Mr. Pinkerton se enamora

Mr. Pinkerton se enamora

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¡Hola muchacho!

¿Qué tal te fue en la cuesta de Enero?. Me han dicho que te has hecho adicto a las quinielas, pero que no has pasado de los siete aciertos. Hoy te voy a sorprender bastante, muchacho. Por lo general, siempre te cuento mis casos más sonoros… Esta vez, te voy a contar una experiencia vital, algo que no me podía esperar, que fue bonito pero, al mismo tiempo, ilógico. Muchacho… me he enamorado. Así es, de la manera más tonta, como suele ocurrir en estos casos.

Hace tres semanas, persiguiendo a un sospechoso, di un traspié y me hice un esguince considerable. Me vendaron el tobillo y el médico me obligó a tomarme una semana de reposo absoluto. Por eso, me vi obligado a paralizar mi actividad profesional. Decidí darle vacaciones a Marga, pero ella me dijo que no podía irse de viaje estando yo en mi situación, así que se quedó en la ciudad, e hizo las veces de cuidadora, a lo Kathy Bates en “Misery”, pero con varios kilos menos y sin ánimo de acuchillarme. Marga se empeñó en que aprovechara mi quietud para hacer una compilación de los mejores casos, una especie de resumen por si en un futuro me daba por escribir un libro o algo parecido.

Y así estuvimos durante varios días, yo dictándole y ella pasándolo al ordenador, recordando nuestros mejores casos, los más divertidos, los más llamativos, los más extraños… Llegamos a un punto en el que reíamos más que otra cosa, y en una de esas carcajadas, me di cuenta de lo mucho que le brillaban los ojos a Marga cuando se reía, y lo guapa que estaba, y que era. Sí, muchacho… así es, la víctima de mi enamoramiento era Marga. Después de tanto tiempo trabajando con ella, y sin sentir nada por ella excepto una buena amistad profesional, me di cuenta de lo mucho que la estimaba. Me pasó igual que a los cazadores de “Hatari!” con la joven Brandy… que un buen día, se dieron cuenta de que era una mujer, y además muy bella.

Un detective enamorado de su ayudante… Mi vida se había convertido en un capítulo de “Remington Steele”… o lo que es peor, ¡en uno de “Luz de Luna”!. La famosa “tensión sexual no resuelta”, muchacho. Que es el truco de los guionistas para que millones de espectadores esperen cada semana el capítulo de la serie, esperando a ver cuándo se van a besar por fin. Pero a mí nunca me gustaba que llegaran a besarse, porque entonces era cuando las series iniciaban de declive. Sin embargo, en la vida real, la mía, sí deseaba besar a Marga. Y notaba que ella también quería besarme. Le pedí que bajara al videoclub a por algunas pelis y me subió “Love Story”, “Love actually” y “Posdata: Te quiero”. Pero en el momento justo, cuando parecía que nuestros labios se iban a juntar, siempre pasaba algo que nos distraía: un vecino llamando por el telefonillo, un perro ladrando, el cartero trayendo una multa de aparcamiento…

Pero lo que tenía que ocurrir, acabaría ocurriendo, antes o después. Así que en una de esas sesiones de cine amoroso, comenzamos una pelea de cojines que acabó con ella encima de mí… con sus labios a dos centímetros de los míos… y el contacto se produjo. Duró muy poco, lo justo… lo suficiente para que se diera cuenta de que no estaba besando a Sean Penn, sino a Mr. Pinkerton, su jefe. Rápidamente se levantó y se fue de mi casa corriendo. Muchacho, no supe de ella en tres días. No cogía el teléfono ni respondía mis mensajes. Apenas había saboreado el dulce sabor del amor…y estaba sintiendo las garras del desamor. Me sentía como Natalie Wood en “Esplendor en la hierba”, cuando Warren Beatty pasó de ella…

Al cabo de tres días, sonó el timbre de mi puerta… ¡Era Marga!. Se sentó a mi lado, y me dijo que lo nuestro no tenía sentido. Que debíamos continuar con nuestra relación de jefe y ayudante, que “Luz de Luna” perdió toda su gracia cuando los personajes se ennoviaron, y que con “Friends” pasó lo mismo. Entonces me dio un beso en la mejilla y me dijo: “Nos vemos el lunes en el despacho, Mr. Pinkerton”. Y se fue, demostrando que de los dos, la adulta era ella.

Lección de vida, muchacho.

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