Las cinco secuencias de… Robert Mitchum

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Querido primo Teo:

Hace 100 años nació el gran Robert Mitchum, un actor único e irrepetible, todo un sex symbol en su época gracias a esa mirada, su actitud y su estilo. La prensa lo bautizó como “el chico malo de Hollywood”, tal vez por los varios escándalos en los que se vio envuelto por su peculiar estilo de vida, y fue poco reconocido por los premios de la crítica, pero hoy nadie duda que se trata de uno de los grandes. Y una fecha tan señalada es la excusa perfecta para repasar su carrera a través de sus cinco secuencias más destacadas.

Robert Charles Durman Mitchum nació el 6 de Agosto de 1917 en Bridgeport, Conneticut. Era el segundo de tres hermanos en una familia con pocos recursos. La madre era la hija de un emigrante noruego y el padre era descendiente de escoceses, irlandeses e indios pies negros. Éste trabajaba en el ferrocarril y murió en un accidente en las vías cuando Bob sólo tenía año y medio y su viuda estaba embarazada. Era sólo el comienzo de una infancia difícil, marcada por la Gran Depresión, en la que andaba siempre metido en peleas y problemas. Tras ser expulsado de un par de institutos con sólo 14 años, abandonó su hogar para irse a recorrer mundo. Trabajó en una barcaza hasta que descubrieron que era menor de edad y falsificara los papeles. Luego recorrió el país de polizón en trenes de mercancías y fue trabajando en lo que iba encontrando. Su primer encontronazo con la policía lo tuvo a los 16 años, que lo detuvo tras descubrirlo bajando de un mercancías. Condenado a pasar 30 días de trabajos en la reparación de carreteras, se escapó con importantes heridas por culpa de los grilletes y regresó a casa de su madre. Volvió a estudiar, conoció a una chica, Dorothy Spence, y se prometieron amor eterno. Pero la falta de dinero y las ganas de aventura hicieron que volviera a marcharse. Durante un tiempo probó suerte como boxeador profesional y después se fue a vivir donde su hermana mayor y entró en un grupo de teatro y, además de actuar, también escribía y por fin logró tener algo de éxito.

Así que, a los 22 años, volvió al lugar donde vivía su madre para reencontrarse con Dorothy y se casaron. Decidieron instalarse en California donde Mitchum siguió escribiendo y actuando, además de trabajar en una fábrica. Pero odiaba la monotonía de este trabajo, así que decidió probar suerte en el cine. En 1943 aparecía por primera vez en la gran pantalla con un pequeño papel en un western. Según contaría después el actor (por lo que puede que sea falso, dado que éste era un gran mentiroso) en esta película en principio iba a ser un figurante sin diálogo, pero el actor elegido se mató tras caer de un caballo poco dócil mientras que el, sobre la misma montura, tuvo más suerte. En los comienzos de su carrera actuó en muchas películas de serie B y poco a poco fue encontrando mejores papeles como el de “Treinta segundos sobre Tokio” en el que el director, tras ver su prueba, dijo: “Eres el peor o el mejor actor del mundo, no se cuál de los dos”. Firmó un contrato con RKO y tuvo su primer papel protagonista en “Una chica urgentemente” en 1944 y al año siguiente logró su primer éxito con un rol secundario en “También somos seres humanos”. Los problemas que sufrió en el rodaje por culpa del alcohol, por el que incluso se pasó un día en la cárcel, y la orden de alistamiento que recibió durante el mismo (aunque consiguió retrasar su incorporación a filas hasta terminar la película), se vieron recompensados con grandes alabanzas de la crítica, una nominación al Óscar (la única de su carrera) y un nuevo contrato con David O. Selznick. Tras actuar junto a Katharine Hepburn y Robert Taylor en “Corrientes ocultas” casi se mata en un accidente aéreo, pero tras curarse regresó en buena forma, protagonizando la excelente “Perseguido” y un fascinante film noir.

Retorno al pasado (1947)

Jacques Tourneur tendría con esta película su oportunidad de dirigir un mayor presupuesto para la RKO tras triunfar en obras de serie B como las geniales “La mujer pantera” y “Yo anduve con un zombie”. Bob Mitchum representaba en esta película a Jeff Bailey, el dueño de una gasolinera de pueblo cuyo pasado viene a buscarle. Con un magnífico flashback descubrimos que el protagonista antes era un detective privado, y cuyo verdadero nombre era Jeff Markham. En uno de sus trabajos debe buscar a una mujer y se va a Acapulco tras ella. La presentación de esta femme fatale, interpretada a la perfección por Jane Greer, es maravillosa y puedes disfrutarla en la secuencia seleccionada de esta película. El tercer vértice del triángulo estaba interpretado por un joven Kirk Douglas en la piel del gangster y ex amante de la chica. La película funcionó bien en taquilla y ayudó a consolidar la carrera del actor, con esa imagen tan característica suya de mirada somnolienta, pero la crítica no supo destacar en su día la valía del film y los premios se olvidaron de él. Hoy se considera una pieza clave dentro del género del film noir e incluso dentro del cine en general.

