“Una cierta idea de mundo”

“Una cierta idea de mundo”

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (2 votos, media: 4,00 de 5)
Cargando…

Deja tu comentario >>

Listas de ejercicios caseros para que al terminar la cuarentena no nos movamos como el monstruo de Frankenstein; de recetas para cocinar en solitario o en compañía; de conferencias de Física o de Arte, más lo último, donde se encajan mejor las opiniones que en el mundo de Newton; de películas clásicas, mudas, o sobre epidemias; y, bienvenidas sean, de libros a porrillo, atendiendo a una premisa establecida y común: no leo más porque no tengo tiempo. También yo tengo una o, mejor dicho, he hecho mía la “lista” que acaba de publicar en forma de libro Alessandro Baricco.

Título: “Una cierta idea de mundo”

Autor: Alessandro Baricco

Editorial: Anagrama

La ha llamado “Una cierta idea del mundo” y, como es habitual en este tipo, es una etiqueta genial, porque la lectura acumulada hace exactamente eso. No tienes que moverte demasiado para hacerte tu propio mapamundi de sesgos, a base de papel. Recomendaciones elegidas entre los libros leídos por Baricco en los últimos diez años. Para él son los mejores, aunque no se postula a si mismo como “influencer”, ya que repite en más de una ocasión que los novelistas no ofrecen garantía de criterio masivo, otros sí, y Baricco parece confiar en sus opiniones: «Creo haber dicho ya que los guionistas raramente escriben buenos libros, pero en cambio sí que los leen, no sé por qué».

Hay literalmente de todo. Incluyendo la odiada novela negra por Alessandro, salvando de inmediato y únicamente a Fred Vargas. “La novela negra no me vuelve loco, odio el thriller. Lo digo tranquilamente y sin ningún tipo de orgullo. Simplemente no es para mí. Me produce malestar físico el hecho, muy apreciado por tantos otros, de tener que devorar un libro para saber cómo termina. Ya el hecho de que un libro «termine» lo encuentro poco elegante, imagínate si me puede gustar estar ahí sufriendo la tortura de uno que necesita quinientas páginas para decirme quién mató al cura. Tengo además que decir que no veo la proeza por ningún lado; que un lector llegue al final de un thriller es como alguien que tiene hambre y llega al final del tubo de las Pringles. Vaya cosa. Que se termine un plato de brócoli en la merienda y luego hablamos… Alimento cierta gratitud sólo por aquellos que se pierden por el camino: los que en su proceder hacia el nombre del asesino se demoran vagabundeando un poco, coleccionando mundo alrededor. Como un cazador que se pierde contemplando el campo o una mata de moras. El ejemplo clásico, en el ámbito policial, es Maigret: adoro que en lugar de buscar al asesino muchas veces se limite a esperarlo, reconstruyendo un mundo en torno a él. De ese modo lo leo y me transporto a París, siento el olor de las porterías, puedo rozar las sábanas de camas deshechas, saborear un Armagnac o percibir el viento que sopla sobre los puentes. El nombre del culpable me es a cada página más indiferente (a veces incluso a él, a Maigret). Si llego al final es sólo porque, de algún modo, permanece el deseo de poner todas las piezas en su sitio, pero sólo por eso, por completarlo, como cuando se endereza un cuadro colgado en la pared. Nada más”. Ya veis, incluso no estando de acuerdo con él, disfrutando de una buena trama criminal, Baricco ofrece argumentos interesantes.

Sus consideraciones, disquisiciones, sus pullas y rendiciones, hace que el placer de la lectura supere con creces el rechazo inicial que se pueda tener por este tipo de recopilaciones. Yo sé como se produjo el Big Bang, pero si lo cuenta Hopkins, no dudo; con Baricco también sucede. Clásicos (al menos uno de vez en cuando), novela histórica (a pesar de rechazarlas en general), ensayos de vida cotidiana, biografía, autores reconocidos, conocidos y casi desconocidos. De vez en cuando, con frecuencia medida, encontramos hasta consejos personales: “Pero conozco uno de sus principios que siempre consideré genial por su simplicidad -escribe sobre la caída de Napoleón-, y es que no existen planes acertados o equivocados, ni reglas mejores que otras. Existen solo planes que vencen y esos serán los que establezcan las reglas que otros, ingenuamente, adoptarán como reglas justas. Aplicadlo a vuestra vida diaria y descubriréis que no estaba para nada equivocado”.

Recopilación de trabajos publicados en la prensa, que os dará mucho más juego que la mejor de las listas: “Simplemente he elegido los mejores cincuenta libros de entre los que he leído recientemente, de los que hablo con los amigos cuando terminamos las discusiones sobre cine y política. Se merecían algo más”.

Carlos López-Tapia

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

  • Nombre
  • Correo Electronico
  • Comentario