“Speakin´ de cine en jazz”

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El autor, y colaborador musical en nuestra web, nos propone un viaje por el jazz y el cine, preludiándolo con un recorrido histórico muy interesante, sobre la unión de la música y el cine desde los inicios de este. Como él mismo aclara, son todas las que están, pero la limitación inevitable para todo lo que no sea una suma enciclopédica le obliga a elegir y su selección define al libro. Cuando debe elegir entre el buen cine y el buen jazz, salva la musica para contarnos como se utiliza, con que propósito y como se empléan sus cualidades.

Título: “Speakin’ de cine en jazz”

Autor: Manuel Antonio Menéndez López

Editorial: Entrelíneas

Nota de la Redacción: Manuel Antonio Menéndez domina como musicólogo y cinéfilo las claves de lo que nos cuenta, comenzando por la llegada al cine moderno del género musical con el que disfruta…. “Durante la década de los cincuenta inician sus trabajos musicales Raskin y Bernstein, lo que significa una entrada de aire fresco en los estudios, al incorporar composiciones de música pop y jazz. Sus trabajos han servido de puente entre el Hollywood clásico y la situación actual de las BSO. Es necesario subrayar que hasta esta época el jazz era siempre interpretado por grupos que aparecían en la película, es decir, die-getic music, pero nunca se había utilizado como composición para acompañar a las imágenes. ¿Por qué entonces se acepta el jazz como música seria?. Hay dos razones: una de peso, que es la económica, ya que era más barato contratar a grupos de jazz que mantener orquesta propia de música clásica; la otra, menos importante para el público en general, es estilística, puesto que es fácil la relación entre este tipo de música y el entorno urbano en el que se desarrolla la acción, además del propio sentimiento de decadencia. Esto queda patente en las palabras del propio Bernstein, quien, a propósito de la utilización del jazz en The man with the golden arm dijo: «La acción se desarrolla en los barrios bajos de Chicago; la presencia de la heroína, la frustración, los deseos, la desesperación y la muerte me hacen buscar una música que identifique todas estas emociones en nuestro país y, por supuesto, en las ciudades. La única que puede hacerlo es el jazz». Más claro, el agua. Los blancos han tratado siempre de relacionar el jazz con todo lo peor, desde sus inicios, cuando se la llamó música del diablo. Afortunadamente, Francia acogió con los brazos abiertos a este tipo de músicos, que, perseguidos en su país, en París encontraron la libertad y el reconocimiento. Esto permitió a la nouvelle vague, tan lejos de los prejuicios americanos, incluir este tipo de música en sus películas y, en consecuencia, poner ésta en el lugar adecuado.”

La relación elegida por el autor incluye algunas películas más que olvidadas y otras presentes en la memoria acústica del aficionado, sin excluir alguna que otra sorpresa. Son estas: “Ascenseur pour l’echafaud” (Ascensor para el cadalso); “Play misty for me” (Escalofríos en la noche); “Too late blues”; “Mort d’un pourri” (Muerte de un corrupto); “Mo’ better blues”; “In the heat of the night” (En el calor de la noche); “Alfie”; “À bout de soufflé” (Sin aliento); “Tirez sur le pianiste” (Disparar al pianista); “Cléo de 5 à 7” (Cleo de cinco a siete); “Shadows”; “Eva”; “Les liaisons dangereuses 1960”; “Begone dull care”; “Siesta”; “Le cercle rouge” (Círculo rojo); “Space is the place”; “Sweet smell of success” (Chantaje en Broadway); “Django legacy”; “Swing”; “Malcom X”; “The holy mountain” (La montaña sagrada); “Cry of jazz”; “The transporter” (Transporter); el cine de Woody Allen; “Bullit”; “People know” (Relaciones confidenciales); “Naked lunch” (El almuerzo desnudo); “Ranging Bull” (Toro Salvaje); “All night long” (Noche de pesadilla); “L’arme à gauche” (Armas para el Caribe); “Across 110th street” (Pánico en la calle 110); “Les tricheurs” (Los tramposos); “Paris blues” (Algún día volveré); “Round midnight”; “D. O. A.” (Con las horas contadas); “Odds against tomorrow” (Apostando al mañana); “New Orleans”; “Let’s get lose”; “All the fine young cannibals” (Los jóvenes caníbales); “Young man with a horn” (El trompetista); “Anatomy of a murder” (Anatomía de un asesinato); y “Days of wine and roses” (Días de vino y rosas).

Es de agradecer que Menéndez comparta con los lectores su experiencia y sólo echamos de menos en un libro “musical”, alguna dirección electrónica donde p€oder conectar con la música que nos propone. 

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Comentarios

riovan - 23.10.2009 a las 09:39

hola totalmente d acuerdo con el ultimo parrafo.

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