“Sociedades comparadas”

“Sociedades comparadas”

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Jared Diamond, mi geógrafo y antropólogo favorito, se ha centrado en algo que los políticos populistas suelen manejar con mucha soltura; la comparación de sociedades. Es su último libro y no es un comparativo estadístico, sino un ensayo tan entretenido y revelador como los que definen a este profesor de la Universidad de California en sus estudios anteriores. La pregunta que se hizo fue… ¿qué hace a las sociedades ricas o pobres?

Título: “Sociedades comparadas”

Autor: Jared Diamond

Editorial: Debate

Uno de los factores geográficos más importantes en la comparación es la latitud. Es habitual suponer que las zonas tropicales producen mejores cosechas que las templadas; y una de las razones es que en las zonas tropicales el período vegetativo de los cultivos dura todo el año, no sólo medio como en Italia o un par de meses como en Suecia y Canadá; pero, en general, estamos equivocados, los países situados en zonas tropicales son más pobres que los que están en zonas templadas. Tienen menor productividad agrícola y mayores problemas sanitarios.

Tras repasar la importancia climática y la geopolítica, llega a la cuestión más interesante. La influencia que tienen en la riqueza de los pueblos la calidad de sus instituciones. Hasta ahora nadie había estudiado así este aspecto, nuestras instituciones como origen de riqueza.

Al acceder a la independencia al final de la época colonial, muchos territorios ricos heredaron de sus colonizadores europeos instituciones de gobierno corruptas y casi exclusivamente extractivas. Son países que, en la actualidad, siguen debatiéndose con ese peso de la corrupción gubernamental. Por el contrario, en aquellos sin una población indígena que pudiera explotarse, los colonos tuvieron que trabajar para ganarse la vida y crearon gobiernos con instituciones no extractivas que recompensaban el esfuerzo.

Un ejemplo claro de esta diferencia lo observa Jared en los cinco países centroamericanos. Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. “Cuando los españoles llegaron a Centroamérica, la zona más rica y poblada al sur de la actual frontera mexicana era el territorio que hoy llamamos Guatemala. Los españoles gobernaron toda esa zona mediante un capitán general. La base económica del llamado Reino de Guatemala era la extracción de minerales y el trabajo indígena a través de un opresivo gobierno colonial basado en la presencia de soldados y sacerdotes españoles. Por el contrario, Costa Rica, con escasos recursos naturales y pocos indígenas a los que explotar, sólo atrajo a europeos dispuestos a trabajar para sí mismos. Los colonos de Costa Rica crearon instituciones de corte europeo para gobernarse, porque no había suficientes nativos que utilizar como mano de obra ni demasiados recursos que extraer. Es decir, hasta hace poco Guatemala era la zona más rica de Centroamérica, y Costa Rica la más pobre”.

En la actualidad Costa Rica es el territorio más rico de América Central. Su renta per cápita duplica la de sus vecinos. No ha sufrido dictaduras, abolió su ejército en 1948 y su Iglesia es más liberadora que represiva. Tan sólo en Costa Rica se castiga la corrupción. Hubo un momento hace poco que cuatro ex presidentes costarricenses coincidieron en la cárcel por corrupción. Alguien dirá: «¿No es terrible que un país tenga cuatro ex presidentes encarcelados por corrupción?». Es terrible, pero peor es tener tan sólo uno que, habiendo sido corrupto, siga sin haber sido condenado.

Jared demuestra que las instituciones sanas producen riqueza contante y sonante. Los tribunales de cuentas inútiles, los jueces partidistas, los inspectores que no inspeccionan, las cámaras parlamentarias que cobijan corruptos, las familias que enchufan familiares, los partidos que se financian con dinero negro, los medios de comunicación que se venden, o los concursos públicos a medida, son el producto de instituciones enfermas. Sólo ofrecen riqueza a unos pocos y pobreza a la mayoría. En menos de 100 páginas Jared ha escrito esta vez un libro pequeño sobre realidades grandes.

Carlos López-Tapia

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