“Mi vida en rojo Kubrick”

“Mi vida en rojo Kubrick”

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Simon Roy es un canadiense que se dedica a la novela gráfica, enseña literatura y practica la crítica de cine. Le pasó como a tantos de nosotros. Vio “El resplandor” de Stanley Kubrick y se le quedó dentro. Joey Tribbiani, el aspirante a actor de la serie “Friends”, tenía el libro de King guardado en el congelador del frigorífico y hace unos días conocí a una abogada que me contó que era incapaz de verla. A pesar de que la versión en español es un ejemplo clásico de como destrozar una historia con el doblaje, es imposible de olvidar, sobre todo si se ha visto en una gran pantalla.

Título: “Mi vida en rojo Kubrick”

Autor: Simon Roy

Editorial: Alpha Decay

Biografía y ensayo, terror, locura y familia. ¿Por qué nos fascinan ciertas cosas hasta emplear buena parte de nuestra vida en estudiar un hecho concreto? Este profesor de literatura en un instituto de Quebec, durante los días que duró una huelga estudiantil que le obligó a estar sin trabajar, aprovechó para responderse a sí mismo: “¿Por qué he visto 42 veces el resplandor?”. La noche que descubrió la película, que a partir de entonces ejercería sobre él una extraña fascinación, comenzó dejándole ya alguna secuela. Él mismo ha contado que todavía hoy se repite a veces mentalmente la frase: “¿Te apetece un helado, Doc.?”, cuando abre la puerta del congelador para sacar helado.

A Roy le ha salido un libro ameno, con reflexiones atractivas y, desde luego, disfrutable para cualquier aficionado al cine y su mundo; también difícil de etiquetar, porque “bioensayo” no es una práctica literaria habitual, fundiendose “El resplandor” con Stanley Kubrick, Stephen King y su propia vida. Las figuras de las gemelas fantasmales que aparecen en el Hotel Overlook le recuerdan a su madre, que vio cómo desaparecía su hermana gemela de forma extraña; una abuela de Roy fue asesinada en circunstancias parecidas al ataque de Jack Nicholson a Shelley Duvall, hacha en mano. En el desarrollo de su respuesta incluye el estudio de una de las películas más importantes del genio neoyorkino, autoexiliado a Inglaterra en los años más tensos de la Guerra Fría porque Europa le parecía más segura.

El autor repasa diferentes aspectos de la producción y el rodaje del film, en especial las cuestiones más obsesivas del obsesivo director como el maltrato psicológico a sus actores, la numerología y los códigos ocultos en la historia. El libro nos conduce por reflexiones muy variadas alrededor del tema. El efecto imitativo del cine en los espectadores, el efecto que llevó a Kubrick a la censura de “La naranja mecánica” en muchos países, es uno de los que Roy toca: “Stephen King cree que el hecho de leer una novela, ver una película o escuchar un disco no es lo que precipita a un adolescente inestable al abismo de la violencia. Según él, la raíz del problema se encuentra más bien en la facilidad para adquirir armas de fuego en Estados Unidos. No obstante, en 1999, King retiró del circuito comercial su novela Rabia, publicada en 1977 bajo el pseudónimo de Richard Bachman, en la que un estudiante de secundaria, Charlie Decker, toma como rehenes a todos sus compañeros de clase después de matar a su profesora de Matemáticas. El libro de King se encontró en las habitaciones o taquillas de varios adolescentes que siguieron su argumento en varios casos muy difundidos. Paradójicamente, King, como buen estadounidense, tiene tres armas en su casa y «la conciencia tranquila». Palabras textuales”.

Y, por cierto, la novela de King no es menos sugestiva que la película y en buena medida es diferente a ella.

Carlos López-Tapia

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