Las cinco secuencias de… Buster Keaton

Las cinco secuencias de… Buster Keaton

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Querido primo Teo:

Se cumplen 50 años desde la muerte de Buster Keaton. Junto a Charles Chaplin y Harold Lloyd se trata del actor cómico más importante de la etapa muda del cine. El famoso crítico Roger Ebert llegó a calificarlo como el mejor actor-director de la Historia del cine gracias a su extraordinaria producción cinematográfica de los años 20. Por todo ello, se merece un hueco en esta sección donde repasaremos su carrera a través de sus cinco secuencias más destacadas.

Joseph Frank Keaton nació en un pequeño pueblo de Kansas el 4 de Octubre de 1895. Se trataba del sexto Joseph Keaton, siguiendo la tradición familiar. En una entrevista, años después, contaría la historia de cómo adquirió su famoso mote de “Buster”. Con sólo año y medio, un día se cayó por las escaleras y se levantó como si nada y el gran Harry Houdini, que estaba presente pues compartía escenario con sus padres, le puso el mote. Según explicaba, por aquel entonces, esta palabra tenía como significado una caída con verdadero potencial para hacer daño. No está del todo claro que sea cierto que fuera Houdini el verdadero creador del mote, pero de lo que no queda ninguna duda es de la verdadera habilidad de Buster Keaton para caer sin hacerse daño. Con sólo tres años ya estaba trabajando con sus padres en el escenario. En estas actuaciones, el joven Buster desobedecía a su padre y éste reaccionaba de manera bastante violenta, lanzándolo contra el escenario, la orquesta o, incluso, contra el público. El número fue evolucionando a medida que el niño iba aprendiendo nuevos trucos para caer de manera segura. Aunque nunca se hizo daño, las críticas al padre por abuso infantil eran frecuentes, llegando incluso a ser arrestado. Eso si, Buster siempre terminaba demostrando a las autoridades que no tenía huesos rotos o moratones. Parece ser que para poder actuar se saltaba muchas clases y aprendió a leer y escribir bastante tarde, enseñado por su madre. Por todo esto, durante un tiempo se prohibió actuar a los Keaton que se fueron de gira a Gran Bretaña sin mucho éxito. A pesar de todo, Buster era una estrella emergente del vodevil. A los 21 años, el creciente alcoholismo de Keaton padre, empezaba a amenazar la estabilidad familiar y madre e hijo lo abandonaron marchándose a Nueva York, donde pronto la carrera de Buster se iba a encaminar hacia el cine.

En Febrero de 1917, Keaton conoce a Roscoe “Fatty” Arbuckle en los estudios Talmadge de Nueva York, donde el gordo actor acababa de crear su propia compañía filmográfica con el control de Joseph Schenk y pronto llegará la primera aparición en la gran pantalla de Keaton en el corto “El carnicero”, dirigido y protagonizado por Fatty. Desde el primer día que se conocieron, Buster mostró mucho interés por el nuevo medio e incluso le pidió prestada una cámara para llevársela a su casa por la noche e investigar su funcionamiento. Arbuckle fue enseñando a Keaton todo lo que sabía y la unión artística de ambos funcionó de maravilla. Tras unos pocos cortos, el protagonista de este artículo ya era el ayudante de dirección y el encargado de planificar todos los gags físicos. Tras servir a las fuerzas armadas durante la Primera Guerra Mundial, donde sufrió una infección de oído que le dejó sordo de ese lado por el resto de su vida, y rechazar varias ofertas de Estudios, volvió al lado de Arbuckle para seguir creando otras tres obras más hasta sumar un total de 15 producciones juntos. Además se convirtieron en dos buenos amigos y cuando Fatty cayó en desgracia un par de años después por el escándalo de la presunta violación nunca demostrada, fue uno de los pocos que le defendió.

