“Una temporada salvaje”

“Una temporada salvaje”

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (2 votos, media: 4,00 de 5)
Cargando…

Deja tu comentario >>

Hap y Leonard son una de las parejas masculinas de ficción de los últimos años dignas de ser recordada. Los conocí en las dos temporadas de la serie televisiva, a la espera de la tercera, pero nacieron en la imaginación de un escritor popular, Joe R. Landsdale. Landsdale es singular, combina la vida ranchera de texano rico con la de escritor constante y premiado, con cerca de medio centenar de novelas y más de 30 colecciones de relatos cortos), y su tarea como uno de los mejores especialistas americanos en Artes Marciales.

Título: “Una temporada salvaje”

Autor: Joe R. Landsdale

Editorial: Siruela

Ha llegado a nuestras librerías la primera de la serie de novelas, y también primera temporada en televisión, que protagonizan dos amigos de toda la vida. Hap Collins, blanco, del este de Texas, con debilidad por las mujeres del sur. Leonard Pine, negro, gay, veterano de Vietnam, debilidad por los perros y con un genio exagerado.

A finales de los 60 Hap era un veinteañero que iba a encontrar alguna forma de salvar el mundo; tras pagar con 18 meses de cárcel su negativa al ejército, en los 80 se mantiene al borde del sistema, sobrevive con trabajillos temporales, y nadie consideraría su casa una opción B&B para pasar un fin de semana en la zona. Lansdale cuenta la historia desde el punto de vista de Hap, que es arrastrado por la atracción que mantiene por su ex, en busca de un dinero robado hace mucho, sumergido tal vez en un humedal cercano al pueblo donde Hap creció…

“El humedal está formado por tierras bajas con un sinfín de árboles, agua y fauna salvaje, aunque ya no empezaba donde antes. La civilización había allanado sus límites, cubriéndolos de asfalto y hormigón, salpicándolos aquí y allá de casitas blancas; también había un par de casas de ladrillo de dos pisos con paneles solares. Las barbacoas aguardaban en los jardines cual marcianos, a la espera de que el frío remitiese y se acercara el verano para que sus entrañas volviesen a arder. Las antenas parabólicas bajaban de las estrellas películas y programas malsonantes, y los perros, que tenían demasiado frío para ponerse a ladrar y perseguir coches, nos veían pasar desde debajo del porche o asomados a la puerta de su caseta.

Una vez franqueada aquella zona, el humedal seguía en su sitio. Ahora comenzaba bastante más lejos del pueblo, pero aún existía. No se parecía en nada a los Everglades de Florida ni a los grandes pantanos de Louisiana, pues tenía muchísimos menos kilómetros cuadrados, pero contaba con un bosque exuberante y aguas profundas, y era bello, oscuro y misterioso: espectacular para un ojo, temible para el otro.

El asfalto se acabó y las casas empezaron a escasear, dejando paso a chabolas cuya ubicación dispersa parecía obra del huracán Dorothy. Los caminos se volvieron de tierra roja y el olor del humedal se coló en el coche, a pesar de que llevásemos las ventanillas subidas: barro, vegetación podrida, un tufillo a pescado del sucio río Sabine y el hedor de la muerte fundiéndose con la tierra fértil.

El invierno no era la mejor estación para el humedal. En comparación con la primavera, parecía desnudo. Los árboles de hoja perenne aguantaban, pero otros muchos, como los robles, se quedaban en cueros. En primavera, el humedal se ponía sus mejores galas, con bayas y aves coloridas que revoloteaban entre los árboles, como tercos adornos navideños. Las hojas eran gruesas y verdísimas, las vides kilométricas se enroscaban como anacondas delgadas por todos y cada uno de los árboles y el suelo se cubría de una espuma que ocultaba a las serpientes. Aunque, bien pensado, habida cuenta de lo espesa que sería la vegetación en primavera, y de que todo estaría infestado de serpientes, el invierno podría venirnos mejor a Leonard y a mí para sacarnos un dinero”.

La historia va escalando en acción, presentando personajes dignos del mejor humor negro, aligerando con lenguaje seco y tono cínico escenas dignas de Sam Peckinpah en uno de sus días “buenos”. Quedan muchas cosas por saber sobre esta pareja al terminar su primera aventura. Apetece despejar esas dudas y que la editorial continúe con el resto de los libros de la serie. Para Sundance Televisión es su serie más valorada, la que es seguida por más fans.

Carlos López-Tapia

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

  • Nombre
  • Correo Electronico
  • Comentario