"La invención de España. Leyendas e ilusiones que han construido la realidad española"

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Hace más de un siglo el cine heredó de la pintura una tarea despreciable: la manipulación de los hechos para poner imágenes a la Historia según órdenes del poder. Funcionó maravillosamente bien.

Título: "La invención de España. Leyendas e ilusiones que han construido la realidad española"

Autor: Henry Kamen

Editorial: Planeta

La convicción de que la proximidad deforma el juicio, da brillo a las aportaciones de los hispanistas de otros países, y el historiador Henry Kamen demuestra sobradamente que usar la Historia, la nuestra en este caso, para apuntalar las ideas es casi siempre garantía de manipulación. La mayor parte de los mitos que deforman nuestro pasado son creados por poetas, dramaturgos y políticos, que piensan que las visiones del pasado pueden apoyar sus propias teorías, a costa de mentir o manipular sobre hechos incómodos. Kamen incomodará a nuestros nacionalismos, a todos, porque derriba con hechos la mayoría de las creencias inventadas por todas las naciones.

Me llegó hace unos meses una historia del soldado a través del cine, que me interesó a priori por mezclar cine e Historia. Dejó de interesarme al leer sobre el mito de Don Pelayo que: "La historiografía moderna no alberga duda sobre su existencia histórica real, aunque su origen aún sigue siendo controvertido". El autor resultó ser un patriota, un militar alejado de los planteamientos históricos neutros. No os he comentado por tanto nada de este libro, porque me resisto a contribuir al esfuerzo de tales poetas, dramaturgos y políticos, al que añadir patriotas por bienintencionados que sean, cuando se escribe sobre Historia. Kamen no tiene la intención de complacer a los sujetos de su historia, los españoles, a menos que se acerquen sin prejuicios a este libro. Hace un destilado histórico limpio, sin necesidad de abrumar con excesos eruditos o propuestas sofisticadas. Los hechos están a disposición, pero ordenarlos y seleccionarlos no bastará para superar las creencias. Kamen lo sabe y también que algunos lectores sabrán responder a este trabajo dudando de ellas.

El ejemplo de abuso político más relevante actual, la división en Cataluña puede ser un ejemplo, ni mucho menos el único, de lo dicho:

"Al destacar los aspectos heroicos de la resistencia popular en Barcelona, la propaganda ideológica ha presentado el conflicto como una lucha nacional por la libertad. El mito es una invención del siglo XX. Los residentes no defendieron la ciudad por servir a la causa catalanista, sino porque estaba en juego su propia vida. Un sacerdote francés que estaba en la ciudad en aquel momento, Thomas Amaulry, nos ha dejado sus memorias como testimonio directo de lo que ocurrió en la comunidad sitiada. Constituyen la versión más fiable de lo sucedido, porque se basa en información tomada de ambos lados. Dice que, cuando las autoridades municipales decidieron declararle la guerra al rey, […] más de doscientas familias de Barcelona fueron a refugiarse a Gerona, y para ocultar su huida tuvieron que hacer uso de las artimañas más artificiosas. Muchos otros se embarcaron en secreto por la noche, con el fin de irse a refugiar a Génova. Aquella huida de las principales familias de Barcelona fue la señal para que se desatara una ola de excesos y desórdenes. Lo único que se podía ver en la ciudad era libertinaje sin freno y un atroz estallido de violentísimos crímenes. Si se sospechaba que un hombre favorecía a Su Católica Majestad, su vida corría peligro a cada paso y con las excusas más especiosas, como «en nombre de Dios» o «por la Patria», se cometían en aquellos disturbios todos los excesos y se permitían todas las violencias. (...) a partir del siglo XIX, el surgimiento de un movimiento ideológico en Cataluña fomentó la creación de versiones totalmente ficticias de lo ocurrido en 1714. El movimiento separatista que está activo en el siglo XXI ha inventado una cantidad excepcional de historias de violaciones y de masacres cometidas por las tropas que entraron en Barcelona. Un artículo de un periodista catalán, publicado en un periódico el 11 de septiembre de 2013, decía lo siguiente: «Mientras las clases bajas decidieron resistir, la nobleza y el clero se pusieron del lado de los Borbones, lo que radicalizó aún más la resistencia y la volvió más republicana y secesionista». La frase «republicana y secesionista» es una ficción absoluta cuando se aplica a lo que sucedió en Barcelona en 1714, cuando los rebeldes eran totalmente monárquicos y no tenían nada de secesionistas y, además, no había divisiones de clases al escoger partido. A partir más o menos del año 2000 se empezaron a usar con entusiasmo relatos ficticios que hablaban de brutalidad, crueldad y represión, para que el público catalán aceptara como verdadero algo que, en realidad, no había sucedido. Lo cierto es que no hay ninguna fuente que sustente la imagen de un ataque brutal contra una ciudad indefensa. De hecho, todas las fuentes coinciden en que, durante el asedio, hubo como dos mil muertos más entre los sitiadores que entre los defensores. Sin duda, las muertes causadas por un asedio innecesario fueron un gran cargo de conciencia para las autoridades borbónicas cuando entraron en la ciudad casi en ruinas. Los dirigentes catalanes habían buscado gratuitamente una solución sangrienta, aunque era evidente que no ofrecía ninguna esperanza, y cosecharon las consecuencias. El supuesto costo en vidas humanas sirvió como materia prima para crear, en el siglo XXI, una ficción, con la esperanza de inspirar a un público al que se ocultaron cuidadosamente los hechos históricos del año 1714".