Antes de ello, Buster había aparecido como actor en un largometraje, su primer papel protagonista, por recomendación de Douglas Fairbanks que se encargó de protagonizar la obra teatral en la que se basaba el film pero otros proyectos le impedían aparecer en éste. La fama obtenida por este papel permitió lanzar su carrera y Schenk lo puso al mando de su propia unidad de producción independiente de la de Arbuckle, donde empezó a crear como director y protagonista sus propios cortos entre los que destacan obras como “La mudanza” o “Una semana”. Y en 1923 dirige su primer largo, “Las tres edades”. En ella Buster compite por el amor de Margaret Leahy en tres períodos históricos diferentes, estructurada por tanto como tres cortos con un nexo de unión entre ellos. Se trata de una genial sátira de “Intolerancia”, de D.W. Griffith, y la estructura recuerda en parte a los cuatro episodios de ésta, pero también servía como seguro para la compañía. Buster había probado de sobra su eficacia en el cortometraje, pero todavía no estaba claro que pudiera ser un éxito en una película de más de una hora. En caso de que no funcionase, siempre podrían cortar la película en tres partes, una para cada edad. Lo que si está claro es que sirvió de preparación para su siguiente película, la primera de sus obras maestras.

La ley de la hospitalidad (1923)

En su segunda película como director, Buster por fin tenía un control absoluto de la producción, pudiendo elegir localizaciones, temática y compañeros de reparto. Y no dudó en rodearse de su gente más querida. La protagonista femenina era su esposa en la vida real, Natalie Talmadge. Contrajeron matrimonio un par de años antes, es posible que con mediación de Joseph Schenk, pues el productor de Keaton se había casado con su hermana, la también actriz Norma Talmadge, unos años antes. Natalie había aparecido en algunas películas importantes como “Intolerancia” y decidió retirarse de la interpretación tras este film. Otro de los protagonistas era Joe Roberts, el actor había formado parte de la compañía de vodevil de su familia y, cuando Buster Keaton empezó a rodar sus propios cortos, lo llamó para que se uniera a él, apareciendo en casi todos y también en la anterior película del actor y director. Por desgracia, sufrió un derrame cerebral pocos días antes de terminar el rodaje y, aunque insistió en terminar la película al recobrarse, poco después de finalizada ésta otro ataque se lo llevó definitivamente. Keaton decía de él que lo sentía como si fuera un padre para él, pero a su verdadero padre también lo contrató para un pequeño papel. Ya había ayudado a su padre consiguiéndole pequeños papeles en las obras de Arbuckle y algunos de sus primeros cortos, lo que probablemente fue clave para que pudiera superar sus problemas de alcoholismo y rehacer su vida. Buster incluso contó con su propio hijo de 1 año para la secuencia inicial de la película, una que sorprende en un creador como él, puesto que no hay ningún instante de respiro para la comedia. Comienza con una aterrorizada mujer sola en su casa con su bebé en una noche de tormenta mientras espera a su marido. Pronto nos explicarán la historia de la rivalidad eterna entre los Canfield y los McKay, renovada tras lo que pasa en esos terroríficos primeros minutos. Por supuesto, la historia está basada en la famosa rivalidad entre los Hatfield y los McCoy, retratada también en muchas otras películas o historias para la televisión. Keaton había comprendido que para que una película de larga duración funcionase necesitaba de un mayor soporte dramático, de una mayor profundidad de los personajes y de un hilo conductor de la historia más elaborado. Un gran avance desde su anterior obra y todo un hito en el cine cómico de la época. Aunque la rivalidad en la que se basaba se sitúa a finales del siglo XIX, Keaton emplazó la historia hacia 1830, permitiéndole satisfacer su pasión por los trenes recreando un modelo de una de las primeras locomotoras de vapor. Los travelings utilizados para rodar las secuencias ferroviarias fueron revolucionarios, y claros precursores de lo que perfeccionaría en su mayor obra maestra unos años después. Otra recreación interesante fue la draisiana, el primer vehículo de dos ruedas en línea con tracción humana y claro precedente de la bicicleta. Tan bien hecha estaba que el Instituto Smithsonian pidió su donación tras la película. Y por supuesto, hay que mencionar también a las pistolas de un solo tiro, tan inteligentemente utilizadas en la película. El rodaje tuvo bastantes complicaciones. Al mencionado ataque de Roberts hay que sumar el embarazo de la mujer de Keaton, que hubo que esconder en las fases finales del rodaje. Pero lo peor de todo fue el accidente de Buster rodando la secuencia del río. La cuerda que llevaba se rompió y casi se mata. Y en la cascada, aunque rodada en condiciones mucho más controladas en su Estudio en Hollywood, tragó tanta agua que también necesitó atención médica.

