“La frontera”

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Hace dos meses supimos que Ridley Scott convertirá en serie una trilogía que le ha llevado veinte años a su autor, merecidamente recompensado por cientos de miles de seguidores. Tal vez sea la mejor manera de llegar a muchos hogares y aumentar la presión hacia gobiernos que incluyan la legalización de las drogas en sus programas.

Título: “La frontera”

Autor: Don Winslow

Editorial: HarperCollins

Se cierra una historia, una gran historia. Unas pocas páginas de ficción describen la vida del pequeño Nico en el vertedero de Guatemala donde le conocemos, y dejan la impresión de equivaler a un buen reportaje sobre el tema. Don Winslow ha ido afinando esa facultad tras dos décadas contándonos, de manera eficaz y espectacular, lo que significa y como se mueve el narcotráfico en América. La nueva y última parte de la trilogía de la droga, “La frontera”, comienza y termina en uno de los lugares más visitados de Washington, el memorial dedicado a los caídos en Vietnam. La secuencia es impactante, literal y metafóricamente, interrumpida antes de su conclusión para pasar a un largo flashback lleno de nuevos personajes inolvidables como Nico, el crío que consigue subirse a “La bestia” con su amiga Flor, un tren camino de Estados Unidos que es al mismo tiempo una bendición y un infierno rodante.

Tras veinte años de viajes por México, Colombia, América Central y Estados Unidos, muchas veces en compañía de su esposa, entrevistando a cientos de personas o calculando la trayectoria de un disparo, Winslow acaba una de las propuestas narrativas más ambiciosas de las últimas décadas. Un éxito notable, decenas de miles de lectores prendidos de su estilo directo, del talento para sumergirnos en los ambientes donde mueve a sus personajes. Estamos ante una interpretación demoledora de la historia de México y Estados Unidos en los últimos decenios. Winslow responsabiliza, sin paliativos, tanto a los narcotraficantes como a las autoridades. El dinero del narcotráfico ha marcado la política al más alto nivel, y le basta con cambiar los nombres para apuntar a Donald Trump, John Dennison y su yerno. Muy alejado ya de su época de detective privado, publicando sucesivamente “El poder del perro”, “El cártel” y ahora “La frontera”, nos mueve con él por paisajes de Jalisco, Tijuana o la Baja California donde transcurren sus tramas.

Volvemos a encontrar al protagonista y los personajes que le rodean, incluido algún fantasma del pasado, pero hay cosas que han cambiado en esta última entrega: los narcos.
Los vástagos de los jefes de hace 25 años, a diferencia de la generación anterior, nunca han trabajado en los campos de amapola, no se han ensuciado las manos con la tierra ni se las han manchado de sangre en las guerras que libraron sus tíos y sus padres. Se dan muchos aires, se pavonean con sus fusiles de asalto y sus pistolas chapadas en oro, pero nunca han tenido que batirse el cobre. Consentidos, soberbios y fatuos, se creen que el dinero y el poder son suyos por derecho. E ignoran lo que conlleva ese privilegio.

Ropa vaquera de estilo norteño, joyas aparatosas, cadenas de oro, gorra de béisbol con la visera hacia atrás, botas llamativas, coches de lujo variados: Maseratis, Ferraris, Lamborghinis y pistolas con las cachas incrustadas con diamantes. Y cuelgan fotos de todo ello en las redes sociales. Es una imagen ya asentada en la memoria de todo el planeta, que se sigue reflejando en millones de pantallas. Ridley Scott no va a permitir que se olviden facilmente.

Carlos López-Tapia

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