Recordando clásicos: Jean Seberg, frágil y eterno icono femenino de la Nouvelle Vague

Recordando clásicos: Jean Seberg, frágil y eterno icono femenino de la Nouvelle Vague

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Querido primo Teo:

Jean Seberg fue una actriz especial y no lo suficientemente valorada en su época a pesar de tratarse de una de las intérpretes más humanas, sensibles y sutiles que han pasado por una pantalla de cine. Poseedora de una mirada entre la sensualidad, dulzura, malicia y melancolía, capaz de transmitir muchos sentimientos a través de unos ojos azules preciosos y realmente expresivos. De presencia etérea y belleza frágil y angelical, también demostró, a su vez, ser una estupenda actriz de carácter, aunando fortaleza y vulnerabilidad a partes iguales (el ejemplo más representativo de esta dual personalidad fílmica es su fantástica y compleja interpretación de una esquizofrénica en la magnífica cinta de Robert Rossen ”Lilith”, posiblemente la creación más completa y difícil de toda su carrera).

Jean-Luc Godard se encaprichó con ella tras descubrirla en sus trabajos con Otto Preminger y consiguió que fuera la protagonista femenina de ”Al final de la escapada”, una de las películas más importantes de la Nueva Ola Francesa y de la Historia del cine en general, cinta clave en su filmografía que la convertiría en un icono de la modernidad cinematográfica del siglo XX y en una de las musas más representativas de esta corriente artística renovadora gala. Era una estrella rebelde y apasionada que no terminó de encajar en la industria cinematográfica americana, negándose a amoldarse a ella. Su carrera se desarrolló entre Estados Unidos y Francia principalmente (aunque también incursionó en el cine español en una película dirigida por Juan Antonio Bardem junto a la popular Pepa Flores, ”La corrupción de Chris Miller”). A partir de los 20, Jean Seberg tuvo muchos amantes, maridos y aventuras, entre los cuales, se encuentra el escritor mexicano Carlos Fuentes, Clint Eastwood, el director español Ricardo Franco (ella ayudó a financiar ”Pascual Duarte” y, posteriormente, su última película ”Lágrimas negras” sirvió de homenaje a la actriz) o Romain Gary, etc….

Descubierta por el maestro Otto Preminger (con el que mantendría eternas confrontaciones), famoso por su tiranía con sus actores, con solamente 17 años, fue escogida para interpretar a Juana de Arco (en un casting por el que pasaron 18.000 aspirantes). La película no tuvo una recepción muy buena, pero ya se intuía el innegable potencial interpretativo de la Seberg, así como su magnetismo y el poder de fascinación que proyecta su expresivo y personal rostro. Preminger, confiando en la valía de esta prometedora jovencita, cuenta con ella para otra producción, la melancólica y excelente ”Buenos días, tristeza”, en la cual Seberg firma uno de sus trabajos más potentes y sentidos.

“Vengo de las grandes llanuras de Estados Unidos. Iowa significa John Wayne, Ronald Reagan y yo. Como dicen es un país ‘WASP’ (Blanco, Anglosajón y Protestante). Es muy estricto, tiene una educación religiosa estricta. Para desvincularte, para escapar de todo eso, te conviertes en escritor o actor. Me criaron estrictamente como luterana, con todo lo que implica, por desgracia, sobre la culpa. No soy una practicante fiel. Puede que por reacción he tendido a alistarme a otra cosa en la izquierda”. (Jean Seberg)

”En el camino entre ser una chica de pueblo y una estrella de cine, ella acabó desviándose. Supongo que quería ser las dos cosas, pero nunca supo quién era”. (Clint Eastwood, amante ocasional de Jean Seberg, durante un breve período de tiempo a raíz de filmar juntos ”La leyenda de la ciudad sin nombre”).

