pero esto a su vez sobrepasa a Blain y le acaba por destruir. El montaje fluye; en desenlace con una muerte trágica queprecede a una panorámica de la cámara hasta enfocar al tocadiscos concluyendo con el vinilo del que emanaba la música de “Tristán e Isolda”.

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En “Las buenas chicas” (1960) todos los hombres de la película abusan de las chicas, antes o después. Las chicas son tratadas como criaturas de zoo. Como los mismos animales del zoo, que asustan y seducen a las chicas. En “Les Godelureaux” (1961), Brialy encarna a un ser que peca de una enorme suficiencia. Se burla de los valores de la burguesía. Con la excusa de ayudar a su tía, prepara una gala benéfica de una manera muy poco convencional; entre los números musicales incluso trae a una vieja gloria del Folies Bergère, una decrépita lastrada por un anticuado y ridículo número de cabaret. Al ver escandalizados a los asistentes, la compañera de Brialy le pregunta a qué vino todo eso, a lo que el afectado hombre contesta que es por un acto de honestidad: “La belleza les escandaliza, la vejez les escandaliza, todo les escandaliza. Hay que ir de cara, porque lo que no preocupa es deshonesto”.

Lanoviachinesca09 Chabrol está continuamente contraponiendo la superficie de las situaciones con las verdaderas intenciones que hay por debajo. En “Una doble vida” (1959) los impulsos malogrados del hijo de la familia se realizarán en la muerte. No soporta ver cómo su padre se distancia de la familia, insulta a su madre y hace el amor con una amante. En realidad puede que sea un impulso edípico lo que le motiva. Él ama a su madre, la idolatra. Ahoga sus impulsos en Wagner, en espiar a Bernadette Lafont. Pero cuando sus padres se pelean por culpa de la amante, entonces abandona por primera vez su casa cálida y sobrecargada, con olor a caoba, y penetra en las estancias de la amante de su padre, blancas, una forma de nihilismo. Y la acribilla. El ser humano, parece decir Chabrol, no es conocedor de lo que habita en su interior, pero se imagina un mundo familiar de esperanza, bondad y cariño. Es quizá el director francés más influido por Hitchcock.

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Lanoviachinesca08Esto es cine europeo, mientras que el cine estadounidense formaba parte de una cultura que acababa de nacer, una cultura de conquista, y las películas se creaban sobre grandes panorámicas de inmensos paisajes vírgenes, el cine europeo se hacía más psicológico. Se situó en espacios más pequeños, de emociones encerradas. Como si fuese consciente de que la psicología y el lenguaje de sus personajes funcionarían como las ciudades que habitan. Sobre el fondo primitivo y esencial del ser humano se han ido construyendo barrios nuevos de calles rectas y casas uniformes. En “El ojo maligno” (1962), un escritor mediocre, Albin, que ha sido enviado por su periódico a las afueras de un pueblo de Múnich para que cuente su día a día, es invitado por un matrimonio pudiente y feliz en el que el marido es el mejor escritor de su generación y la mujer es, al menos, deliciosamente taimada. La envidia provocará en Albin un intento por obtener algo de ese mundo, focalizado en la mujer, que desencadenará la tragedia. El escritor Hartmann describe el efecto destructor que tuvo en él la guerra:“Algunos dicen que la guerra es absurda. No es verdad. Todo tiene su motivo. La razón de la guerra es que no aceptamos lo que somos. Es por eso que un atún cautivo se golpea la cabeza contra el muro”. Hartmann está condenando la actitud envidiosa de Albin, que no reconoce su posición en la relación, al tiempo que condena la voluntad de las voluntades de aquellos que, no reconociendo su finitud, ni sus límites como seres humanos, se lanzan a la destrucción de los otros. No habían pasado ni quince años desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Chabrol pone a cada cosa y a cada personaje en su lugar, muestra las cosas tal cual son en realidad, sin adornos, sin poner a nada ni a nadie en un pedestal, tampoco sin  menospreciar. Él decía: “Si yo considero que un árbol es bello en un objetivo de 18´5, lo muestro en un 18´5, es bello y yo lo muestro así”. Para él, lo marginal es el mecanismo de la sociedad, es lo que la hace funcionar. La sociedad, que en un principio puede parece un espectáculo teatral, se revela una moral deformada. El retrato de los personajes de poca monta es lo que de verdad importa a Chabrol. Le permitió trazar una descripción de los tipos humanos, como haría Balzac con su comedia humana. Después de todo, estos personajes no sólo son, en realidad, la mayoría; también ofrecen los retratos más sinceros.

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Mientras tanto, y aunque todos seamos unos mirones enfermos, yo quiero seguir viendo a Bernadette Lafont por el ojo de la cerradura, a Stephan Audran bailando, a Bernadette Lafont jugueteando con su pié en la lámpara, a Stephan Audran a escondidas con su amante, a Jacqueline llevada hacia su muerte entre los árboles de un bosque y renacida en otra mujer en un local centelleante, y preferir mirar a tomar partido como el personaje de Albin en “El ojo maligno”.

Capítulo 7º: En las entretelas de la Nouvelle Vague III. Claude Chabrol. from Alejandro Mucientes Sandoval on Vimeo.

Entre mis refugios de Courbevoie y Meudon.

La espía chinesca

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