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La noche del cazador (1955)

La siguiente obra cumbre de Mitchum sería otra película ignorada en su día, pero ahora de culto. Antes, en el verano de 1948, Bob sufrió un escándalo que pudo haber acabado con su carrera. Él y un amigo estaban en casa de una joven actriz fumando marihuana cuando apareció la policía y los detuvo. Mitchum fue condenado a 60 días de prisión y, tras salir, comentaría con sarcasmo que fue “como estar en Palm Springs… pero sin la gentuza”. Por suerte para nuestro protagonista, el magnate Howard Hughes había invertido mucho dinero en Mitchum y, además, tenía varias películas pendientes de estreno por lo que decidió no despedirlo por corrupción moral tras el incidente y en su lugar estrenar ese otoño un par de sus films, incluyendo la destacable “Rachel y el forastero”. El público respondió acudiendo a las salas. Robert había logrado salvar su carrera y siguió rodando películas como “El gran robo”, rodada antes de su ingreso en prisión y terminada después y en la que volvía a coincidir con Jane Greer que no puso reparos en trabajar con Bob tras este escándalo. Hughes compró a Selznick la mitad que le faltaba del contrato del actor y lo puso al frente de diferentes producciones como “Cara de ángel”, un interesante thriller con Jean Simmons, o “Río sin retorno” con Marilyn Monroe. “La noche del cazador” fue la única película dirigida por Charles Laughton, uno de los más grandes actores británicos con experiencia en la dirección teatral. Basada en una novela de Davis Grubb, la historia gira en torno a un predicador asesino, que se convertiría en el personaje favorito de Mitchum de entre todos los que encarnó, que persigue a un par de huérfanos durante la época de la Gran Depresión. El predicador Harry Powell también le convenía a Mitchum para quitarse la fama de pervertido que podría empezar a crear tras un incidente en Cannes. Mientras paseaba por la playa lo abordó una aspirante a actriz vestida de minifalda y la parte superior de un bikini. Pronto se congregaron varios fotógrafos y la starlett se retiró la parte superior de su traje de baño. El actor y el director conectaron desde el comienzo: “El personaje que quiero que interpretes es un demonio y un hijo de puta”, dijo el director. “Presente”, contestó el actor. Más complicada fue la relación entre el actor y el productor Paul Gregory y un día Bob, harto, orinó en el radiador de su coche. Pero Mitchum era necesario para la película. Sin el United Artists nunca habría aportado el dinero necesario para llevarla a cabo. Pero a pesar de la calidad del guión, la fotografía, las interpretaciones y la dirección, la película fue recibida con indiferencia. Algún crítico la mencionó entre las grandes obras del año, pero la mayor parte la ignoraron de la misma forma que el público. Los años pusieron esta obra maestra en su sitio, y ahora esta obra de culto se sitúa entre las grandes de la Historia del cine gracias a su protagonista, un ser diabólico que asesina viudas para robar sus bienes y que sostiene una lucha interior entre el Bien y el Mal simbolizada por la lucha entre su mano izquierda y su mano derecha en las que lleva tatuadas las palabras “odio” y “amor”, como él mismo explica en la secuencia que puedes ver a continuación, siendo el personaje más icónico de Robert Mitchum.

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El cabo del terror (1962)

Otro depredador protagoniza la siguiente secuencia, el villano de “El cabo del terror”. Antes de esta película no nos podemos olvidar de mencionar otras obras de esta etapa, en la que abandona definitivamente la disciplina de los Estudios para trabajar como independiente. De estos años son “Duelo en el Atlántico Norte”, “Sólo Dios lo sabe”, por la que fue nominado a un Bafta, “Con él llegó el escándalo”, de Vincente Minnelli, y “Tres vidas errantes”. En “El cabo del terror” da vida al malévolo Max Cady, un hombre obsesionado con vengarse del abogado interpretado por Gregory Peck que, en ese mismo año, llevaría a la gran pantalla a su inolvidable Atticus Finch. Pero aunque el cabeza de cartel fuera el protagonista de “Matar a un ruiseñor”, sustituto del inicialmente elegido Charlton Heston, quien se recuerda de esta película es Mitchum, que aparecería brevemente en el remake llevado a cabo por Martin Scorsese en 1991 en la que Robert De Niro interpretaría al villano. La película sufrió bastantes modificaciones por culpa de la censura. La palabra “violación” tuvo que ser eliminada por completo del guión, pero los censores seguían preocupados por las continuas insinuaciones de asalto a una niña, como puede verse en la secuencia seleccionada de esta película, que una vez más tiene mayor repercusión en tiempos recientes que en su estreno. Así, por ejemplo, el American Film Institute eligió a Max Cady como uno de los grandes villanos de la historia del cine en una de sus famosas listas.