Criada en el pueblo obrero de Marshalltown (Iowa), e hija del farmacéutico Ed Seberg, Jean Seberg descubrió desde temprana edad su vocación artística: ”Quise ser actriz desde los 12 años que fue cuando vi por primera vez una película de Brando, ”Hombres”. Fue la primera vez que me impresionó la fuerza que puede tener un actor y lo que puede conmover. Enseguida, me puse a leer todo lo que pude sobre Marlon Brando. Leí que odiaba la publicidad y que adoraba la calma, así que le escribí una carta en la que le invitaba a venir a vivir con mi familia a Marshalltown”. Seberg terminó conociendo a Brando años más tarde y le preguntó si todavía seguía en pie la invitación.

”Mis padres estuvieron de acuerdo con Jean cuando quiso hacer audiciones. Pensaron que sería el final. Cuando le pidieron que hiciese una audición con Otto Preminger se preocuparon más. Cuando consiguió el papel todos nos pusimos muy nerviosos, estábamos abrumados y bastante preocupados”, su hermana Mary Ann Suey Seberg se confiesa acerca del clima de incertidumbre y preocupación que rodeaba a la familia durante los primeros pasos artísticos de una prometedora Jean Seberg. “En Marshalltown era una jovencita muy popular, la describían como bella, encantadora, divertida, emocionante y arriesgada. Jean era muy divertida. Siempre era divertido estar con ella. Creo que una cosa que la diferenciaba era esa compasión que sentía por los demás. Muchos de nosotros nos divertíamos, mientras ella se preguntaba por qué se hacían las cosas. Era muy adelantada a su tiempo, en muchos aspectos. Cuando tenía 14 años se unió a la Asociación Nacional para el progreso de la gente de color. Con 14 años ninguno de nosotros formaba parte de la asociación, te lo garantizo, pero Jean sí. Imagínatelo. Marshalltown, un pueblo de Iowa, se le quedaba pequeño. Fue muy interesante crecer con Jean Seberg”.

Pasión era su segundo nombre. Todo lo que hacía lo hacía con pasión. Con esto me refiero a novios, posturas políticas y que alguien le sugiriese que podía saltar al panorama internacional y ser la próxima santa Juana”. (Bob Norris, amigo de la infancia)

El 13 de Noviembre de 1956, cuando Jean cumplió los 18 años, voló a Londres para el rodaje de ”Santa Juana” de Preminger, su corazón latía con fuerza. Llevaba consigo una Biblia de cuero blanco, fotos de sus padres, el símbolo de Marshalltown y una mazorca de maíz dorada, para que le diesen suerte. Sin embargo, al llegar a los estudios Shepperton su ilusión se vio empañada, ante el clima hostil que se encontró por parte de Preminger, decidido a perturbarla. Jean Seberg hizo todo lo posible para complacer al tiránico maestro, pero cada noche, tras el rodaje, sollozaba a escondidas: ”Es un tanque, es un hombre con muchísimo talento, es muy inteligente y listo, pero es una persona que aplasta y que aterroriza a la gente. Intimidaba mucho, gritaba… Es de la clase de persona que te insulta, que grita, que chilla. Gradualmente, me convertí en una especie de tortuga, me refugiaba en mí misma, cada vez más”, Jean Seberg rememorando su complicada relación con el mítico realizador. ”Después de ‘Santa Juana’, la criticaron, a ella y a la película. Estaba decidida a hacer un mejor trabajo la próxima vez. No recuerdo que Jean dijese ‘Ya es suficiente, esto es muy duro, no quiero hacerlo’. Siempre había algo más que quería hacer”, comenta su hermana.

Preminger, pese a lo estricto, exigente y duro que era, admiraba el talento y la fuerza interior que derrochó Jean Seberg durante su primer rodaje juntos, aguantando los malos modos del cineasta. Repitieron poco después, en la nostálgica ”Buenos días, tristeza”.