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El moderno Sherlock Holmes (1924)

El tercer largo como director (o más bien mediometraje, pues debido a las malas recepciones en los pases previos, Keaton recortó varias veces el film hasta dejarlo en unos 45 minutos de duración), cuenta la historia de un joven proyeccionista en una pequeña sala de cine que estudiaba para convertirse en detective. Tras su anterior película, muy valorada por la crítica pero sin demasiado éxito en taquilla, ésta está mucho más llena de gags y trucos, más pura comedia “slapstick”. Pero esto no quiere decir que se trate de una obra sencilla e intrascendente, por contra, una buena parte del film se desarrolla en un sueño del protagonista que imagina entrar en la película que se está proyectando donde los actores se transforman en los personajes de su vida real y él es el detective. Un toque surrealista que requirió de multitud de trucos y efectos visuales por lo que también fue de las que más tiempo le llevó rodar. Algo que se muestra, por ejemplo en la magnífica secuencia del cine dentro del cine con multitud de cambios de escenario que se suceden uno tras otro perfectamente montados para dar una bien lograda apariencia de continuidad. Como revelaría años después en una entrevista, él y su cámara se valieron de instrumentos de topografía para lograr la perfecta situación de la cámara y el actor en cada escena de la secuencia. En otra secuencia, que puedes ver a continuación, Buster sufrió uno de los peores accidentes de su carrera. Tras varios saltos por encima de los vagones de un tren, termina colgado de la tubería de un depósito de agua y, cuando parece que va a salir completamente ileso, sale toda el agua tirándolo al suelo y empapándolo. Por desgracia, el actor no previó la fuerza del agua y se dio un buen golpe al caer. Su profesionalidad hizo que siguiera rodando la escena como si nada, pero tuvo fuertes dolores de cabeza en los días siguientes al accidente. En una prueba varios años después, los rayos X demostraron que había sufrido una fractura en el cuello.

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El maquinista de la general (1926)

