“Testosterona Rex”

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El cine ha sido, y la pantalla en general sigue siendo, el fijador y demoledor más poderoso de los roles jugados por la mujer en el último siglo. El cine es responsable de lo peor, transmitir el papel secundario y sumiso femenino, y de lo mejor, proponer la igualdad de sexos en todos los niveles de la ficción. Hasta la ciencia ha sostenido la diferencia en elementos biológicos esenciales. Por eso este libro es importante y así lo ha reconocido el premio a la mejor obra de divulgación científica de la cultura anglosajona.

Título: “Testosterona Rex”

Autor: Cordelia Fine

Editorial: Paidós

Abres “Testosterona Rex” y encuentras que arranca así: “Una noche, durante una cena familiar memorable, se me ocurrió decir que había llegado el momento de esterilizar a nuestro nuevo perro. Antes de seguir, me parece oportuno explicar que mi hijo mayor muestra un extraño interés, poco propio de un niño, por la taxidermia. Por eso, desde el momento en el que el travieso y cariñoso can entró en casa, mi hijo está empeñado en que, cuando muera, no lo mantengamos vivo únicamente en el recuerdo, sino también en el comedor, primorosamente conservado en formaldehido. A ojos de mi hijo, mi comentario sobre la castración del animal abría la puerta a una solución provisional a la espera de que llegara el día. Muy emocionado, soltó los cubiertos y exclamó: «¡Podríamos hacer un llavero con sus testículos!». Primer punto a favor de el libro de Cordelia Fine: sentido del humor en un libro de divulgación.

Cordelia es una británica hipereducada a la inglesa. Oxford, Cambridge y University College London; psicóloga, filósofa, vive en Toronto. Esto os da una pista del tipo de humor que salpica Cordelia a lo largo de su libro. Ganar el premio al mejor libro de ciencia de la Royal Society suele ser una garantía; suelo leerlos y “Testosterona Rex” lo ganó el año pasado. Confirmo una vez más lo de la garantía.

Cordelia, a sus 43 años, vive momentos de reconocimiento por su aportación a la comprensión sobre nuestra moral o nuestro comportamiento. Leer su obra explica su éxito, porque apalea conceptos, creencias, bases esenciales de la opinión generalizada sobre hombres y mujeres. Cada capítulo nos enfoca de manera distinta. Siempre incluyendo las explicaciones que justifican en la biología el estado de desigualdad entre el hombre y la mujer. Cordelia derriba con datos, o mostrando la falsedad de los manejados, hechos que parecen incrustados con naturalidad, como la mayor capacidad del hombre para reproducirse. Biológicamente posible pero, Cordelia lo demuestra sin perder el humor, socialmente imposible.

“A primera vista, el potencial reproductivo de los hombres parece sobrepasar el de las mujeres con toda facilidad. Tal como apunta la psicóloga Dorothy Einon: «En lo que una mujer tarda en completar el ciclo menstrual que produce un óvulo, un hombre podría eyacular […] cien veces» (aunque esperemos que dicho hombre no fuera tan infantil como para llevar la cuenta). Se estima que, en lo que se conoce como condiciones «óptimas» de reproducción, una mujer podría traer unos quince hijos al mundo durante su vida. Algunas mujeres incluso han logrado dar a luz a más retoños: se dice que la anónima primera esposa de un campesino ruso llamado Feodor Vassilyev pasó por treinta y siete embarazos que dieron lugar a sesenta y nueve niños. Por otro lado, el índice medio más alto registrado es de diez a once hijos por mujer y corresponde a la impresionante hazaña colectiva de las mujeres del grupo religioso comunal de los huteritas a principios del siglo XX. Y, tal como se apunta tan a menudo, un hombre tiene el potencial de producir diez veces más niños en un año. Y, como a menudo se recalca, parece inevitable que ello provoque diferencias en el murmullo evolutivo de nuestro seno. Este viejo cuento se escuda en que el techo de cristal no se sustenta solo en el sexismo y la discriminación (o al menos no del todo), puesto que en el corazón de las desigualdades está el susurro de la evolución. A los hombres les murmura: «Muy bien, sigue así, hijo mío. Sé que puede parecer contradictorio decirte que pasarte ochenta horas semanales en un laboratorio, donde cada día te vuelves más paliducho y esmirriado, y puede que incluso acabes raquítico, hará que decenas de mujeres jóvenes, preciosas y fértiles te encuentren más atractivo, pero tú hazme caso». Sin embargo, a las mujeres, la evolución les susurra: «¿Estás segura de que todo este esfuerzo merece la pena? ¿Por qué no te vas a casa y te dedicas más a los pocos hijos que tienes? Y, ya de paso, ¿por qué no te cepillas el pelo? Así brillará más, se te verá más joven». El enorme potencial reproductivo o el impulso evolutivo que lleva al hombre hacia una naturaleza sexual diferente, acaban por los suelos de los laboratorios sociales, donde nacieron y se manejan todavía con profusión”.

Cordelia elige para el “frontispicio” de su libro una frase de la novelista nigeriana, poeta y miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, Chimamanda Adichie: “Todos deberíamos ser feministas”. Dicho de otra manera, y conclusión de “Testosterona Rex”, es que no existe ninguna razón que se pueda apoyar en la biología para ser machista. Razones culturales hay muchas, pero nada en la ciencia que muestra Cordelia avala la diferencia. De lectura obligatoria para feministas amigos de los buenos argumentos.

Carlos López-Tapia

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