Pero, naturalmente, es el nacionalismo español el que muestra más ejemplos de invenciones, empezando por la genética moderna que, lejos de aclarar orígenes, innecesarios, en cualquier caso, contribuye a la confusión: "...la inmigración a la Península posterior a la de los romanos han hecho que constantemente surgieran teorías sobre quiénes eran en realidad los españoles. Las teorías recientes, basadas en datos genéticos poco sólidos y en mucha especulación, han llegado incluso a afirmar que todos los españoles descienden de los árabes, mientras que en el American Journal of Human Genetics, a finales de 2008, un equipo de biólogos llegó a la conclusión de que el 20 por ciento de la población actual de España y de Portugal es de ascendencia sefardita".

Otra investigación más reciente que Kamen no menciona, indica que el haplogrupo predominante en el 70% de los españoles es el R1b, conservamos así el linaje de los primeros pobladores del continente además de una importante herencia celtíbera. Ni los fenicios/cartagineses, ni los griegos, ni los godos, ni los romanos, ni los árabes modificaron sustancialmente la composición genética de esa población primigenia, la aportación de estos pueblos fue mucho más fuerte a nivel cultural que a nivel genético.

Una aseveración fundamental de los nacionalistas castellanos, es que «España siempre ha existido». Kamen recuerda que: "En 1978, el escritor Julián Marías afirmó que España es «la nación más antigua del mundo»: España ha sido la primera «nación “que ha existido, en el sentido moderno de esta palabra; ha sido la creadora de esta nueva forma de comunidad humana y de estructura política, hace un poco más de quinientos años: si se quiere dar una fecha representativa, sería 1474. Antes no había habido naciones: ni en la Antigüedad, ni en la Edad Media habían existido; ni fuera de Europa. Poco después de que España llegara a serlo, lo fueron Portugal, Francia, Inglaterra; con España, la primera «promoción»". Esta declaración tan nacionalista, que no se basa en ninguna evidencia histórica, es un reflejo exacto de una opinión muy generalizada.

Kamen toca todos los pilares básicos del "españolismo" sin dejar de reconocer que son los ladrillos que todas las naciones modelan para construirse, es decir, son "necesarios", pero simplemente son falsos. También repasa y derriba la imagen negativa de aspectos como La Inquisición: "Teniendo en cuenta todos los tribunales de España hasta alrededor del año 1520, es poco probable que la Inquisición ejecutara por herejía a más de 2.000 personas. La persecución religiosa no es sólo una cuestión de comparar cifras, pero los hechos demuestran que, por lo menos en el siglo XVI, que es cuando la persecución alcanzó su auge en Europa, más personas fueron condenadas por tribunales religiosos fuera que dentro de España (...)". 

No obstante, las novelas de ficción han aprovechado al máximo el dramatismo del auto de fe y, en consecuencia, el público tiende a aceptar el mundo fantástico que presentan. En su novela "Limpieza de sangre", Arturo Pérez-Reverte disfruta presentando a sus lectores la siguiente imagen acerca de un auto de fe ficticio, a mediados del siglo XVII: "A la España del cuarto Felipe, como a la de sus antecesores, le encantaba quemar herejes y judaizantes. El auto de fe atraía miles de personas, desde la aristocracia al pueblo más villano; y cuando se celebraba en Madrid era presenciado, en palcos de honor, por sus majestades los reyes. En tal jornada, que pretendía memorable, el Santo Oficio quiso matar varias perdices de un solo escopetazo. Los más radicales inquisidores habían planeado un auto de fe espectacular, que metiera el miedo en el cuerpo. Dos mil personas habían velado por asegurarse un sitio, y a las siete de la mañana en la Plaza Mayor no cabía un alma. Era un día luminoso, perfecto para la jornada. […] Olía a sudor, a multitud, a fiesta".

