“Mao: La historia desconocida”

“Mao: La historia desconocida”

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El cine chino está muy lejos de reflejar las miserias y crímenes que transformaron al país en una potencia en manos del dictador Mao Zedong (Mao Tse-tung). Hace 50 años que Mao firmó “El Manifiesto contra las Artes” que definió la gran purga que conocemos como “la revolución cultural”; hace ya más de veinte años que “¡Vivir!”, la película de Zhang Yimou, ganó el Gran Premio en Cannes, y hace menos de dos años el partido único reinició el camino para “reeducar” a sus artistas, haciéndoles pasar al menos un mes en el campo o en zonas mineras para “conseguir” inspiración. La inspiración no incluye exponer en las pantallas la responsabilidad de los líderes maoístas, y en particular del propio Mao, en la mayor hambruna de la historia de la humanidad provocada por la ambición. La comunidad china en el extranjero no ha alcanzado el poder necesario para compensar esta ausencia cinematográfica, y solo la literatura ha ofrecido parte de la historia a los occidentales. El retrato de Mao y su cadáver siguen imperando en la plaza de Tiananmen, en el centro de la capital, mientras el régimen se declara heredero de Mao y se esfuerza por perpetuar el mito entre su pueblo.

Título: “Mao: La historia desconocida”

Autor: Jung Chang y Jon Halliday

Editorial: Taurus

A finales de la década de 1960 muchos occidentales estaban hipnotizados por lo que creían saber de Mao, estudiantes e intelectuales hicieron suyo el Pequeño Libro Rojo. Mao era calificado de poeta y filósofo. El francés Jean-Paul Sartre elogiaba la “violencia revolucionaria” de Mao como “profundamente moral”. Esta fascinación no se concretó, ya que ningún partido maoísta de Occidente, ni siquiera el de Portugal, que fue el más numeroso, logró congregar más que a un minúsculo grupo de seguidores. Esto a pesar de que, cuando en 1968 estalló en Europa occidental el malestar entre los estudiantes, Mao envió de regreso a sus países a los maoístas europeos que habían sido entrenados en prácticas de sabotaje para que sacaran el máximo partido a la situación. No protagonizaron ninguna acción reseñable. Tampoco los maoístas consiguieron grandes avances en el tercer mundo. La paradoja es que, por esta razón, por su falta de éxito en Occidente, más allá de la teoría, la figura de Mao sigue disfrutando de cierto aroma de gran líder. Mao se mantiene lejos de las pantallas y del primer puesto en el podio de la infamia que en el siglo XX los europeos occidentales reservamos a Hitler. Pero ni el asesino nazi supera los crímenes contra la humanidad comentados por Mao. Causó la muerte de 38 millones de personas en la mayor hambruna de la historia y, en conjunto, perecieron en tiempos de “paz” más de 70 millones de seres humanos.

Jung Chang, la escritora china afincada en Inglaterra que con “Cisnes salvajes” desmontó cualquier valoración positiva de la revolución maoísta, publicó ya hace algún tiempo esta biografía sobre Mao, que en China es objeto de piratería, tras ser tan prohibida como la citada “Cisnes salvajes”. Los dos autores viajaron por medio mundo y entrevistaron a cientos de personas que habían conocido a Mao. El trabajo llevó doce años y terminó de convertir a su principal autora en una disidente indeseada, a la que solo se autoriza a pisar suelo chino para visitar a su madre anciana.

La combinación de los dos libros (anda ahora metida en una nueva biografía) son el negativo de la personalidad más dañina de Oriente en el último siglo, el peor por otra parte de nuestra Historia. en “Cisnes salvajes” hay una película, tal vez más, pero parece improbable que pueda hacerlas el cine chino.

La obra sigue el orden cronológico tradicional, dividido en bloques que se inician con el asalto al poder en el Partido Comunista Chino, el éxito militar, la Revolución Cultural, el culto a la personalidad y la conversión en gran potencia. En cada caso se expresa claramente el coste que supuso la ascensión de Mao para el pueblo chino. Es desolador. Los privilegios, el derroche gigantesco, la adoración al líder, etc… todo a costa del hambre, de la falta de educación, del aislamiento, de cientos de miles de personas muriendo por inanición mientras su gobierno vendía en el extranjero la comida que ellos producían. El texto está repleto de detalles reveladores, de testimonios y datos escalofriantes. Este es un libro que todavía se encuentra en las estanterías y, si se pasó en su momento, vale la pena localizarlo.

Carlos López-Tapia

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