En 1926 se estrenaba la película por la que Buster Keaton es más recordado y que siempre aparece en las listas de las mejores películas mudas o, a veces, de las mejores películas. Por ejemplo, Orson Welles opinaba de ella que era la mejor comedia realizada nunca y la mejor película sobre la Guerra de Secesión, quizás la mejor película de siempre. Fue su octava película y, entre ella y las antes citadas, creó otras que también recordaríamos con detalle si no tuviéramos el límite de cinco secuencias. El mismo año que “El moderno Sherlock Holmes” estrenaba “El navegante”. Una divertidísima comedia donde, tras varias casualidades, Buster termina en un barco a la deriva con la única compañía de la mujer a la que ama, aunque no es correspondido. Fue su mayor éxito comercial. Al año siguiente llegaron “Siete ocasiones” y “El rey de los cowboys”. En la primera, las secuencias de apertura de la película se rodaron en un primitivo technicolor, mientras que la segunda es un curioso western cómico con un vaquero muy especial. El mismo año que su obra maestra estrenaba “El boxeador”, donde Keaton se hace pasar por un campeón de boxeo de su mismo nombre para impresionar a su amada. Tras estas tres historias de modesto presupuesto, se lanzó a la producción de “El maquinista de la general”, que con un presupuesto de 750.000 dólares era de las más costosas de la época. La historia se basaba en la gran persecución en locomotora, episodio real de la Guerra de Secesión. Por supuesto, se añadieron detalles para hacer más cinematográfica la historia, como la persecución del segundo tren y la heroína Annabelle (llamada así por el relato de Edgar Allan Poe). La película cuenta con una estructura perfecta y la técnica de Keaton es magnífica, el romance es creíble y no forzado como en tantas otras ocasiones y la acción con la magnífica habilidad atlética de Buster no decae en ningún momento. Si a todo esto añadimos una creatividad y un ingenio insuperables para hacer fluir la comedia, y una recreación de la realidad cuidada hasta el último detalle, no es extraño que hoy todo el mundo la considere una obra maestra aunque en su estreno no fuera así. Prueba del detallismo del autor está en el cuidado vestuario, o como buscaba siempre imitar las imágenes del fotógrafo de la guerra Mathew Braddy. Para las localizaciones, empezó visitando Georgia, lugar donde se diera en la realidad el episodio, pero tras ver que había cambiado mucho desde entonces se propuso encontrar otro sitio que se ajustase más, encontrándolo en un pueblo de Oregon. También intentó utilizar la verdadera máquina “La general”, pero sus dueños, lógicamente, no lo permitieron. Así que se las arregló para encontrar dos viejas locomotoras que adaptar al aspecto que deseaba. También incluyó una gran cantidad de extras incluyendo realizar más de 1.000 uniformes y 500 miembros de la Guardia Nacional vestidos como soldados confederados o de la Unión para las escenas de batalla. La secuencia donde el protagonista prende fuego al puente para impedir que el tren cruce el río fue todo un prodigio de planificación, construyendo un puente para la ocasión que se derrumbara con el peso del tren, y utilizando una vieja locomotora que Keaton recuperó para la película. Con frecuencia se cita como la secuencia más cara de realizar para una película muda y, sin tener claro que el dato sea exacto, sin duda de entre las de Keaton si lo es. Tras el rodaje, la locomotora se quedó allí mismo oxidándose durante 15 años hasta que fue rescatada durante la Segunda Guerra Mundial. Como mencionábamos, hoy en día se considera una obra cumbre del cine, pero en su día no tuvo tanta suerte. La crítica fue dispar y la taquilla no respondió como se esperaba, recaudando aproximadamente un millón de dólares en su recaudación mundial. Cantidad muy escasa para una película de esas características y que sería el principio de la pérdida de libertad creativa para Keaton.

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El héroe del río (1928)

“El héroe del río” es la última película de Keaton producida por Schenck y, por tanto, la última en la que tenía bastante control sobre los aspectos fundamentales de la producción. Como en su anterior film, “El colegial”, no aparece acreditado como director aunque su labor tras la cámara siga siendo fundamental. La historia es el clásico cuento entre un padre y un hijo opuestos entre sÍ. El hijo es educado, algo afeminado, débil, formado e inocente, el típico protagonista que parece el que menos posibilidades tiene pero sorprendentemente termina triunfando; mientras el padre es un rudo, corpulento, sin educación, reaccionario y se burla de su hijo. Además es el capitán de un barco que se enfrenta al mucho más exitoso capitán del barco rival cuya hija siente gran afecto por el personaje de Buster, con lo que ya tenemos formada la trama que da lugar a una gran colección de divertidas peripecias. En uno de los chistes se hacía referencia a la vida real y fama de Keaton, algo poco común. Resulta que el famoso actor-director había dejado de usar su conocido sombrero poco antes de empezar el rodaje y, en una secuencia en la que se prueba muchos sombreros, juega con esta idea que era conocida por el público. Pero lo más recordado es esa magnífica secuencia final del temporal que se lleva por delante las fachadas de las casas. En un principio estaba planeada una inundación, pero el trágico desbordamiento del Mississippi les hizo cambiar de idea. Para la secuencia, que puedes ver a continuación, se construyó un completo set preparado para ser destruído con unas fuertes máquinas de viento y una gran grúa. Como siempre, Buster se encargó el mismo de todas las escenas sin utilizar dobles, incluyendo esa icónica imagen donde toda una gran fachada se desploma sobre él salvándose de milagro por una ventana abierta del ático. Se trataba de la gran fachada de un edificio de dos toneladas, sin trucos, por lo que un pequeño error en la posición donde debería estar situado podría haber sido fatal. Se llegaría a decir que tomaba tal riesgo por culpa de sus crecientes problemas amorosos, financieros y la inminente pérdidade su independencia filmográfica, junto al comienzo de un abuso del alcohol que le causaría grandes problemas en años venideros. Pero lo cierto es que llevaba toda su carrera grabando escenas tremendamente peligrosas y arriesgadas. Por desgracia, la película no fue lo suficientemente reconocida en su época, con críticas variadas y mala taquilla. Como curiosidad, podemos comentar que el nombre del personaje, Steamboat Bill Jr., inspiró a Walt Disney para crear su corto “Steamboat Willie” al año siguiente donde debutaba cierto famoso ratón que no necesita presentación.

