Cine en serie: “Wild Wild Country”, biografía de una secta

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Querido Teo:

A principios de la década de los 80 en nuestros países vecinos comenzaron a proliferar los seguidores del gurú indio Bhagwan. Alemania, Francia, Portugal, Italia… reunieron cientos, miles de fieles llamados rajneeshees. España quedó fuera de la corriente informativa que levantó porque nuestra atención estaba muy concentrada en la salida del franquismo duro. Por esto ha tenido un significado particular la llegada a Netflix del documental “Wild Wild Country”. Es la historia de no ficción más atractiva y aturdidora del año pasado.

El tema del trasplante de una comunidad espiritualista con gurú incluido de la India a Estados Unidos puede resultar relativamente interesante, pero esa relatividad desaparece cuando empiezan a aparecer imágenes de personas y situaciones que se pegan a la historia como si lo hubiera hecho un guionista de ficción tradicional: escribo una historia y luego hacemos las imágenes. El material con el que cuenta el documental es tan específico, tan concreto, que te sumerge con frecuencia en toda clase de dudas: demasiado raro para ser verdad.

En Estados Unidos se etiquetan “stranger than fiction” las obras de no ficción que resultan difíciles de imaginar, y “Wild Wild Country” encaja a la perfección. La construcción de una comunidad formada desde el origen por valores sociales positivos es una fantasía antigua, tanto como la existencia de personas consideradas elegidas. Los protagonistas y/o víctimas de este intento por construir esa ciudad se nos presentan dentro de una nube de ambigüedad moral, que dificulta la localización de buenos y malos; y eso suele producir un desconcierto muy interesante.

Uno de los dos hermanos productores de “Wild Wild Country” señalaba a los periodistas que lo entrevistaban en la presentación del documental que “aquí no hay atajos que valgan, sino que es el telespectador quien debe formarse una opinión”. Para hacerlo se pasa por cuestiones como la intolerancia por lo desconocido, por lo anormal; el enfrentamiento entre creencias religiosas, entre identidades diferentes; las purgas en las esferas de poder; o la maquinaria administrativa empleada a discreción para mantener el “statu quo”.

Todo trufado con ingredientes codiciados por cualquier guionista de ficción: sectas, intento de asesinato, bioterrorismo, amor libre, FBI, batallas judiciales, rancheros de la América profunda y piruetas perturbadoras y difíciles de creer… salvo porque ahí están las imágenes. La profusión de imágenes se basa en más de 300 horas aparecidas en un archivo, más múltiples entrevistas y una gran habilidad para ir dándonos información con un orden y un ritmo que han convertido a “Wild Wild Country” en las seis horas de no ficción más valoradas en su género e imposibles de no recomendaros.

Vídeo

Carlos López-Tapia

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