San Sebastián 2014: “Mommy” y “Boyhood”, ser padres, ser hijos

San Sebastián 2014: “Mommy” y “Boyhood”, ser padres, ser hijos

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Querido primo Teo:

La familia, sus problemas, sus dificultades, sus distintas tipologías, incluso su ausencia… Es un tema eternamente presente en el cine. Cuando la semana que viene se baje el telón de este Zinemaldia a buen seguro habremos conocidos varias familias de las que algunas pasarán a formar parte a esa colección de “familias de película” favoritas.

Una que por derecho propio pertenecerá a ese selecto grupo será “Mommy”, la película de Xavier Dolan que prosigue su avance triunfal (Cannes, seleccionada por Canadá para los Oscar 2015, etc…), y que se ha presentado en la sección Perlas. E irá acompañada por “Boyhood”, la esperadísima, y ya en cartelera, película de Richard Linklater, que en San Sebastián recibirá el Gran Premio FIPRESCI. Sería este un buen momento para dejar constancia que ambas son ese tipo de experiencia que resulta tan personal que, aunque escribamos folios y folios sobre ellas, las palabras no serán nunca capaces de captar sensaciones y emociones.

“Mommy”, la insoportable levedad del ser

La película de Dolan tiene como hilo argumental la relación maternofilial y, sin embargo, los verdaderos protagonistas de la película son el abandono y la ausencia. En todos sus matices y posibilidades, voluntarios o no, pero constantes en todas las relaciones que la cinta presenta. Las fotos como mudo testimonio de quienes se fueron; las disputas de los que ahí siguen, luchando por salir adelante; y el vacío. Ese hueco que dejan en los abandonados, aquellos que la vida y las circunstancias apartan de su camino.

“Mommy” presenta tantas facetas y detalles que parece casi improbable que alguna de ellas no pellizque algún punto sensible del espectador. El director ha logrado un equilibrio tal entre la vertiente artística, la solidez de la historia y el tratamiento cinematográfico poco convencional de un tema que lo es tanto como la familia que el resultado final es redondo y sutil. Un ejercicio de buen cine, con una fotografía y una banda sonora cuidadas y estudiadas hasta el milímetro, unas interpretaciones magistrales, etc… Todo ello bajo la dirección de alguien que aún no ha cumplido treinta años.

La película, además, nos sitúa ante un abismo; el de la importancia que tienen los lazos humanos, esa que cada uno le da a los vínculos afectivos. Su eliminación nos puede dejar mutilados emocionalmente, pero capaces de afrontar una nueva partida. La enseñanza terrible de nuestra propia levedad.

“Boyhood”, crecer, vivir

“Boyhood” tiene una premisa maravillosa, la de un rodaje que se ha alargado varias semanas cada año, durante doce. Sin embargo según avanza la película, nos damos cuenta que no es el experimento lo que nos está atrapando, es la vida. Es tan simple y fácil como eso. Linklater nos lleva a visitar a la familia, esa que vemos un mes cada año, y nos ofrece los detalles para que rellenemos las lagunas que el tiempo deja.

Las relaciones de una ex pareja con sus nuevos conyuges, de los hijos con los padres, etc…, no hay un exceso narrativo que nos ponga el día. Así como el protagonista, Ellar Coltrane, descubre su pasión por la fotografía, aquí el verdadero fotógrafo es Linklater, que nos ofrece instantánea tras instantánea los retratos de gente normal, que vive, que ama, que crece.

Y la experiencia es tan refrescante que uno no puede más que dejarse llevar en este viaje. Richard Linklater no entiende de artificios, y su sinceridad desarma.

Tu prima.
Rodasons

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Comentarios

Carlos - 21.09.2014 a las 11:54

Gracias por análisis tan poderados y humanamente enfocados.

rodasons - 22.09.2014 a las 02:22

Pues creo que no hacen justicia a las películas. Dos joyas muy diferentes.

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