Sitges 2019: De hijas adoptivas a manos con vida

Sitges 2019: De hijas adoptivas a manos con vida

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Querido primo Teo:

Segundo día de seis películas seguidas, y aguantando mejor que ayer. Mañana sólo son cinco.

Nos hemos despertado con “Pelican blood” de la alemana Katrin Gebbe. Cinta demasiada lenta lo que hace que su larga duración (126 minutos) se convierta en un infierno. Durante parte de la misma (casi dos horas) te preguntas qué hace esa película en el Festival, luego el final evoluciona un poco y le puedes dar un sentido, pero poco. Una madre soltera que ya tiene una hija adoptiva, adopta otra y ésta sólo le va a crear problemas, cuya solución, en principio, parece ser que le faltan años de amor y cariño ya que no los tuvo de bebé. Todo eso ocurre en una casa con establos donde la madre adiestra a los caballos de la policía para enfrentarse a manifestantes.

En realidad, la película no es mala, lo que es densa y aburrida, si le quitas media hora larga de paja y le das un poco de ritmo hubiera estado muy bien. La niña pequeña hace un gran papel y es una lástima que no se le valore en su justa medida debido al resto de la cinta. Te mezclan la historia de la adopción y todas sus consecuencias con los entrenamientos policiales y el affaire de la protagonista con uno de los policías. Demasiadas cosas que al final no influyen en el resultado. Casi que nos hubiéramos podido quedar durmiendo.

Por suerte, la siguiente ha sido una pequeña alegría, “Ven con papá”, con Elijah Wood (Frodo por si se te despista). Es una película bastante ligera con dos partes muy diferenciadas. La primera parte trata de la relación de un padre con un hijo que no se han visto en 30 años, ésta nos lleva a conversaciones caóticas, momentos extraños y situaciones anormales. La segunda, que es cuando se destapa todo, se transforma en una pequeña salvajada con mucho humor, mucha locura, sangre y muerte. El personaje de Elijah es de lo mas estrambótico, niño de mama millonario sin saber cómo y sin saber muy bien a que se dedica, lo clava. Se pasa rápida y te diviertes, una alegría para estos días tan saturados.

Y luego, y por fin, he tenido terror. Se ha proyectado “Achoura”, de Talal Selhami, que la ha presentado como la primera película de terror marroquí, y teniendo eso muy en cuenta ha estado bien. La historia está basada en el folkore islámico donde existe una festividad en la que los niños son los protagonistas y además tenemos al Bougatate, el monstruo, que se le alimenta de niños y si están felices mejor. La fiesta es un festín para él. Basada en la actualidad, combina flashbacks continuos de los personajes en dos épocas anteriores diferentes y te va contando las apariciones del Bougatate y como les han ido afectando. Entre todos, ahora que son adultos y no cuando eran niños, harán lo imposible para conseguir librarse de la criatura, para siempre. Todo eso teñido de oscuridad y de música típica de este tipo de films pero que esta vez si que consigue el propósito de atemorizar, más que el Bougatate.

Y tras el monstruo, el anime. La primera que veo y la última, “Her blue sky” de Tatsuyuki Naga, director de “El himno del corazón”. La ha presentado junto a los actores y estaban encantados de estar aquí y de cenar jamón. Cosas de japoneses. Es una vuelta de tuerca a las historias de espíritus. En este caso el de un joven que queda atrapado en un local de ensayo (toda la película gira en torno a la música) por no perder a su amada, mientras que su yo adulto se marchó a Tokio a hacerse famoso.

Años después vuelve al pueblo y se reencuentra con el amor de su vida y con la hermana de ésta, verdadera protagonista de la cinta, que está enamorada del espíritu. A partir de ahí empiezan los anhelos y desvelos entre los protagonistas, unos para recuperar el tiempo perdido y otros para evitarlos, a veces. Amistad, amor, juventud, madurez, música y sobre todo sentimientos y emociones que te afectan y pueden hacer que sueltes alguna lágrima, o varias o muchas.

Y mientras nos secábamos los ojos o mirábamos para otra parte, hemos entrado a “Adoration”, y hubiéramos debido no hacerlo. No es una película mala, pero la mires por donde la mires no es una película para este festival y menos para la sección oficial. El ambiente que se respira aquí y las ganas que tiene la gente chocan directamente con un film así. Vista en otro ambiente y de otra forma igual hasta gusta, pero aquí no. Pasaban los minutos y todos esperaban que pasara algo que justificara el estar allí sentado con el frio que hace dentro de la sala, pero no se ha producido el milagro.

El planteamiento es el siguiente. Una doctora que trabaja en un hospital psiquiátrico vive en un edificio colíndate a éste con su hijo adolescente. Un día internan a una niña y el chico se enamora de ella, ella lo cautiva y lo maneja y los dos se escapan. A partir de ahí, hora y pico de cinta con los dos por los bosques, intentando sobrevivir (con muy pocas penurias) y ya está. Un drama. No tenemos ya la sección oficial con bastantes películas, sólo falta que añadan cosas como ésta.

Y con el cabreo interno hemos ido a por la última, por suerte no los ha quitado muy rápidamente, era “¿Dónde está mi cuerpo?”, cinta de animación francesa de Jéremy Clapin. Con una animación un poco pobre para mi gusto en cuando a cadencia de imagen (era como si fuera a golpes, pero muy poco) pero que estaba hecha así a propósito, nos cuenta la historia de una mano que ha sido amputada de un cuerpo y la odisea de ésta por volver junta a su dueño desde el hospital hasta casa.

Si la película fuera sólo eso, estaríamos ante una obra maestra. Esa mano cortada (como si viéramos “La familia Addams”) transmitía mas sentimientos y emociones que muchas de las actuaciones que he visto en este Festival. Sentías tristeza, emoción, sufrimiento por todo lo que le acontecía a esa extremidad (en teoría sin vida). Por desgracia iban intercalando las aventuras de la mano con la historia del protagonista desde que es niño hasta el día en que trascurre lo anterior para que veamos cómo se la ha cortado y todo lo que le ha llevado hasta allí. Hay cosas interesantes y cosas que no aportan valor y frenan el ritmo que nos da toda la parte de la mano. Al final las dos historias confluyen en un punto y le dan cierto cierre a la historia. Lastima con lo grande que hubiera podido ser. Al menos ha sido la mejor manera de terminar el día.

Mañana encaramos la recta final con cinco, ya te lo contaré.

Tu primo.
Spooky

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