"Una dacha en El Golfo"

"Una dacha en El Golfo"

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"La bicicleta verde" le viene a la mente al autor, ya que le pareció "milagrosa, en todos los sentidos: por la naturalidad y empatía con la que narra la historia de una niña y su madre, por su sentido del humor, por la carga crítica que fluye sin necesidad de esos subrayados que tantas veces acartonan al cine social europeo y, sobre todo, por el hecho de que fuera rodada, sin permiso, por una mujer saudí en territorio saudí". La memoria cinematográfica se activa al considerar el papel de la mujer, al intentar resumirlo, para contarnos la experiencia de dos años de vida de un escritor en uno de los rincones más ricos y con más esclavos modernos del planeta.

Título: "Una dacha en El Golfo"

Autor: Emilio Sánchez Mediavilla

Editorial: Anagrama

"Si miras un mapa de la península arábiga, verás que en la costa oriental surge una especie de protuberancia, como un dedo apuntando hacia Irán. Esa península es Qatar, y a la izquierda de Qatar, en dirección a Arabia Saudí, en algunos mapas, sólo en los muy detallados, hay un punto minúsculo. Eso es Bahréin. Y en la costa noroccidental de la isla de Bahréin, en un pueblo llamado Duraz (pronúnciese Diráas), estaba mi casa".

Para una inmensa mayoría de europeos, Bahréin no es mucho más que una escala camino de Oriente. En realidad ni siquiera es eso, aunque a eso suene. Un pasillo duty-free imaginado que reúne la mayor concentración de lujo posible. Esta es la ocasión para echar un vistazo al otro lado. El resultado del vistazo merece que la editorial lo haya elegido para inaugurar un premio literario a las crónicas.

Emilio ha transformado el "impacto" que todos sufrimos al caer en mitad de una cultura extraña y alejada, con la intención de adaptarse lo mejor posible. La crónica reúne política, economía, información social, entrevistas, y un "salpicón" de situaciones y costumbres cotidianas de todo tipo: "La carne de cerdo también se escondía. Los supermercados vendían este producto en secciones apartadas en un recoveco fuera de la vista, como la sección porno de los antiguos videoclubes. Había cajeras a quienes se les torcía la mirada de espanto cuando veían un paquete de bacon aproximándose a ellas por la cinta negra. Si el mozo que metía la compra en bolsas se daba cuenta, utilizaba una de las bolsas como guante y se abalanzaba rápido sobre el bacon para pasarlo él por encima del código de barras y alejarlo de la vista de la cajera, que sonreía agradecida y aliviada. Me parecía un gesto sencillo y hermoso".

Emilio es un escritor experto y capaz de mostrarnos con pocas palabras la imagen que deja una carretera: "Casas pobres de puertas metálicas en calles estrechas junto a chalés opulentos de colores pastel, balaustradas neoclásicas y altos muros; un palmeral junto a un descampado vertedero, descampado resaca de mercadillo, descampado pintoresco mezquita de fondo atardecer cielo rojizo, descampado cascotes de obras y coche desguazado, descampado granja con pollos y una palmera polvorienta, descampado campo de fútbol, descampado de críquet los viernes, día libre de los esclavos".

"Una dacha en El Golfo" se lee con una enorme facilidad, porque los golpes que nos propina al informarnos sobre la esclavitud, el privilegio, la protesta masacrada, el sometimiento femenino, está muy bien equilibrado con choques culturales a veces muy divertidos. El que una firma española tenga a su representante conectando con los inversores locales, sin saber que el nombre de la firma que representa suena como vagina en árabe, es un ejemplo muy claro.

Bahréin se convierte en algo mucho más interesante de lo que podíamos suponer gracias a Emilio, y no porque nos cuente el "sinpa" de siete millones de dólares de una princesa en un hotel de París, sino porque lo hace sin obviar la parte "dura" de una sociedad indeseable para la inmensa mayoría, que repugna nuestro sentido de la igualdad de derechos y oportunidades. Mi agradecimiento a una mujer, Carla, el móvil de Emilio para escribir una crónica tan buena.

Carlos López-Tapia

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