Recordando clásicos: Tres imprescindibles para Navidad

Recordando clásicos: Tres imprescindibles para Navidad

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Querido Teo:

Si habéis salido últimamente de casa os habréis dado cuenta de que misteriosamente las calles se han llenado de luces, los escaparates se han engalanado cual pavos reales y la gente ha comenzado a sentir una necesidad compulsiva de comprar lotería y es que sí, amigos míos, ha llegado la Navidad. Como vivimos en una época un tanto peculiar y soy “millennial”, lo normal sería que os dijera que la Navidad es una fiesta artificial creada únicamente para fomentar un consumismo compulsivo, pero queridos lectores a vosotros no os puedo mentir, me encanta la Navidad.

Siento fascinación por el ritual de poner el Belén en casa, preparar las comidas familiares y las cenas con los amigos, pasar horas buscando regalos y la sensación de descubrir los paquetes en los zapatos la mañana de Reyes, en resumen adoro todos y cada uno de los rituales navideños y, por supuesto, entre ellos ocupa un puesto de honor visionar películas navideñas.

Puede parecer mentira pero Antena 3 no inventó las películas de personas estresadas o niños desatendidos que descubren el amor y la felicidad gracias a Papá Noel y a la magia de la Navidad, Hollywood lleva explotando el filón de los sentimientos navideños desde hace muchos años y gracias a ello tenemos una lista infinita de títulos para ver más allá de los telefilms del grupo Atresmedia.

“El bazar de las sorpresas” (Ernst Lubitsch, 1940)

Alfred Kralik trabaja como dependiente en un pequeño bazar de Budapest, su vida transcurre sin sobresaltos hasta que comienza a mantener una relación por correspondencia con una mujer a la que conoce gracias a la sección de anuncios del periódico. Carta a carta surgirá el amor, mientras la Navidad llega a la tienda y con ella Klara Novak, una nueva dependienta con la que no encajará del todo.

James Stewart da vida a Alfred, con una de las interpretaciones más logradas de su carrera confeccionando ese personaje bonachón que siempre le caracterizó pero aquí dotado de cierta mezquindad que se hace patente sobre todo en su coprotagonista, una Margaret Sullavan pletórica, que ilumina la pantalla con su sola presencia y gracias a la cual cogemos cariño a un personaje cuanto menos extravagante.

Dirigida por Ernst Lubitsch, su inconfundible sello se siente en cada fotograma (atentos a la elipsis del principio de la película o a las imágenes que nos regala en el pequeño almacén) y en la historia, porque si bien es cierto que la película gira en torno a nuestros enamorados, hay todo un plantel de maravillosos secundarios cuyas aciagas desventuras ponen la nota amarga, la nota cínica a una historia que en otras manos hubiera pecado de exceso de azúcar. Porque, a pesar de que mucha gente dice que con esta cinta Lubitsch se disfraza de Capra, lo cierto es que su toque es inconfundible.

“Te volveré a ver” (William Dieterle, 1944)

Durante las fiestas navideñas una reclusa vuelve a casa de permiso penitenciario, durante el trayecto conoce a un militar con graves trastornos y entre ellos surge una bonita historia de amor. Con esta película he hecho un poco de trampa porque, a pesar de que transcurre durante las fechas navideñas, no es el espíritu navideño lo que mueve a los personajes, más bien la época del año es puramente incidental y realmente nos encontramos ante una historia de segundas oportunidades, de personajes rotos que se cruzan para recomponerse y construir un lugar en el mundo, pero es que la película me entusiasma tanto que tenía que recomendarla.

Parte de la fascinación que siento por ella reside en que no sólo nos encontramos ante un fantástico melodrama romántico, sino que también se trata de una de las primeras películas que trataron las consecuencias de la guerra, aquí parecen esas mujeres supervivientes y hombres rotos que más tarde veremos en películas como “El reloj” (1945) o “Los mejores años de nuestra vida” (1946), podemos decir que “Te volveré a ver” es un precedente de esas obras.

Maravillosa y, aún a día de hoy, angustiosa la escena del ataque de pánico de Joseph Cotten, una escena adelantada a su tiempo con esa voz en off y esos primeros planos que muestran la maestría de William Dieterle. Porque en esta cinta, igual que en la anterior, se observa la importancia de alguien con talento detrás del timón, es probable que en manos de otro hubiera quedado un melodrama del montón, pero Dieterle estaba dotado de una sensibilidad especial para retratar amores imposibles y logra equilibrar los elementos para construir una maravillosa historia sobre el poder del amor y la importancia de la familia como elementos redentores.

“La gran familia” (Fernando Palacios, 1962)

Producida y escrita por Pedro Masó, “La gran familia” narra las andanzas a lo largo de un año de una familia numerosa en la España de los años 60 y podemos decir que cuenta con el dudoso honor de pertenecer a ese subgénero de cintas calificado como propaganda franquista, caracterizado generalmente por gozar de una calidad inversamente proporcional a su éxito en taquilla. Como si de un portal mágico se tratara, la película introduce al espectador en un paraíso en blanco y negro, una España bucólica en la que con esfuerzo y una sonrisa todo puede lograrse, incluso sacar adelante una familia con 15 hijos.

Tras esta carta de presentación os preguntareis porqué recomiendo semejante bodrio, pues porque, señores, esta es una de esas películas que se saltan todas las barreras de la razón y van directas al corazón. Gracias a un maravilloso libreto la cinta está plagada de lugares comunes fácilmente identificables por todos, que apelan a sentimientos puros y que pasan de generación en generación.

Pero no sería justo acabar el comentario sin hacer mención al reparto, porque si ésta inverosímil historia se sostiene es gracias a la simpatía que despiertan un conjunto de actores que (me vais a permitir la manida frase) están en estado de gracia, y es por su buen hacer que sentimos a los personajes como parte de nuestra familia. Alberto Closas y Amparo Soler Leal como modélicos progenitores están sublimes, todos los niños cumplen sin ningún tipo de tacha pero, si alguien destaca por encima de todos, es el gran Pepe Isbert que, como toda leyenda, vuelve a demostrar una vez más que es uno de los grandes de nuestro cine y, con permiso de Alfredo Landa, el abuelo por excelencia de España.

Al ser una película episódica hasta el minuto 70 no llega la Navidad, para mí la mejor parte de la película, así que debéis tener paciencia porque es entonces cuando todos los resortes encajan para darnos una de las secuencias más conmovedoras y famosas de la historia de nuestro cine, convirtiendo “La gran familia” en una cinta imperecedera y, desde luego, imprescindible durante estas fechas.

Tras estas recomendaciones sólo me queda desearos una Feliz Navidad y, como este es mi último artículo del año, también un Feliz Año Nuevo. Que el 2019 sea por lo menos tan buen año como éste que acaba, ha sido un placer guiaros estos meses por la senda del cine clásico y, espero, queridos lectores, que sigamos descubriendo películas juntos durante mucho tiempo.

¡Un abrazo fuerte y felices fiestas!

Mrs. Nuir

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Comentarios

Asunita - 30.12.2018 a las 17:06

Me ha gustado mucho la gran familia
Gracias por recomendarla
FELIZ AÑO

Delio - 13.01.2019 a las 11:09

Tres excelentes películas y gran elección.

merche - 17.01.2019 a las 21:05

Como siempre un artículo impecable !!!

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