El cabo del terror from Las 5 secuencias on Vimeo.

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El Dorado (1967)

Mitchum también sabía reírse de su imagen de tipo duro, como demostró haciendo de sheriff borracho en “El Dorado”. Antes de ésta hay que recordar obras como “El día más largo”, que funcionó muy bien en taquilla, y “Cualquier día en cualquier esquina”. Para el recordado western, Howard Hawks necesitaba a un actor que no quedara totalmente eclipsado en pantalla por John Wayne en el personaje que interpretó Dean Martin en “Río Bravo” (esta es prácticamente un remake de aquella). El productor Paul Helmick propuso a Mitchum, pero Hawks no lo veía claro. Le preocupaba que se emborrachara antes de actuar. El productor le replicó que Mitchum había trabajado con directores de segunda fila que no sabían lo que estaban haciendo y que, en esos casos, Bob perdía el interés y sólo se preocupaba de irse de juerga y cobrar el cheque, pero con él no sería así. El director aceptó con la condición de que no hubiera ni una gota de alcohol y llamó al intérprete para pedirle que participara en el film. Cuando éste le preguntó de qué iba la historia, la respuesta fue que no había historia, sólo eran Mitchum y el Duke en pantalla. Bob aceptó sin pensarlo. Actor y director encajaron de maravilla y, a mitad del rodaje, Hawks confesó al actor que le parecía el mayor fraude que se encontrara en su carrera. Cuando le preguntó por qué, explicó que participaba en las escenas aparentando indiferencia pero que en realidad era el bastardo más trabajador que había visto nunca. En la secuencia podemos ver la gran actuación de Mitchum, con signos de sufrir de la resaca y del brebaje que le acababan de dar. La película funcionó muy bien en taquilla e hizo que mucha gente identificara al actor con el western.

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La hija de Ryan (1970)

Mitchum trabajó en bastantes películas más el resto de la década, pero todas bastante olvidables. Su retorno a las grandes actuaciones llegaría con un papel totalmente inesperado como el sencillo maestro Charles Shaughnessy en “La hija de Ryan”. La idea original del guionista Robert Bolt era la de hacer una adaptación de “Madame Bovary” con Sarah Miles en el papel protagonista, pero David Lean no lo encontró suficientemente interesante y le pidió que al menos cambiara de escenario así que éste situó la historia en un pequeño pueblo irlandés. Dado el éxito comercial de “Doctor Zhivago”, la MGM aceptó financiar esta costosa película pero exigió un nombre importante en el reparto, algo que se sumó a las habituales complicaciones de casting de cualquier producción de esta entidad. Con Sarah Miles de protagonista, Alec Guinness parecía perfecto para el papel del padre Collins, y de hecho el personaje estaba escrito pensando en él, pero éste protestó por lo que no le parecía un retrato adecuado de un cura católico y rechazó volver a trabajar con Lean. El papel de mayor Doryan estaba escrito para Marlon Brando, pero éste tuvo que rechazarlo por otros compromisos y el elegido fue finalmente Christopher Jones. La primera elección del director para el papel del maestro era Paul Scofield pero tenía unos compromisos teatrales que no pudo deshacer, así que Lean pensó en Robert Mitchum. Dado que el personaje, hombre honrado, tranquilo y cornudo le parecía demasiado soso, necesitaba alguien con una presencia impactante y además lograba a la estrella pedida por el Estudio. Pero faltaba convencer a Bob y no fue algo sencillo. El actor quedó maravillado por el guión, pero no quería asumir los esfuerzos de la preparación y las exigencias del largo rodaje al que acostumbraba el creador de “Lawrence de Arabia”. El guionista se implicó en pedirle que reconsiderara su postura y Mitchum le dijo que era imposible porque había decidido suicidarse. El guionista prometió entonces pagar los gastos de su funeral si primero participaba en la película. Finalmente el actor aceptó y se puso a practicar el acento irlandés. Nada más llegar contó a la prensa que debía ser un error el contratarle, pues por mucho menos habrían tenido a un maestro de verdad. El rodaje duró un año entero para desesperación de Mitchum, que no estaba acostumbrado al perfeccionismo de Lean. Buena parte de la crítica trató mal a la película pero, a pesar de ello, funcionó aceptablemente bien en taquilla y en la carrera de premios logrando 2 Oscar de 4 nominaciones, aunque una vez más se olvidaron de Mitchum.

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En la década de los 70 Mitchum siguió dejando interesantes interpretaciones en películas como “El confidente”, “Yakuza”, o la doble encarnación del detective Philip Marlowe en “Adiós, muñeca” y en “Detective privado”. En sus últimos años encontró acomodo en la televisión destacando en la miniserie “Vientos de guerra”. Falleció por complicaciones derivadas de un cáncer de pulmón pocas semanas antes de su 80 cumpleaños.

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