Jean Seberg, completamente decidida a superarse artísticamente, y demostrarle a Preminger que sí era una buena actriz, se preparó a fondo para interpretar su memorable papel de Cécile en esta película. Se mudó sola a Niza, aprendió francés, hizo todo lo que pudo para tener éxito y lograr resultar creíble en un personaje tan demandante: ‘‘Si me aplico, si trabajo mucho, si adoro mi vida y a los demás lo conseguiré”, le aseguró a su familia. Gracias a un joven crítico y posterior magnífico autor, François Truffaut, ”Buenos días, tristeza” despertó la gloria de Jean Seberg: ”Cuando Jean Seberg está en pantalla sólo la miramos a ella. Su mirada es preciosa, sus gestos son elegantes. La forma de su cabeza, su figura, sus andares, todo es perfecto. Su atractivo sexual no se ha visto antes en pantalla. Independientemente de que vaya con falda, vestido, bañador o con camisa de hombre con los extremos anudados en el vientre, o con una blusa discreta. Jean Seberg, con sus ojos azules y los reflejos de travesura masculina, carga sobre sus pequeños hombros toda la película, que no es más que un poema de amor de Preminger para ella”.

Truffaut contribuyó enormemente a que Jean Seberg fuera considerada una gran actriz y le abrió las puertas de la cinematografía gala, al igual que Godard: ”Fue gracias a la Nouvelle Vague. Eso fue. Especialmente por Truffaut, que en esa época, era crítico y me defendió, no como los otros críticos y Preminger. Creo que Truffaut y Jean-Luc Godard, quisieron que saliese en ”Al final de la escapada” con Jean-Paul Belmondo, cosa que me ayudó” (Jean Seberg).

Jean Seberg aterrizó en Paris un mes antes de comenzar a rodar “Al final de la escapada” (una película que marcaría a fuego su carrera). A principios de Agosto de 1959, conoció a Godard. ”El primer día de rodaje fue muy raro. No rodó casi nada. Observaba al pequeño equipo. Le parecían aficionados. Rodaban sin sonido y Godard hablaba durante las tomas. Él le daba el texto a última hora, era el método de Godard”. A ella le parecía muy extraño, así que quiso dejarlo después del primer día. Sin embargo, continuó, intrigada por lo que sucedía. En medio del rodaje, Seberg vio que, con estos métodos, Godard estaba captando, lo que definió como algo natural, verdadero y auténtico en ella. “La verdad. Es lo que quedará”.

”Conocí a Romain (Gary) cuando tenía 21 años. En ese momento, estaba casada. No iba bien, pero estaba casada con un joven francés, que quería conocer al cónsul francés de Los Ángeles y que me llevó al consulado para dejar su tarjeta. Conocí a Romain, que era el cónsul, y nos enamoramos” (Jean Seberg).

Tenía 24 años más que ella y no tenían mucho en común (diferentes orígenes, idioma o cultura), sin embargo, un día de 1959, el autor de ”La promesa del alba” y la actriz comenzaron una gran historia de amor que daría mucho que hablar. En el verano de 1962, Jean Seberg vivía sumida en el secreto, tras el nacimiento de su hijo Diego (oculto, para no poner en peligro, el divorcio de Gary y no comprometer la carrera de Jean en Hollywood con un escándalo), firmó con el estudio Columbia, en el cual le ofrecieron la película de Robert Parrish ”In the french style”. La cinta marcó su regreso al cine americano, tras un parón de tres años. Truffaut, que la alabó como actriz anteriormente, le ofreció el papel como protagonista femenina de ”Fahrenheit 451”. La actriz quería trabajar con este director proveniente de la Nouvelle Vague, pero al final François Truffaut escogió a la también estupenda Julie Christie. Jean Seberg se quedó muy decepcionada y le escribió una amable carta: ”Sólo pido poder trabajar algún día contigo. Espero que surja otra oportunidad. Te envío mis mejores deseos para ”Fahrenheit”. Desgraciadamente, nunca tuvieron la oportunidad de colaborar juntos en una película.

