Recordando clásicos: Barbara Stanwyck, la actriz superlativa

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Querido primo Teo:

Contenida, temperamental, auténtica, magnética, carismática, polivalente… Barbara Stanwyck (Ruby Catherine Stevens, 1907-1990) es una superviviente, una currante y actriz nata. De origen muy humilde, su madre murió cuando era muy niña y su padre abandonó a la familia, pasó su triste infancia en hogares de acogida. Trabajó en pequeños oficios (como telefonista, por ejemplo), hasta que a los 16 años empezaría a demostrar profesionalmente aptitudes artísticas, debutando como corista en vodeviles y antros de mala muerte. Posteriormente se convertiría en actriz teatral en Broadway llegando así sus primeros éxitos (en esa época conocería a su primer marido, el actor Frank Fay, y además conseguiría su nombre artístico definitivo). Terminaría, poco después, siendo descubierta para el cine, currándose su carrera desde abajo. Películas generalmente menores en las cuales representaba a la chica sencilla que era en la vida real, personajes de mujeres bondadosas (paradójicamente, a lo largo de su carrera, daría vida a algunas femmes fatales realmente sobresalientes, siendo la más lograda y por la que obtuvo mayor popularidad la que encarnó en ”Perdición”).

Fue Frank Capra su gran descubridor y con el cual empezó a brillar como se merecía. Pero el papel que la confirmó como estrella y la perfiló como intérprete de una solidez dramática abrumadora fue “Stella Dallas” (King Vidor, 1937), con el cual lograría optar a su primer Oscar a la mejor actriz. A lo largo de su carrera, se sumarían tres candidaturas más a este premio, por sus espléndidas interpretaciones en “Bola de fuego”, “Perdición” y “Voces de muerte”. Nunca lo ganaría por una interpretación en concreto (simplemente tiene en su haber uno honorífico que fue a recogerlo en 1982 y con dedicatoria incluida a su amigo William Holden fallecido poco antes), siendo para mí una de las injusticias más grandes de las que puede presumir la Academia.

La Stanwyck es una maravillosa actriz de carácter, pocas tan versátiles, genuinas y emocionales como ella, con un control interpretativo realmente apabullante, su poderío escénico es memorable (una virtuosa de la interpretación que se maneja con una técnica admirable y que muestra en la pantalla sus emociones con una verdad increíble y absoluta). Pocas actrices dejan tanta huella en los espectadores como Doña Bárbara, actriz pasional y de una fuerza arrolladora. Poseedora de una voz contundente y muy personal, y unas facciones singulares que podían haberla encasillado de por vida en papeles de mujeres fatales, supo transitar acertadamente y con una enorme facilidad entre todo tipo de registros y géneros. Aunque son los melodramas y las comedias los que predominan claramente en su extensa trayectoria. Una auténtica dama de la interpretación, con todas las letras. Era favorita de muchos directores, especialmente de Frank Capra (la adoraba, se comentó que estuvo enamorado platónicamente de ella y además le inculcó que la herramienta esencial de un intérprete deben de ser siempre la mirada y como es utilizada), Preston Sturges (que la escogió personalmente para la deliciosa “Las tres noches de Eva”) y Billy Wilder (que la convenció para protagonizar ”Perdición”, tras las dudas iniciales de la Stanwyck por temor al encasillamiento).