El texto de esta descripción se basa, probablemente, en la conocida pintura de un artista italiano, Francesco Rizzi, sobre un auto de fe que se celebró en 1680 en la Plaza Mayor de Madrid, al que asistieron el rey, Carlos II, y su corte. Por aquel entonces se imprimió una versión del auto. La cuestión es que la versión que aparece en la novela es pura fantasía. En realidad, ya no se quemaba a las víctimas, los reyes casi nunca asistían a los autos y el público no solía ser entusiasta ni numeroso. Volveremos a hablar de esto.
Ni Don Pelayo ni la Reconquista son hechos históricos, pero tampoco las grandes batallas victoriosas como Lepanto, Bailén o la famosa toma de Granada, son lo que se nos enseña todavía en textos diversos.

"Todo el proceso ha quedado representado, triunfalmente y sin necesidad de palabras, en un lienzo reproducido hasta el infinito en el que aparecen el rey y la reina aceptando la rendición de la ciudad. En casi todos los libros de texto históricos, la imagen oficial de la caída de Granada en 1492 es La rendición de Granada, un lienzo de Francisco Pradilla de 330 por 550 centímetros, pintado en 1882, que hoy se exhibe en el Palacio del Senado. Se le encargó al artista en 1878, semanas después de que ganara un premio por su retrato de Juana la Loca en la Exposición Nacional. La pintura es una manifestación decisiva —desde entonces, ningún otro artista ha tenido un éxito semejante en su intento de representar la escena— de un momento clave de la historia de la invención de España. La intención política del cuadro es evidente y en la carta de encargo se pedía que la pintura fuera una «representación de la unidad española; punto de partida para los grandes hechos realizados por nuestros abuelos bajo aquellos gloriosos soberanos». El artista cumplió su misión magníficamente. Todo el lienzo es puro mito y triunfo, sin el menor atisbo de veracidad política: exalta la imagen de una nación heroica que somete de forma contundente a sus enemigos tradicionales".

Por supuesto a Kamen no le faltan datos relacionados con la colonización americana, que nuevamente contradicen en forma casi absoluta las creencias populares, comenzando por los famosos piratas del mar Caribe: "Los documentos que se encuentran en el Archivo de Indias de Sevilla revelan una imagen totalmente diferente de lo que se suele suponer. Las investigaciones llevadas a cabo hasta ahora han podido identificar los pecios de seiscientas ochenta y una naves españolas que cruzaron el Atlántico entre 1492 y 1898 y desaparecieron cerca de las costas del continente americano: de ellas, el 91,2 por ciento se hundieron por las tormentas marinas; solo el 1,4 por ciento por acciones navales hostiles, y una proporción ínfima, apenas el 0,8 por ciento, como consecuencia de la actividad de los piratas".

La carta de Hernán Cortés al emperador Carlos V, donde anunciaba el descubrimiento y el derrocamiento de los aztecas, es uno de los grandes documentos de nuestra Historia y Kamen lo utiliza para poner en su sitio el mito de los conquistadores como militares aguerridos capaces de subyugar a miles de indígenas con ejércitos mínimos: "...narra la destrucción de una civilización clásica, una civilización que —así nos lo han enseñado— fue destruida por los conquistadores. Sin embargo, la figura del conquistador también es un mito, como muchas otras cosas que se conmemoran de aquel año famoso de 1492. Una y otra vez, las películas sobre la conquista presentan a los conquistadores como héroes, con cotas de malla medievales. En realidad, es probable que jamás se usaran cubiertas protectoras en el Nuevo Mundo —ya habían pasado de moda en el Viejo— y no se dedicó a la conquista ni un solo ejército profesional. Del mismo modo que los británicos no conquistaron India —porque no podían—, el Gobierno español no conquistó el Nuevo Mundo. Cuando los españoles impusieron su control, lo hicieron mediante los esfuerzos esporádicos de grupos reducidos de aventureros a los que la Corona trató después de controlar. Aquellos hombres, que orgullosamente asumieron la descripción de «conquistadores», a menudo ni siquiera eran militares. El grupo que capturó al emperador inca en Cajamarca en 1532 estaba compuesto por artesanos, notarios, mercaderes, marinos, la pequeña nobleza y campesinos, una muestra representativa de los inmigrantes que llegaron a América y, en cierto modo, un reflejo de la propia sociedad peninsular. En otros puntos del Nuevo Mundo intervinieron grupos similares. La corona española no hubiera sido capaz de montar una operación militar en el Nuevo Mundo. No tuvo la necesidad y, de todos modos, no habría podido enviar un ejército".

