“Una borrachera cósmica”

“Una borrachera cósmica”

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El cine popular recibe, como debe de ser, una buena parte de la responsabilidad por muchas ideas preconcebidas. “Todos tenemos una idea de cómo era una taberna medieval y sólo el Señor sabe de dónde la hemos sacado. Tal vez de una película de Robin Hood y sus alegres compinches en los tiempos del buen rey Ricardo, escabulléndose del bosque de Sherwood y entrando en la taberna del pueblo”. Poco que ver con lo que dice la Historia; al igual que se puede decir de los “salón” del Viejo Oeste: Hollywood, por lo general, sitúa un gran saloon en el centro del pueblo. Se trata de un requisito de la trama, ya que obliga al héroe a enfrentarse con el villano Pero solía haber un montón de bares en el pueblo y en realidad el héroe y el villano podrían haber bebido tranquilos sin jamás toparse. El saloon era, por lo general un edificio angosto, preferentemente en una esquina, ya que así aumentaba la exposición de los letreros. Lo primero y más obvio que notarías sería el frontal falso. Era una fachada de dos pisos, clavada en la parte delantera de un edificio de una sola planta. Nadie sabe por qué los saloons se construían de esta manera. No engañaban a nadie. Resultaba físicamente imposible, a menos que te acercaras en línea recta perpendicular a la puerta principal, lo que era imposible si había edificios a ambos lados de la calle. Había ventanas falsas en el segundo piso y algunas veces incluso canalones para un techo inexistente. El frontal falso era una mentira universal y transparente que todos en América por alguna razón aceptaban. Te subes al entablado y las famosas puertas batientes no están ahí para darte la bienvenida. Las puertas batientes son un mito, o casi. Puede que existieran algunas en lo más profundo del lejano sudoeste de Estados Unidos, pero eran del todo atípicas, lo cual resulta obvio si piensas en ello: habrían sido absolutamente inútiles, incapaces de proporcionar privacidad o protección del frío. Se ven fantásticas en la pantalla, pero lo cierto es que las puertas de verdad eran de tamaño normal o casi. En cambio sí eran de doble bisagra y pesadas, así que podías hacer una entrada dramática siempre y cuando no dejaras que rebotaran y te golpearan la cara”.

Título: “Una borrachera cósmica”

Autor: Mark Forsyth

Editorial: Ariel

Cuando Mijaíl Gorbachov asumió el cargo de Secretario General del Partido Comunista en Marzo de 1985, nadie tuvo el menor presentimiento de la revolución en la que pensaba. Después de conseguir el control, su primera propuesta fue reducir el abuso del vodka. Leyes que perseguían a las personas que se emborrachaban en el trabajo, el aumento de los precios del vodka y la supresión en las películas de escenas en las que se consumía alcohol. Su programa consiguió que la producción se fuera al mercado negro, dejando un agujero de millones de rublos en los ingresos por impuestos, y visto en retrospectiva fue el primer fracaso, y también el primer paso de Gorbi hacia el desmembramiento de la Unión Soviética. El consumo excesivo de alcohol era parte fundamental de la existencia: permitía sobrellevar una vida cotidiana deprimente.

Mark Forsyth dedica un capítulo a los rusos en su historia particular de la afición del ser humano por distorsionar la realidad: “Una borrachera cósmica”. Otros capítulos nos llevarán a visitar un bar sumerio, una taberna del Renacimiento, una casa donde encontrar la raíz del pub inglés, un fiestón azteca y muchos otros lugares relacionados básicamente con el vino y la cerveza.

Mark Forsyth, cuya pasión son las palabras, creador del blog en inglés más visitado en torno a ellas y cuyo libro, “The etymologicon”, lo catapultó a la popularidad editorial al convertirse en el título más vendido de la Historia que los ingleses tienen problemas para pronunciar, escribe esta historia hace dos años para ordenar hechos con la ironía y el humor que le definen.

“Una simpática teoría que tiene que ver con las abejas: imagina un panal de abejas en el hueco de un árbol; de repente hay una tormenta, el árbol cae y el panal se inunda con agua de lluvia; tan pronto como tengas una parte de miel y dos partes de lluvia, comenzará la fermentación. Luego, si unos días después un ser humano sediento y primordialmente sobrio pasara por allí, se encontraría con algo maravilloso: aguamiel natural. Posiblemente la pruebe, ya que los humanos son muy aficionados a la miel. Esto sabrá igual que la miel, pero te dejará borracho. Es solo una teoría, pero es una bonita. De manera más prosaica, simplemente se necesitaría recoger y almacenar fruta en algún lugar razonablemente hermético. Entonces el jugo comenzaría a burbujear y muy pronto tendrías un vino muy primitivo”.

Algunas, demasiadas, de las ideas y seguridades que manejamos popularmente quedan en entredicho, gracias al rigor y el instinto para la duda de Forsyth. La lectura es un placer para cualquiera que tenga curiosidad histórica y tan sólo eche en falta un recorrido por el mundo del brindis, pero contiene varios temas para charlar ante unas copas.

Carlos López-Tapia

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