Seguir artísticamente a la Stanwyck es un disfrute constante, no paras de descubrir joyas cinematográficas y de deleitarte con su talento. La adoro. En pantalla puede alcanzar todos los registros que desee, para ella no hay fronteras. Puede ser dulce, bondadosa, cómica, dramática, pícara, odiosa, inquietante, malvada… Es asombrosa su capacidad para resultar creíble en cualquier situación o papel. Es de esas actrices que recomendaría sin lugar a dudas, a los cinéfilos que sean novatos en el cine clásico, al igual que otros como James Stewart, Bette Davis, Katharine Hepburn o Cary Grant. Puede presumir de una carrera casi perfecta (en la cual ha trabajado con los directores más talentosos de la época más dorada de Hollywood, como Howard Hawks, King Vidor, Billy Wilder, Preston Sturges, Mitchell Leisen, Douglas Sirk, Robert Siodmak, Frank Capra o Fritz Lang, entre otros). Y si hablamos de partenaires masculinos, con los que se nota que conectó mejor y creó una química excelente y envidiable fue especialmente con tres geniales actores: Gary Cooper, Henry Fonda y Fred MacMurray. Como actriz, destaco tres cualidades especialmente y que valen oro puro; la mentada versatilidad, la capacidad de condensar y transmitir a través de su mirada un océano de sentimientos sin recurrir a excesivos alardes interpretativos (es una intérprete tan dotada y que sabe mirar tan bien que consigue ir más allá del texto) y su poderosa, personal y carismática presencia en pantalla. En definitiva, es de esas actrices que te atrapan.

Si como actriz se entregaba completamente, como persona era muy reservada, se conocían pocos detalles de su vida privada, aumentando así el misterio que la rodeaba en su faceta profesional. En el ámbito sentimental, estuvo casada en segundas nupcias con el galán Robert Taylor (cuatro años menor que ella) al que llamaba cariñosamente Junior, del que terminaría separándose en 1951 tras doce años de matrimonio. Se comenta que la ruptura le afectó mucho y que no volvió a confiar realmente en los hombres (se rumoreó que él le fue infiel con actrices como Ava Gardner o Lana Turner y que estas infidelidades la llevaron a un presunto intento de suicidio). Su amistad con Joan Crawford en los mentideros de Hollywood supuestamente apuntaba a una posible bisexualidad de ambas.

En los últimos años de su carrera, además de recoger numerosos premios honoríficos, se enfocó hacia la televisión, apareciendo en tres series: “Los Colby”, “Valle de pasiones” y “El pájaro espino”. Barbara Stanwyck era de esas actrices tan entusiastas, y que sentían tanto amor por actuar, que no cesó de interpretar durante la mayor parte de su existencia. En los rodajes tenía fama de ser una persona encantadora por su profesionalidad, amabilidad y generosidad (ayudaba y apoyaba a intérpretes jóvenes e inexpertos, como a su futuro amigo William Holden en “Sueño dorado” de 1939).

Seguramente por la película que más se la recuerda es por la inmortal “Perdición”, pero si te atreves a profundizar más en su filmografía hallarás otras cintas inmensas e inolvidables, es una intérprete que se merece una reivindicación eterna. Es, sin duda, una de las grandes. Un resumen de su trayectoria cinematográfica aquí.

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Comentarios

David - 11.06.2014 a las 22:11

Muchas gracias, Yuma, por otro interesantísimo artículo.

Reconozco que hasta haberte leído, pese a reconocer su gran valía como actriz, no me seducía lo bastante como para profundizar en su filmografía. Estoy bastante convencido de haberla visto en 3 películas, y no sé si por aparecer con un registro concreto o por el doblaje,  la tengo encasillada como “mala” (de actos, que no de interpretación), y como menos atractiva que otras estrellas de la época.

Pero según cuentas, tuvo muchos otros registros. ¡Y además en tus capturas sale guapísima!

Así que como decía, muchas gracias. Añado a mi lista de deberes buscar y ver otras películas de ella. No sé si mi verano dará para ello, pero lo priorizaré sobre otros apartados de mis “cuadernos de verano Santillana”

Yuna - 12.06.2014 a las 02:02

Muchas gracias David. Ya verás, como no te arrepentirás.
Si se ven pocas películas de la Stanwyck, puede dar la impresión de estar encasillada en papeles de mala, pero su filmografía, prueba todo lo contrario, era muy versátil. Hizo de todo, realmente.

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