Recordando clásicos: “Después de la oscuridad” (1958)

Recordando clásicos: “Después de la oscuridad” (1958)

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Querido primo Teo:

En ocasiones, nos encontramos con joyas ocultas que nos sorprenden gratamente, éste es el caso del sólido y semidesconocido melodrama de Mervyn LeRoy ”Después de la oscuridad”, que merece todas las reivindicaciones posibles. Este director tenía una hábil mano para dirigir melodramas realmente buenos, como el que nos ocupa en esta ocasión y también, por poner solamente otro ejemplo, ”El puente de Waterloo”.

Jean Simmons firma aquí una de las mejores interpretaciones de toda su carrera, está magnífica y aborda sutilmente un complejo personaje que podía caer fácilmente en el exceso actoral, al tratarse de una mujer que sufre desequilibrios mentales (entre la depresión y la locura), pero su más que demostrado aplomo y solvencia interpretativa mantienen su interpretación en el punto exacto ya que, en muchas ocasiones, su melancólica mirada lo dice todo. La Simmons poseía una especial facilidad para dar vida a mujeres desequilibradas o con un frágil estado mental (”Cara de ángel”, ”El fuego y la palabra” o ”Con los ojos cerrados”, en todas está excepcional, además de ser cintas altamente recomendables), papeles complicados que suponen todo un reto para cualquier intérprete, ante el gran riesgo que corren de rozar la caricatura y, de ese modo, no resultar creíbles en pantalla moviéndose en la fina línea entre la contención y la sobreactuación.

Jean Simmons, bajo mi punto de vista, posee rasgos físicos que la asemejan considerablemente con la mítica Elizabeth Taylor, pero habiendo visto varios trabajos de ambas actrices, en el ámbito interpretativo veo a la Simmons bastante superior, creo que es más capaz de bordar personajes complejos desde la sutilidad, con ella ”menos es más”, su intensa mirada sirve a las mil maravillas para encarnar todo tipo de personajes, suele alcanzar esa necesaria autenticidad actoral, con aparentemente pocos recursos interpretativos, sin llegar a la sobrectuación, que no siempre está justificada por el rol que le toque desempeñar a cada actor, la gran y difícil habilidad de controlarse (interpretativamente hablando, me refiero) es una de las cualidades que más le aprecio a Simmons como actriz.

Todo el reparto de ”Después de la oscuridad” cumple con creces, pero es Simmons quien resalta más y engrandece la película. Es una cinta que, pese a su extensa duración, hace que el interés del espectador nunca decaiga, la mayor parte del metraje es absorbente, hipnótico e inquietante. El único pero que se le podría achacar, es que la película no termina de cerrarse adecuadamente, ya que el desenlace se produce de manera algo precipitada, lo que puede desconcertar o dejarle una sensación agridulce al respetable, ya que el recorrido anterior hasta llegar hasta ahí está lleno de puntos álgidos, interesantísimos y fascinantes en general. Película imperfecta como la mayoría, pero que merece muchísimo la pena.

En este caso, me es más complicado explayarme sobre este filme sin desvelar detalles importantes de la trama, normalmente intento evitarlos lo más posible. Si no la has visto, no sigas leyendo. A partir de aquí hay SPOILERS…

Jean Simmons es una joven que está casada con un catedrático, ha pasado un año en un centro psiquiátrico y su marido por fin va a buscarla para regresar con ella a casa. A pesar de que el médico le aconseja a su cónyuge que lo mejor para que su esposa no recaiga es cambiar su malsano entorno anterior que supuestamente provocó la crisis emocional de su pareja, debido a la conflictiva relación que mantenía su esposa con su hermanastra, que sigue viviendo en su hogar, todo sigue igual, ante la negativa de cambiar las cosas que le da el marido al psiquiatra. La Simmons vive rodeada de buitres que pretenden hacerle creer que está desquiciada, cuando lo que necesita es sentirse amada por su marido y dejar de vivir en ese entorno perjudicial para su salud mental. Un ambiente opresivo y enrarecido, que vuelve a provocar crisis emocionales en nuestra protagonista, es señalada como lunática pero en el fondo está en lo cierto en su sospecha principal a lo largo de la trama, su marido y su hermanastra intentan convencerla de que está equivocada y de que simplemente veía fantasmas donde no los hay, pero la ”ficticia” relación amorosa entre su pareja y su familiar es auténtica, están secretamente enamorados, por mucho que pretendan descaradamente engañarla. Al marido le conviene mantener las apariencias de feliz matrimonio ante los ojos de extraños, para que no peligre su ascenso, pero en realidad, ignora las suplicas de cariño y atención de su esposa, está clarísimo que no la ama, rehuye cualquier contacto físico o acercamiento emocional, Charlotte se convierte en una persona desgraciada, que en su hogar no encuentra ni afecto ni comprensión. ¿Cómo puede recuperarse o sobrevivir diariamente una persona depresiva o con otros graves problemas mentales, en un entorno cercano donde no haya apoyo ni amor?

Charlotte intenta desesperadamente recuperar la atención que necesita de su marido, ante la indiferencia y la distancia que se ha creado entre ellos, y desarrollará una peligrosa obsesión por asemejarse todo lo posible a su hermanastra. Esta asfixiante infelicidad, provocada por el desencanto matrimonial y por el rechazo de su marido, amenaza con precipitarla hacia los abismos de la locura, un traumatizador suceso será el punto de inflexión en su vida, el cual terminará poniendo su mente y sentimientos en orden. Charlotte por fin abre los ojos a la dura realidad y deja atrás su dañina situación actual para empezar una nueva vida.

En resumen, una cinta arriesgada, valiente y moderna para su época al retratar abiertamente un tema espinoso para la época (como son los desequilibrios mentales y, de manera más secundaria, la crisis matrimonial que deriva en divorcio, otro tema tabú), con mucho tacto y sensibilidad. Todavía tienen más mérito sus agallas, al tener que lidiar con el método de censura imperante en aquellos tiempos, el Código Hays, que imponía una serie de normas a cada película, y que no dejó de utilizarse hasta 1967.

Tu prima.
Yuna

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