JFK

Papá Joe lo tiene todo calculado. Su primogénito, Joe Jr., será presidente de Estados Unidos de América. Financiero, banquero, productor, hombre de negocios, diplomático corrupto, multimillonario, mujeriego, juerguista. Este irlandés es un canalla de cuello duro. Y le gusta serlo. Su segundo hijo, Jack, es un niño enclenque, de tez amarillenta, enfermo perpetuo, dos años menor que el primogénito. Quiere parecerse a su padre, el conquistador. Aunque todos están convencidos de que no servirá para nada. Está claro. ¿O no?

De momento, y contra todo pronóstico, JFK llega a ser senador. Desde la muerte en la guerra de su hermano mayor, Jack está en primera línea. Lo ha preparado su padre, que cuida hasta los últimos detalles. Aunque él está más ocupado ligando y dejando a Jackie sola la noche de bodas. Tiene una obsesión, una neurosis, que le obliga a seducir constantemente, a meterse en camas ajenas. Es el rey del polvo en un minuto De raza le viene al galgo.

Acaba de avistar a Marilyn. Al verla se le cae la mandíbula y los ojos se le agrandan. Es algo que no se le escapa a Joe Dimaggio. Ni a nadie. A punto de empezar el rodaje de La tentación vive arriba, la estrella entrega un papelito al senador con su número de teléfono. Esto no ha hecho más que empezar.

La prensa escribe: “No hay que perder de vista al joven senador demócrata John Kennedy. Aparece como posible candidato a la vicepresidencia”. JFK se va construyendo poco a poco una estatura de político. No pone mucho entusiasmo, pero en este ambiente se siente como pez en el agua. Es una piraña: por donde pasa, consume. Seduce a decenas de mujeres que se cruzan en su camino, mientras el chófer baja el retrovisor unos minutos o se detiene para fumar un cigarrillo. Joe está encantado. “Es el estilo Kennedy”, dice tranquilizando a Jackie. Un-dos-tres, asunto concluido. Así será la primera noche con Marilyn.

Una mala noticia: la salud de JFK va a peor. Una buena noticia: Eisenhower, presidente respetado y anticuado, acaba de tener una crisis cardiaca. El mundo ha cambiado mientras Kennedy ha estado convaleciente. McCarthy ha caído, Jruschev se ha convertido en líder de la URSS, la Guerra Fría está al máximo nivel, las armas atónicas están dispuestas y un nuevo rey ha destronado a Sinatra: Elvis the Pelvis.

Jack llama a Marilyn. Pronto pasará por Nueva York y quiere verla. El FBI escucha. Fred Otash, detective for the stars, escucha. Y Jack y Marilyn se divierten. Mientras, Joe, hipoteca el futuro de su hijo para salvarse de un “malentendido” con unos de los capos de la mafia, Fran Costello. Su salvador, Sam Giancana, el capo de Chicago, escucha de labios de Joe: “Algún día tendrás influencia en la Casa Blanca. Te lo prometo”. Salute.

Kennedy, un muchacho criado con la seguridad de que forma parte del equipo ganador, se prepara para ser presidente. Ya es premio Pulitzer, con un libro escrito por su “negro” Ted Sorensen, y portada de la revista Time. Ha alcanzado la gloria. Es una estrella ascendente. Paga papá Joe. Con faldas y a lo loco. 1960 es el año en que el destino se apodera de JFK y lo propulsa hacia su papel histórico. También es cuando Marilyn se hunde en las tinieblas. Se cruzan, pero uno sube y la otra baja.

Cuando Kennedy es oficialmente elegido candidato a la presidencia se hace vulnerable a todo tipo de chantajes. Y su pasión por las mujeres ya le ha costado algún disgusto. Ahora el peligro viene de Judy Campbell, su última conquista, la amante de Sam Giancana. La Mafia y la política comulgan con las mismas bragas. “¿Sería posible arreglar una reunión discreta con Giancana?”, pregunta JKF a su acompañante de cama. La campaña presidencial ha comenzado. “Sin mí, Kennedy no habría llegado a presidente”, diría después el capo de Chicago y soplón de la CIA. Es cierto.

Los soviéticos atacan a Marilyn. ¿Por qué? Los rusos hacen saber al presidente JFK que están al corriente de su relación con la actriz, que la utilizarán si hace falta. El mensaje pasa inadvertido para los juerguistas de la Casa Blanca. Es un error porque una mujer hermosa y joven, Ellen Rometsch, acaba de entrar en Estados Unidos. Ha sido enviada por la KGB. Muy pronto conocerá a JFK, en sentido bíblico, por supuesto. Quizás la invite a su piscina de la Casa Blanca, el lugar preferido del presidente. Son las noches eléctricas de los años Kennedy: twist, veladas free love y Johnny Walker Black Label. Y mientras tanto, el mundo va de mal en peor.

Setenta y siete días después de su toma de funciones JFK debe enfrentarse a su primera crisis grave: la bahía de Cochinos. Kennedy asiste al desastre: ciento catorce hombres muertos, mil doscientos capturados. ¿Y el alzamiento popular? Ha tenido lugar, pero contra los yanquis. Es peor que un fracaso. Es una humillación. Castro lo sabía todo. Pero, ¿cómo? Quizás The Prez ha hablado demasiado con alguna de sus conquistas.

El jefe del FBI, J. Edgar Hoover, está loco. Totalmente loco. Cree que la Mafia no existe, pero sí existen los rojos. Y los “desviados sexuales”. En realidad tiene razones para negar la existencia de la Mafia, pues uno de sus capos tiene una foto suya muy comprometedora haciéndole una felación a un amigo. El sabueso odia los Kennedy, especialmente a Robert, que se ha abanderado como exterminador de la Mafia. Hoover vigila a todas las prostitutas que pasan por la cama del presidente, tiene cuatro agentes ocupándose del caso Marilyn Monroe y ha instalado micrófonos en el despacho de RFK. La Mafia, la CIA y el FBI tienen ahora enemigos en común: los dos K. El ambiente es plomizo. Hay un clima de delación. Mientras tanto, ¿dónde está el presidente? En Palm Springs, pasando un fin de semana romántico con Marilyn. Ambos están ya rodeados.

La noche del 45 cumpleaños de JFK, apenas tres meses antes de la muerte de Marilyn, será la última que pase con ella. Está empezando a ser incontrolable, una esquizofrénica, aunque siga teniendo un buen culo. Si The Prez quiere volver a presentarse a las elecciones, tendrá que estarse quieto. El equipo del presidente se pone en alerta: en los medios no debe saberse nada de Miss Monroe. La máquina de mentir está en marcha. Se acabo, Marilyn. Sólo has sido un polvo para Jack.

Marilyn escucha una y otra vez un disco de Sinatra. Nunca escuchó los disparos que penetraron en el cráneo de John Fitzgerald Kennedy el 22 de noviembre de 1963. Ella ya dormía.