“Una perfecta educación”

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La popularidad de James Dean como icono de juventud se basa en el dilema del adolescente que aún no ha encontrado su propio camino pero no quiere seguir las huellas que le ofrece la generación de sus padres; Jerome D. Salinger dotó a Holden Caulfield del mismo espíritu de rebeldía desesperada contra el mundo de los adultos. Una generación se vio reflejada en el desvalimiento salvaje de estos jovenes y convirtió a Dean en inmortal y la novela “El guardián entre el centeno” en un referente contínuo. No obstante, en un primer momento, en 1951, la novela sólo se pudo publicar en Londres; hasta 1958, cuando se dejaron de confiscar los ejemplares que se importaban, ninguna editorial neoyorquina se atrevió a sacar una edición estadounidense. Esta novela revolucionaria inspiró a muchos autores que se han animado a plasmar el paso a la vida adulta, como acaba de hacer Curtis Sittenfeld en “Una educación perfecta”, y no hubiera tenido la menor posibilidad de publicarla en los cincuenta porque en vez de guardián, su protagonista es guardiana, una chica. HBO quiere serie.

Título: “Una perfecta educación”

Autor: Curtis Sittenfeld

Editorial: Siruela

Una novela puede empezar con una larga descripción, la del paisaje natural o urbano que va a ser el escenario principal de la historia, lo que en el cine se llama “mise-en-scène”, por ejemplo la que E. M. Forster hace de Chandrapore, en una prosa elegante, urbana, propia de una guía de viajes, al comienzo de “Pasaje a la India”; o con el corte de mangas a la tradición literaria de la autobiografía que hace J. D. Salinger con su protagonista de 16 años. : «… lo primero que probablemente querréis saber es dónde nací y cómo fue mi asquerosa infancia, y qué hacían mis padres y todo eso antes de tenerme a mí, y toda esa basura a lo David Copperfield, pero no tengo ganas de meterme en todo eso».

Sittenfeld parece poner a su personaje junto al de Salinger al comenzar su historia así: “Todo, o al menos todo lo que me sucedió a mí, comenzó con el malentendido de la arquitectura romana. A primera hora tenía clase de Historia Antigua, nada más terminar la capilla de la mañana y el pase de lista, que a pesar del nombre no era un pase de lista en sí, sino una especie de asamblea para dar avisos. Nos reunían en una sala enorme con ventanas venecianas de seis metros de altura, filas y más filas de pupitres con el tablero abatible —que podías levantar para meter los libros dentro— y paredes cubiertas con paneles de madera de caoba en los que estaban grabados los nombres de todos los que se habían graduado en el colegio —había un panel para cada promoción desde la fundación de Ault en 1882 —”.

Lee Fiora es un pez fuera del agua en el internado elitista que ella deseaba, y donde sus padres han logrado inscribirla con muchos esfuerzos. Es inteligente, sensible, muy perceptiva y con sentido del humor. Una chica en un mundo que no la rechaza, pero al que tampoco pertenece por clase social, y por donde circula toda la crueldad, las emociones y los descubrimientos propios de esa edad.

Curtis Sittenfeld dibuja con talento el pensamiento, las dudas e inseguridades de su protagonista, aunque mi percepción de hombre me hace dudar de mi parecer mucho más de lo que dudé al leer “El guardián entre el centeno”.

Lee y su historia me ha atrapado hasta el final sin la menor fatiga, y ahora pasaré mi ejemplar a la mujer más joven de mi familia, porque tengo verdadera curiosidad por saber si el mundo interior de las adolescentes le parece bien captado. Yo he creído cada palabra y a menudo me he visto sonriendo ante algunas situaciones. HBO ha considerado que tiene todo lo necesario para convertirse en una de sus series.

Carlos López-Tapia

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