El castellano derivado en español es hoy una de las tres lenguas más útiles del planeta, pero no fue la lengua del imperio español, por raro que pueda sonar, y Kamen lo recuerda. Al igual que en las calles de la Roma clásica predominaba el griego hasta que los bárbaros adoptaron el latín para entenderse entre ellos, el español no ganó las calles americanas hasta que la independencia de la corona española los convenció de que tener una lengua franca para todos los americanos era un tesoro. Incluso cuando Italia se convirtió en una nación acabando el siglo XIX, sólo alrededor de un diez por ciento de los italianos hablaban el toscano que hoy identificamos con el italiano.

"Era, sin duda, ampliamente usado, pero su papel ha quedado distorsionado a menudo por opiniones que no estaban al corriente de un incidente que tuvo lugar en el año 1536, cuando el emperador Carlos V pronunció un discurso en español en Roma, en presencia del Papa y de los representantes diplomáticos de la ciudad. Quienes al parecer no han leído el discurso o desconocen las circunstancias en las que fue pronunciado han llegado al extremo de afirmar que el emperador estaba reivindicando la lengua española ante toda Europa, pero, en realidad, el contexto era bastante diferente... Las tropas francesas habían cruzado la frontera y habían entrado en Italia, de modo que Francia y el emperador se encontraban en estado de guerra. El 17 de abril, Carlos se dirigió a una asamblea de cardenales y diplomáticos en presencia del Papa. Su alocución es el único discurso público que hizo el emperador en español en Europa y también es la base de una reclamación presentada varias veces en el siglo XX de que el emperador declaraba que el español era la lengua oficial y universal. En su Idea imperial, Menéndez Pidal manifestaba lo siguiente respecto a la lengua española: […] comenzó a ser usada por todas partes, sobre todo desde que Carlos V la hizo resonar en un parlamento ante el Papa Paulo III, el 17 de abril de 1536. Así, el emperador, que a los dieciocho años no hablaba una palabra de español, ahora, a los treinta y seis años, proclama la lengua española lengua común de la Cristiandad, lengua oficial de la diplomacia, dato esencial para juzgar la idea de Carlos V.

Lo que realmente ocurrió en Roma aquel día de primavera de 1536 no tiene nada que ver con lo que imaginaba Menéndez Pidal. Carlos V estaba muy disgustado con Francia por haber quebrantado la paz y sorprendió a la asamblea al negarse a hablar en su propia lengua: el francés. En su lugar, habló en castellano. El público quedó anonadado, porque no esperaban que les hablara en una lengua que los diplomáticos apenas usaban. El obispo de Mâcon, uno de los representantes de Francia ante el Papado, pidió al emperador el texto de su discurso, porque él no entendía el castellano, a lo que Carlos respondió con laconismo: «Señor obispo, entiéndame si quiere, y no espere de mí otras palabras que, de la lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana». Su intención no fue reivindicar el castellano, sino hablarlo precisamente para sacar de sus casillas al obispo, que no podía comprender lo que decía. Al día siguiente, cuando se le pasó la cólera, el emperador mandó llamar en privado a los dos embajadores franceses, aunque siguió negándose a hablar francés, y les hizo un resumen oral, «in italiano buonissimo», de lo que había dicho en castellano".

El libro está repleto de malentendidos como el anterior, pero más de manipulaciones y datos extraídos de sus contextos para glorificar o calumniar. ¿Sigue viva la leyenda negra? El tema se ha convertido casi en moda, a raíz de la publicación de "Imperiofobia y leyenda negra" y sus ventas impensables en el género del ensayo. Kamen también opina al respecto: "Unos cuantos especialistas en Historia y Literatura siguen estudiando el tema, pero, salvo ellos, nadie tiene ningún interés en las supuestas deficiencias de España ni en la idea de un complot extranjero para difamar a la nación española".

El título "La invención de España" es "ecuménico", se puede sustituir España por cualquier otra nación, porque todas acuden a la manipulación de la Historia para formarse y en nuestro caso el trabajo de Kamen comienza con los mismísimos romanos para terminar en nuestros días. Un ensayo valioso, entretenido y, a menudo, sorprendente.

Carlos López-Tapia

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