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Candilejas (1952)

Hasta 1928 Keaton había creado sus films con gran libertad bajo la producción de Schenk, estrenándolos luego a través de otros Estudios. Pero entonces cometió lo que consideró siempre el gran error de su carrera y se dejó convencer para crear su propio estudio dentro de la creciente Metro-Goldwyn-Mayer. A causa de esto perdió su independencia, su libertad para crear grandes obras. Su primera obra con el Estudio, “El cameraman”, es puro Keaton, otra de sus grandes películas, pero es que no trascienden al film las batallas que se libraron detrás de las cámaras. La situación pronto se volvió insostenible. Además el cambio coincidió con la llegada del sonoro y, aunque Buster estaba interesado en las nuevas posibilidades que se abrían, resultó poco satisfactorio. En las primeras películas sonoras rodaban cada toma tres veces, primero en inglés, luego en español y por último en alemán o francés. Y tenían que aprenderse fonéticamente los diálogos en los idiomas extranjeros justo antes de rodar. A todo ello se sumaron varios problemas personales. Empezó a abusar del alcohol, se separó de su mujer y terminó siendo despedido de la MGM en 1933. Todo esto probaba cuanta razón tenía Charles Chaplin cuando le recomendó que rechazara la oferta porque el Estudio le arruinaría intentando ayudarle, le nublaría su juicio y se cansaría de discutir por cosas que el tenía claro que eran las correctas. Precisamente con Chaplin retomaría un momento de gloria en la gran pantalla en “Candilejas”. Hasta llegar a esta película, tuvo varios retornos y complicaciones. En los años 30 grabó bastantes cortometrajes y pasó por un segundo divorcio. En los años 40 se casó por tercera y última vez y su vida se fue estabilizando algo más. Apareció como secundario en varias películas, algunas de ellas de serie B, y entonces llegó la película de Chaplin. “Candilejas” cuenta la historia de Calvero, un payaso en horas bajas que salva a una bailarina y le ayuda a recuperar su confianza y acercarla al éxito. El propio Chaplin estaba empezando a perder el favor del público, por lo que muchos ven la película como autobiográfica. El número final con Keaton y Chaplin, que puedes ver a continuación, fue la única vez que ambos genios actuaron juntos. Cuando el actor de Charlot se enteró de todas las dificultades por las que había pasado Keaton, insistió en contratarlo para el papel. Un rumor persistente afirma que Chaplin, celoso de la buena actuación en dicha secuencia de Buster, cortó gran parte de su presencia en pantalla. La realidad es muy diferente, pues según asegura Jerry Epstein, la otra persona presente en la habitación donde se realizaba el montaje, Chaplin cortó mucho más de su propia actuación. Al preguntarle por que lo hacía explicó que no importaba lo gracioso que pareciera un gag, si no servía para que avanzara la escena, tenía que cortarlo. Entre esta película, los cameos en obras como “El crepúsculo de los dioses” o “La vuelta al mundo en 80 días” y, sobre todo la televisión, donde tuvo su propio show y también se mostraron reposiciones de sus obras clásicas, le permitieron recuperar el favor del público.

Candilejas from Las 5 secuencias on Vimeo.

Keaton siguió trabajando en pequeños papeles en cine y televisión. Incluso tuvo un papel de cierta consideración en la comedia “Golfus de Roma”. Cuando la rodó tenía 70 años y estaba enfermo de cáncer, pero aún así pudo interpretar la mayor parte de secuencias sin necesidad de especialistas que lo sustituyeran para asombro de los compañeros de reparto y todo el equipo de la película, como siempre había hecho. Antes de poder ver estrenada su última actuación, falleció el 1 de Febrero de 1966.

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