“El palacio del crisantemo”

“El palacio del crisantemo”

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Título: El palacio del crisantemo

Autor: Bruce Wagner

Título original: The Chrysanthemum Palace

Editorial: Alianza Editorial.

Nota de la Redacción: Bruce Wagner saca jugo al mundo de Hollywood y el impacto de la vanidad en los seres humanos desde que se estableció en Beberly Hills, y recibió formalmente la etiqueta de “el escritor de Hollywood”. Este libro puede ser una buena ocasión para conocerle en uno de sus múltiples aspectos, ya que lo mismo entrevista a Carlos Castaneda que es jurado de un festival de cine en Méjico. Wagner triunfó reflejando las sensaciones e inquietudes de la sociedad norteamericana en los años noventa, cuando empezaba a ser conocido en Los Ángeles como el guionista de una cruel película llamada “Escenas de la lucha de sexos”. Desde aquellos años contraculturales es un referente de la cultura norteamericana postmodernista, ácido y mordaz con los habitantes de Hollywood.

Su prosa es rápida y eficaz para la disección, como se dice en el prólogo, de un orbe hollywoodiense voraz, mezquino y narcisista. Los protagonistas de este mundo son tres. Los tres son hijos de triunfadores del negocio del espectáculo, hijos de un éxito que los abruma eclipsados por la fama de sus progenitores. Reúnen, como dice uno de ellos, “material suficiente para volver a poner el psicoanálisis de moda”. No son ya ningunos niños, pero han sabido conservar su amistad, que es la columna de la historia.

Aquí tienes el arranque del libro, para que veas como comienza….
Soyactornohacemucho.htm

Y este es el prólogo que abre la obra….

Prólogo de James Ellroy

Bruce Wagner escribe narraciones magistrales sobre el cataclismo cultural de Los Ángeles, a las que se suele aplicar el diagnóstico de “novelas de Hollywood”. Hablar de diagnóstico no es aquí gratuito, porque las novelas de Wagner son disecciones, desarticulaciones y biopsias en prosa colocadas en el portaobjetos del microscopio. Wagner es un médico que pasa consulta a unos pacientes llenos de achaques, aturdidos y hostigados por la locura de los medios y sus inevitables excesos. Más o menos refugiados en el misticismo, persiguen con idéntico fervor lo venal y lo sublime. El precio que pagan es siempre elevado. La solución moral resulta muchas veces sorprendente. El pronóstico es desconcierto crónico y escasas posibilidades de entenderse. La ficha médica de sus pacientes incluye siempre la posibilidad del amor y la inexorabilidad de la muerte. Wagner, el médico-novelista, es al mismo tiempo severo y cariñoso. Si perdona siempre es porque sabe que la adicción espiritual a la fama y sus tentaciones se pagan caras. Emplea por igual la crítica, el consuelo y los reproches no demasiado duros, y nos ofrece novelas llenas de ternura y de grandeza.
Estas novelas las encuentra callejeando por Los Ángeles de nuestros días. Wagner trabaja como si condujera una limusina o una ambulancia. En este caso usa una furgoneta Mercedes con una unidad médica en su interior. En la parte de atrás lleva mascarillas de oxígeno y un buen cargamento de pastillas. Atrae a los aquejados de enfermedades psíquicas autóctonas de Los Ángeles. Siempre los encuentra. La locura de sus pacientes se repite de un modo invariable: desean mucho más de lo que tienen y quieren ser alguien diferente. Han llegado a la conclusión de que Los Ángeles les ofrece las mayores oportunidades de reinventarse de un modo rápido y de salvarse de forma permanente. Wagner no ignora que a veces la esperanza loca trae consigo la redención. Esta supuesta generosidad permite que sus novelas pasen de la ironía a una tragedia expresada de forma levemente espiritual. Por eso se convierten en testimonios definitivos de la vida actual en cualquier lugar. Por eso el escritor-médico-conductor de ambulancias nos atrae también a todos nosotros.

James Ellroy

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