”Creo que todas las actrices tienen túneles. Ya en mi carrera, había tenido momentos en los que pensé ‘Me han olvidado. No volveré a trabajar’. Era infeliz y no encontraba películas que hacer. El problema es que los actores somos como caballos de carrera. Lo pasamos mal cuando la carrera se cancela”. (Jean Seberg)

”Lilith” fue el papel de su vida, según ella misma aseguraba (afirmación con la cual coincido). Fue la última película que filmó Robert Rossen. Este complicado papel de una esquizofrénica contribuyó todavía más a su deterioro mental, resultándole difícil discernir realidad y ficción: ”Quería hacer una película en la que pudiese intentar no mentir. Todas esas películas, en las que se ve a la gente gritar y gesticular están absoluta y vergonzosamente mal. Lo cierto es que la locura, excepto la locura total, no se puede fotografiar. Es como una cámara que tiene mucha definición y luego saca todo borroso. Luego vuelve a estar definido y, de nuevo, borroso. Es algo fascinante y nosotros no lo mostramos. Eso es lo que me mata. Esa gente es la más brillante, lúcida, sensible, dulce y graciosa y, de repente, sucede eso y es horrible” (Jean Seberg).

Comprometida con la lucha por la igualdad racial (formaba parte de los Panteras Negras, lo cual propició que fuera investigada por el FBI), durante el verano que rodó ”Lilith” creció el movimiento por los derechos civiles y se preparó la marcha en Washington en Agosto de 1963, liderada por Martin Luther King. Marlon Brando también fue otro de los rostros conocidos que apoyaron intensamente la causa de los negros. Jean Seberg trabajó mucho para ayudar a la gente de color. Aunque era americana se sentía incómoda en esa sociedad que promulgaba el odio y la discriminación entre razas (y en el aspecto profesional, cada día, estaba más desilusionada con los papeles le llegaban desde Hollywood). ”Me enfurece que aquellos que tienen que conocer la industria del cine, vengan aquí, como ya ha sucedido y que no conozcan a Truffaut y que no sepan que Belmondo es una estrella en Europa. Todo está tan cerrado que parece algo lunar. Parece que estás en otro planeta. No me gusta” (Jean Seberg).

Jean Seberg buscaba insistentemente su lugar, sintiéndose una extranjera en todas partes. ”Echo de menos Iowa, especialmente el verano, ya que recuerdo las vacaciones en la granja de mi tío. Sueño con tener algún día una casa cerca de Marshalltown, con muchas tierras y muchos animales. Ese viejo axioma es cierto, no puedes quitar la granja a la chica”.

Su último marido, Romain Gary, acrecentó su actividad literaria. La actuación y la escritura solían separarlos, pero, cuando podían, viajaban juntos e intentaban verse. Jean Seberg acompaño a su marido a Budapest y él asistió al rodaje de ”La ruta de Corinto” de Chabrol en Grecia. Romain soñaba con la cinematografía, albergaba el deseo de dirigir una película. En 1968, adaptó una de sus novelas al cine, ”Los pájaros van a morir al Perú” y le dio el papel de Adriana a su esposa Jean Seberg (un personaje que había sido creado a su medida). En la cinta había escenas eróticas y secuencias de una gran dificultad a nivel interpretativo. Lo que debía de ser una prueba de amor hacia su mujer se convirtió en un cáliz envenenado. El film, en vez de unirlos, los distanció.

”Hay muchas películas que no conozco. Vi unas cuantas cuando estaba viva. Le pareció divertido llevarme a ver ”Aeropuerto”, que había sido un éxito en Estados Unidos. Ví ”La leyenda de la ciudad sin nombre” porque fui al rodaje, fue magnífico. Fue un momento en el que me sentía cerca de mi madre. Mi madre tuvo una aventura con Clint Eastwood, es una pena porque creo que mis padres se quisieron hasta el final”. (Diego Gary, hijo de la Seberg)

