“El repelente niño Vicente”

“El repelente niño Vicente”

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título: “EL REPELENTE NIÑO VICENTE”

Autor: Rafael Azcona

PVP: 15 euros

Editorial: Santillana

(Nota de la Redacción) Rafael Azcona es uno de los guionistas más valorados en España porque sus guiones están entre los mejores. Ha trabajado con los grandes directores españoles y sostiene que los personajes en sus diálogos deben ir por un lado y el argumento de la película por otro. La historia tiene que tirar del espectador a base de imágenes y situaciones mientras los personajes expresar su personalidad. Parece fácil pero no lo es.
Pero no lo traemos aquí como guionista sino como autor de un personaje de los años 50 y 60, un niño que ha quedado como inolvidable para la generación de españoles que vivieron la dictadura de Franco.

Aquí puedes leer el comienzo de su historia….

NACIMIENTO Y BAUTIZO.htm

Sobre el autor

Rafael Azcona era un niño al comenzar la Guerra Civil. Su Logroño natal quedó en la llamada España nacional, territorio en el que la enseñanza se dedicaba preferentemente a la formación de escolares política, patriótica y confesionalmente correctos. A Rafael le tocó padecer a algunos de ellas, y años después, ya colaborador de la revista de humor La Codorniz, las personificó en el repelente niño Vicente, para que, desde sus páginas, el niño -y sus padres y maestros- siguieran dando lecciones de enternecedora estupidez.
Aparecida por primera vez en junio de 1941, la revista La Codorniz se convirtió muy pronto en punto de referencia de un humor realista, crítico y negro que pugnaba por contestar y escapar al oscurantismo impuesto por la Dictadura, complicada tarea en la que sus participantes debieron realizar verdaderas piruetas para eludir a la censura imperante, pero gracias a las cuales llegaron a los lectores, recién comenzada la década del 50, las aventuras de un niño muy especial: el repelente niño Vicente.

Rafael Azcona fue padre y creador de un entrañable personaje que dio lugar incluso a la frase despectiva “Eres peor que el repelente niño Vicente”. Uniendo con maestría su agudeza como observador y su sarcástico estilo de escritura, Rafael supo traducir al idioma del humor la angustiante realidad de esos años, para fortuna de sus agobiados lectores del momento. Exagerando el costumbrismo para fijar la idea -una fórmula exitosa empleada también por otros brillantes escritores de la época-, el autor nos regala ahora una nueva versión (no autorizada por el repelente niño en cuestión, como consta en la carta que hace las veces de prólogo del libro) de las aventuras de Vicente y de las desventuras de quienes lo padecieron, regando con alegría dos edades siempre difíciles de sobrellevar y comprender: la más tierna infancia y la oscura edad del Franquismo.

¿Un niño repelente?

Y es que el repelente niño Vicente es mucho niño. Además de encontrar una increíble amenidad en el análisis de los temas más abstrusos, empleando siempre para explicarlos y explicarse un vocabulario que dejaría en evidencia al más veterano ocupante de un sillón de letra mayúscula de la Real Academia Española, el repelente niño Vicente no dejaba de incordiar, con sus sofismos y sofisticaciones varias, a todo miembro de la sociedad que se le cruzara por el camino. En esta biografía no autorizada, Rafael Azcona nos pone en contacto con hechos y sucesos muy importantes en la vida del pequeño Vicente, escritos que habían sido guardados u olvidados en el cajón de la irremediable censura, por lo que podemos ahora enterarnos de cosas que no sabíamos, desde algunas peripecias de sus primeros años de vida hasta su ingreso en la escuela, pasando por aquel amor fugaz que lo descolocó al punto de lanzarse presurosamente al llanto emotivo, o al seguimiento detectivesco que realizara Vicente para descubrir al amor de su fustigada hermana mayor, la díscola Pepita.
Así, de manera cronológica Rafael Azcona nos presenta hechos fundamentales de la vida del repelente niño Vicente. El “chivatazo” que siendo muy pequeño Vicente dio a sus padres para vergüenza (y despido procedente) de su primera niñera no presagia nada bueno, y en efecto, nada bueno puede suceder cuando un niño, para aprender a andar, le pide a su desorientado padre que le ayude a estudiar las leyes del equilibrio. Momentos culminantes de esta biografía no autorizada lo constituyen la carta que el pequeño Vicente escribe a los Reyes Magos, empleando un léxico que el mismísimo Cervantes calificaría de demasiado culto y adornado, o su firme intención de comenzar el bachillerato a la edad de 6 años. Y aunque ninguna letra de este libro tiene desperdicio, la redacción que para la escuela el repelente de marras escribe sobre el comportamiento del díptero vulgarmente conocido como mosca (muy diferente al del himenóptero vulgarmente conocida como abeja) representa una incitación a la envidia profunda del más reputado de los científicos de cualquier Consejo de Investigación Científica que se precie. Especialmente generosas son las descripciones que el autor realiza sobre la relación de Vicente con su maestro y guía particular -ya que como buen niño prodigio debía llevar a cabo una educación especial-, sus encuentros con el niño más rico de Extremadura y con el más pobre de Madrid, su intensa amistad con Gregorito, un niño que tiene el demonio metido en el cuerpo y al que Vicente pretende infructuosamente aleccionar y, sobre todo, el bellísimo retrato que Rafael Azcona realiza del escenario en el que transcurre toda la historia: la fascinante calle madrileña de Fuencarral. Es cierto que el niño Vicente alcanzó su indiscutible fama por ser un niño exclusivamente repelente, culto hasta el remilgo e insoportablemente sabio. Pero, pasados los años, teniendo en cuenta toda el agua que ha corrido bajo el puente y lo mucho que nos ha hecho reír ayer y hoy, ¿a que ahora nos resulta más bien un niño entrañable?

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