“La revolución silenciosa”

“La revolución silenciosa”

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La web oficial.

El argumento: Berlín, 1956. Faltan cinco años para la construcción del muro. Un grupo de estudiantes alemanes decide mostrar su solidaridad con las víctimas de la Revolución Húngara de 1956 con un minuto de silencio durante las clases.

Conviene ver: “La revolución silenciosa” es una nueva muestra del revisionismo histórico que ha llevado a cabo el cine alemán con éxito los últimos años. Una buena radiografía de la Alemania del Este en los años previos a la construcción del muro símbolo de la división del país que se mantuvo durante casi tres décadas y es que el director ya contó en su anterior trabajo la historia del hombre que dio caza al nazi Adolf Eichmann. El gran acierto de la cinta es aprovecharse de una anécdota poco conocida, desarrollada en las aulas de la actual Eisenhüttenstadt, con dos amigos como Theo y Kurt como aliados, para expandirla como metáfora de un país desorientado tras la II Guerra Mundial y en eclosión abrazando nuevas músicas y movimientos, con ideales difuminados, pero también comprometido ante el recuerdo de los horrores de su Historia y lo vivido por sus padres. Una cinta concienciada y del subgénero de cine estudiantil que entronca a estos jóvenes con los de “El club de los poetas muertos”, chicos que como las generaciones de hoy sufren el intentar conseguir unas oportunidades de futuro por las que se esfuerzan y pelean pero que no les llegan devueltas por parte de la sociedad, o el intento de las clases dirigentes de tener a unos ciudadanos aborregados y sumisos poco dados al libre pensamiento y a la solidaridad combativa, término que es el único que termina permitiendo los necesarios cambios de la Historia cuando la ciudadanía se siente ahogada fruto de la injusticia. Eso le lleva a vertebrar una intriga a cargo de las autoridades para atajar ese acto de protesta improvisado en las aulas con el fin de mantener la apariencia y pulcritud de la RDA ante la herencia de un régimen que impregna la purga ideológica. El tono de la cinta no pretende ser sutil, sobre todo en los giros melodramáticos, algunos forzadamente evidentes con la música golpeando el tímpano de manera reiterativa y melodramática, en los que los ideales y valores del comunismo terminan diluidos, engullidos y transformados por la pujanza del totalitarismo sistémico y preso de la paranoia y la inseguridad de los que mandan ante las acciones de la masa ante lo hiriente de mantener la bajeza moral que desprenden. Una cinta cuyo mensaje es los pies de barro de la solidaridad en un país éticamente deteriorado y la perversión ideológica como caldo de cultivo de un régimen opresor sea del bando que sea como tótem conductual para llevar a la ciudadanía como borregos premiándose el servilismo y erradicando el debate o las diferentes posturas a la hora de ver la vida y enarbolar la libertad. Y es que la cinta emociona ante la pujanza y unión de una juventud de futuro que no quiere tragar con lo establecido y con dogmas opresores, que resiste hace frente común frente a los que les intimidan y fustigan pero que también provoca una honda tristeza ante lo que fue el inicio de tantas familias rotas separadas por el muro. Una cinta bien interpretada, rodada eficazmente y muy entretenida para el público general a la hora de reflejar un mensaje de nobleza humanista frente a la irracionalidad de los que coartan la libertad ante el espíritu común, de fuerza e integración de estos jóvenes estudiantes.

Conviene saber: Nuevo trabajo del realizador Lars Kraume (“El caso Fritz Bauer”).

La crítica le da un SIETE

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