”Estaba loco por Jean Seberg” (Clint Eastwood le confesó a su biógrafo). Después de 40 años sin hablar públicamente de su affaire con Jean Seberg, Eastwood comenta: ”Ya hace mucho tiempo de eso. Cuando estábamos rodando juntos, su vida era perfecta. A ella le gustaba el lugar donde filmamos, porque le recordaba a Marshalltown, su ciudad natal. Creo que sentía nostalgia. Guardo un buen recuerdo de eso. La película no era una maravilla, pero fue un momento estupendo. Yo la adoraba. Pude verla como actriz en el rodaje y como persona, alguien que vivía un gran momento. Creo que no hubo mucha gente que pudiese ver eso. Hablábamos sobre la familia, los amigos, las relaciones, el amor…”. Para Jean Seberg, Clint Eastwood era tan atractivo como Gary Cooper. ”Me hubiese gustado tener una foto de ella, en la que fuese ella misma, ya que creo que su verdadera personalidad, nunca se vio en pantalla. Era encantadora. Nos vimos en París, un tiempo después. Yo quería hablar con ella. Hablamos muy poco, pero parecíamos desconocidos”. La entrevistadora le pregunta: “ ¿Nunca la olvidarás?”, y él responde sinceramente: ”Eso creo. Ella fue muy importante en mi vida, sí”-.

A principios de 1968, Jean se mudó a Beverly Hills. Continuó apoyando la lucha por los derechos civiles y abrió sus puertas a los activistas negros. El Partido Pantera Negra de Los Ángeles se volvió más radical. En todo el país, los jóvenes acudían a la causa. En ese momento, Jean Seberg conoció a un hombre negro que cambió su destino, se llamaba Hakim Jamal, era un personaje peligroso y avaricioso, fascinado por el espectáculo y que detestaba a los blancos. Jean tuvo un romance apasionado con él. Incapaz de pararla, Romain Gary escribió ”Perro blanco” y la dejó. Jean Seberg entró en una época tormentosa y deprimente. En una carta para su madre, Seberg le habla de todo, principalmente de su necesidad de proteger a su hijo Diego del divorcio y de sus miedos.

”Toda mi vida, desde que tenía 13 años, he luchado por los estadounidenses de raza negra. Con los años, mi compromiso ha crecido. Al rodar ”Aeropuerto” en Los Ángeles trabajé con los Panteras Negras, personas a las que aprecio mucho” (Jean Seberg).

Su profunda implicación con las personas de raza negra provocó las sospechas del FBI. J. Edgar Hoover abrió un expediente sobre ella y, durante dos años, se inspeccionó su vida (pincharon su teléfono y registraron sus movimientos). Pretendían silenciarla. ”Como apoyé a los Panteras Negras y los financié abiertamente, fui víctima de un complot del FBI que fue muy lejos”. Cuando Jean Seberg se quedó embarazada de nuevo, el FBI quiso arruinar su imagen pública y dijeron que el padre del niño era un líder negro. La noticia, inventada, tuvo mucha repercusión y se convirtió en un escándalo en Estados Unidos. A raíz de eso, su carrera americana y su vida se vieron seriamente dañadas. Fue una víctima de los ataques del FBI, muchos los señalan como los causantes de su suicidio. ”Fue devastador para ella. No creo que su fama se viese interrumpida por esos ataques. Fue la falsedad, mentían sobre ella. Ella estaba perdiendo su voz para expresar quién era. Llegó un momento en que perdió el control de su destino” (Bob Norris, amigo de la infancia).

”Cada día que llegaba, la grababa. Grabé a Jean así, durante dos meses y medio, así como todo el trabajo que hacía delante de la cámara, mientras yo hacía este ejercicio técnico. Era una actriz estupenda. Si estábamos en un hotel, agarraba la cortina e interpretaba la obra dramática de forma conmovedora y con mucha violencia delante de la cámara. En cuanto cortaba la grabación, volvía a ser una persona totalmente serena. Con ella, esta tensión dramática era una forma de actuar. La veía como una especie de referencia, cada vez, que intentaba conseguir algo más de un actor. Su forma de ser, el trabajo que hizo”. (Philippe Garrel, director de una de sus últimas películas, ”Les hautes solitudes”)

