Sesión de cine-cebolla: “Gran Torino”

Sesión de cine-cebolla: “Gran Torino”

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Querido primo Teo:

En la edición más veraniega de sesión de cine-cebolla, Clint Eastwood se vuelve a convertir en el protagonista de nuestra sección. Esta vez lo hace con su penúltima película como actor, “Gran Torino” (2008). Probablemente, ni siquiera estemos ante la película más destacada que Eastwood dirigió aquel año (también estrenó “El intercambio”), pero no hay duda de que “Gran Torino” consiguió calar entre el público y especialmente entre los mayores aficionados del veterano cineasta. La película debería haber sido el testamento de Clint Eastwood como actor, pero su amigo Robert Lorenz le convenció para que volviera a ponerse delante de las cámaras en “Golpe de efecto” (2012). Por su papel en “Gran Torino”, Eastwood ganó el premio de la National Board of Review al mejor actor.

Walt Kowalski es un veterano de guerra extremadamente racista. Un viejo cascarrabias muy en la línea de su personaje en “Million dollar baby” (aquí también hay problemas con su familia y con la Iglesia), y con claras reminiscencias a algunos de los personajes más emblemáticos de su carrera. Walt inicia la película hundido por la muerte de su mujer, pero el personaje dará un giro de 180º cuando comience intimar con sus jóvenes vecinos asiáticos. El anciano se convierte en el protector de los hermanos Thao y Sue, que sufren el acoso de una banda callejera liderada por su primo. Walt intimará especialmente con Thao, con el que acabará estableciendo una relación casi paternal y al que tratará de convertir en un hombre, siguiendo sus métodos poco ortodoxos. Pero las cosas se complican cuando la banda de matones tirotea la casa de sus vecinos y viola a la joven Sue. Es entonces cuando Walt, que acaba de recibir la noticia de que sufre una grave enfermedad, decide tomar una drástica situación.

Para comentar la parte final de la película, recibimos a un buen amigo de la web. El crítico de cine Miguel Ángel Fernández (más conocido como Harry Callahan), colaborador de numerosos medios y co-presentador del programa radiofónico “Adictos al espectáculo” de Todo Radio FM.

“Gran Torino está planteada como un western clásico urbano, en el que no falta duelo final. Y ante él estamos. Kowalski, en la oscuridad de la noche, aparece desafiante, plantado en el exterior de la guarida de los pandilleros. Les desafía. Éstos, pertrechados con armas de toda clase aparecen en franca desproporción numeraria. Llega el clímax y la chispa salta. La diferencia aquí está en que Walt les vencerá a todos con un gesto, inesperado para el espectador, pero hábilmente ideado por su personaje. Una excepción al clásico final de película del oeste que sorprende y hace que la inmensa generosidad de aquel viejo cascarrabias nos haga humedecer, incontenidamente, los ojos. Lo siguiente, son un encadenado de secuencias, que hacen terminar el filme del mismo modo que comenzó. Y una ultimísima en la que el chaval, ese joven que le debe la vida y el futuro a aquel tipo al que le unió el azar, conduce hacia delante, en preciosa metáfora, orgulloso, el flamante Ford Gran Torino del 72 al que homenajea el título de la película, mientras la voz ajada y vivida del viejo Eastwood entona, las estrofas iniciales del tema Gran Torino, compuesto para la ocasión por él mismo, su hijo Kyle, Michael Stevens y Jamie Cullum, que lo terminará de completar. Mejores títulos de crédito no soy capaz de imaginar”.

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Tu primo.
Janaji

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