Historias víricas

Historias víricas (VIII): Padrino

Historias víricas (VIII): Padrino

Querido Teo:

Debemos una de las películas más importantes de la Historia a una epidemia. El niño Vito, de diez años, llega a la isla de Ellis, a la entrada de Nueva York. A pesar de que todos los embarcados han de pasar un examen médico en origen, el cólera arrasa Europa en oleadas, todos los recién llegados son sometidos a otro. Estamos en 1901 y es el último obstáculo antes de alcanzar Manhattan. Vito tiene viruela y pasará tres meses aislado en el hospital de la isla. Coppola rueda las secuencias en las que el niño mira por la ventana de la sala en la que ocupa la cama 52. Está sólo, mucho, y comienza a cantar una antigua melodía siciliana. Coppola se identificó con aquel niño porque, a su misma edad, lo había experimentado.

Historias víricas (VII): Mosca

Historias víricas (VII): Mosca

Querido Teo:

A mediados del siglo XIX, la pequeña isla del Príncipe, situada frente a las costas de Guinea Ecuatorial (hoy es estado independiente junto a la isla vecina de Santo Tomé), era un enclave portugués cercano al corazón de África, y prosperaba gracias a Doña María, una dama noble cuyas tierras y palacios se extendían por toda la colonia. Doña María era una terrateniente emprendedora y preocupada por el desarrollo de "su isla". Mandó comprar vacas y toros de Gabón, para comenzar una actividad ganadera que mejoraría el bienestar de sus conciudadanos, y su propia fortuna y reputación, aunque probablemente no en ese orden.

Historias víricas (VI): La epidemia de cada día

Historias víricas (VI): La epidemia de cada día

Querido Teo:

Mark Twain, el "padre" de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, fue pasajero en uno de los primeros viajes organizados de la Historia. En 1867 recorrió el Mediterráneo y Oriente Medio. Sus crónicas al diario que le pagó el viaje, el Alta California, se transformaron en el libro "Inocentes en el extranjero". De esos libros que abres, lees un rato, y sales con el cerebro relajado. Os lo comento porque prueba que las cuarentenas son parte de la vida cotidiana hasta hace tan poco, que algunos de vosotros tendréis fotos de familia con personas que pasaron la gripe "española" de 1918. De ahí hacia atrás, era excepcional no pasar una o más cuarentenas a lo largo de la vida.

Historias víricas (V): Algoritmo

Historias víricas (V): Algoritmo

Querido Teo:

A finales de 2018, hace dos años, el diario El País publicó una serie de reportajes en torno a las pandemias. Una de las cuestiones incluidas era responder a la pregunta: "¿Para cuándo podemos esperar que aparezca otra gripe aviar?" El nuevo tipo de coronavirus lo es y todos los expertos entrevistados para estos artículos dijeron que no sólo era probable que apareciera una pandemia importante, sino que era peligrosamente inminente. También había coincidencia en cuanto a la falta de preparación global para impedirla, y no demasiada confianza en poder contenerla.

Historias víricas (IV): Alta velocidad

Historias víricas (IV): Alta velocidad

Querido Teo:

Esta historia comenzó con el contacto cotidiano con otros animales. No se ha dado aún una explicación completamente satisfactoria de por qué la agricultura y la domesticación de animales comenzó cuando comenzó, ni de cómo surgió en diferentes partes del mundo en un tiempo en el que había pocas posibilidades de contacto entre grupos de humanos. De media, un cazador-recolector necesita 10 kilómetros cuadrados de tierra para sobrevivir. Si esa misma zona se utiliza para cultivar plantas o criar animales, su productividad puede aumentar hasta cincuenta veces.

Historias víricas (III): Nombre

Historias víricas (III): Nombre

Querido Teo:

El segundo nombre ("middle name") habitual en la cultura anglosajona suele dar juego a los guionistas; revela información secundaria sobre la familia del sujeto. Es ahí donde se depositan caprichos, compromisos, herencias o aficiones de los padres. El colmo es llevar de segundo nombre Escherichia. Le ocurre, y debe darle bastante juego, a uno de los hijos del doctor Charles P. Gerba, de la Universidad de Arizona, uno de los expertos en gérmenes más famosos del mundo. El nombre es en honor a la bacteria Escherichia coli.

Historias víricas (II): El primer rastreador

Historias víricas (II): El primer rastreador

Querido Teo:

La creencia fundamental sobre la enfermedad hasta el desarrollo de la ciencia actual era que, si conseguías librarte de los malos olores, te librabas también de las enfermedades. Cuando Felipe II de las Españas mandó cortar todas las flores de los rosales de El Escorial y enviarlas a los hospitales madrileños, creía luchar contra una epidemia. La malaria, mal aire, y las máscaras de los médicos venecianos en su lucha contra la peste lo confirmaban. Hasta el siglo XX, en las ciudades se acumulaban los excrementos; sus ríos y lagos estaban viscosos y las personas bebían y lavaban la ropa en un líquido marrón y putrefacto. Las epidemias se atribuían a los miasmas (el aire pestilente) hasta que una persona comprendió que la teoría de los miasmas tenía el punto débil de que carecía de base. El hombre no sólo se dio cuenta, lo demostró, pero no consiguió que nadie le hiciera el menor caso. Se llamaba John Snow.

Historias víricas (I): Viajeros confinados

Historias víricas (I): Viajeros confinados

Querido Teo:

El astronauta Scott Kelly cuenta muchos detalles sobre la protección contra gérmenes en uno de los libros más atractivos publicado en español en los últimos tiempos, y del que os hablaré en unos días. Todavía tengo en mente la serie de películas que cita, y en particular a Sandra Bullock, flotando en ropa interior dentro de su traje espacial, en "Gravity".