1970 fue un año horrible para Jean Seberg. El 20 de Agosto Jean dio a luz a una niña prematura y mortinata, a la cual llamó Nina (por la madre de Romain Gary, ambos ya estaban separados pero él reconoció a la pequeña de todos modos). Jean Seberg estaba destrozada ante la muerte de la niña y se sumió en una locura persecutoria, poco antes de enterrar al bebé en Marshalltown. El cuerpo de la niña estuvo expuesto en un ataúd de cristal durante dos días, en los cuales se pudo comprobar claramente que el FBI había mentido y su hija era blanca, no teniendo más remedio que rectificar. Unos años después de la muerte de Jean Seberg, el FBI declaró que había mentido sobre la actriz para neutralizarla. Jean Seberg pasó sus últimos años en París, al lado del piso de su ex marido Romain Gary, que se volvió como en un segundo padre para Seberg: ”Mi padre volvió a demostrar lo maravilloso que era. Mi padre intentó protegerla de sus demonios y cuidarla, ya que siempre quiso cuidarla hasta el final” (Diego Gary, hijo de la Seberg).

A principios de 1971, Jean Seberg encontró el amor de nuevo de la mano del joven cineasta Dennis Berry. Una semanas después de conocerse se casaron en Las Vegas: ”Sabe quién es, donde va… Lo que quiere hacer y que yo le quiero. Cuando nos conocimos, vino y me dijo ‘Es como si ya te conociese’ y yo le dije ‘A mí también me pasa’. Después de esto, hizo una auténtica locura, dijo ¿Puedes hacer algo por mí? y yo le contesté ‘Haré todo lo que quieras’. Dijo ‘Bésame’. Nos besamos antes de tener una oportunidad de hablar. Fue amor a primera vista, una atracción inevitable e irresistible. Aunque fuésemos de mundos diferentes, dos estadounidenses, extranjeros en París, obsesionados con los Panteras Negras, con el socialismo, la revolución, la libertad, con la idea de reinventar el mundo. Hubo una afinidad inmediata”, relata Dennis Berry.

Fueron Otto Preminger y J. Edgar Hoover, dos de los mayores culpables del declive personal y profesional de Jean Seberg, los que contribuyeron más a su destrucción emocional definitiva. En los 70, tras muchos intentos de suicidio, fue de clínica en clínica. Romain Gary intentó salvarla, pero no lo consiguió. ‘‘Compartí momentos trágicos con ella. A veces hablaba sola, cuando yo estaba en la habitación. A veces, a las tres de la mañana, tenía que llamar a Warren Beatty para mostrarme que era amiga de las estrellas. Nunca supe exactamente que enfermedad tenía, si es que tenía alguna. Lo mismo fue agotamiento nervioso por todo lo que había vivido”. (Diego Gary, hijo de la actriz).

Jean Seberg se suicidó mediante una excesiva ingesta de barbitúricos el 30 de Agosto de 1979 cuando contaba con 40 años, su cuerpo fue hallado en el interior de su automóvil, estacionado en un distrito de moda de París. En su mano, se encontró un papel arrugado que contenía las siguientes palabras: ”Querido Diego: Ya no puedo soportar estos nervios. Perdóname. Se fuerte. Jean”. Un año después, Romain Gary también pondría fin a su existencia, dejando una escueta misiva: ”No es por Jean Seberg”.

Tu prima.
Yuna

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Comentarios

David - 13.09.2014 a las 22:21

Me ha enganchado tu artículo Tanto que detenidamente lo he leído 2 veces. Otra más rápido para recapitular.

Habiendo disfrutado de muchas de las películas en las que actuó, reconozco que desconocía casi todo sobre su vida.

Te agradezco un articulo que considero muy meritorio por ilustrarme y por obligarme a (re)ver de nuevo películas muy apreciadas con nuevos ojos.

Más tan buenos, por favor.

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