Conexión Oscar: Los 30 mejores actores de reparto ganadores del Oscar (Del 21 al 30)

Conexión Oscar: Los 30 mejores actores de reparto ganadores del Oscar (Del 21 al 30)

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Querido Teo:

Tras el repaso histórico por la categoría de mejor actriz de reparto llevada a cabo por Mary Carmen Rodríguez por fin es hora de hacer lo propio con el apartado homólogo en la categoría masculina. La categoría de mejor actor de reparto ha solido premiar a interpretaciones de carácter en dos extremos; aquellos que son el cómplice y fiel compañero del protagonista así como a los antagonistas de manual. En todo caso grandes nombres jalonan una lista que da prestigio y que en algunas ocasiones ha servido incluso para homenajear carreras y en otras como lanzadera para que años después algún actor lograra la pareja y ganara también el Oscar de protagonista.

30º Sean Connery por “Los intocables de Eliot Ness” (1988)

No es que Sean Connery tuviera muchas oportunidades de Oscar en su carrera pero el primer y genuino Bond recibió una estatuilla que sabía a homenaje pero que, aun así, consiguió con todos los honores y merecimientos. En su primera y única nominación (y cinco años después de interpretar por última vez a 007 en “Nunca digas nunca jamás”) se hacía con la estatuilla gracias a “Los intocables de Eliot Ness” en el que era, además, el mejor momento de su carrera ya que todavía resonaba el eco de la adaptación de “El nombre de la rosa” y estaba a punto de embarcarse en “Indiana Jones y la última cruzada”.

Connery dio vida al policía Jim Malone superando las críticas de que se le notara el deje escocés interpretando a un irlandés. Aun así, se convirtió en el cabecilla de la banda y también en el alma de una película que se quedó con 4 candidaturas (actor de reparto, dirección artística, vestuario y música) materializando sólo la primera. Entre la competencia la revelación de dos actores afroamericanos que habían llegado para quedarse (Denzel Washington por “Grita libertad” y Morgan Freeman por “El reportero de la calle 42”), la alternativa (Albert Brooks por “Al filo de la noticia”) y el entrañable Vincent Gardenia por “Hechizo de luna”.

29º Kevin Spacey por “Sospechosos habituales” (1996)

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Mucho se ha hablado de Bryan Singer y de la decepción que ha provocado en algunos teniendo en cuenta que en los 90 prometía ser una especie de Tarantino pero que, al final, ha quedado abducido por malas decisiones (su Superman merece ser borrado del mapa) y su rendición a la saga mutante de los X-Men. En su segunda película, “Sospechosos habituales”, dio el campanazo con una buena rentabilidad y con 2 Oscar; uno al mejor guión original para Christopher McQuarrie y otro para Kevin Spacey como mejor actor de reparto, que parecía un camarero con su chaqueta blanca cuando subió a recoger el premio por dar vida a un estafador que sobrevive al incendio de un barco en el puerto de Los Angeles que investiga el agente especial encarnado por Chazz Palminteri.

Hasta ese momento lo máximo a lo que había aspirado Spacey era a ser un actor solvente fascinado por su maestro Jack Lemmon con el que coincidió en “Mi padre” (1989) y en “Glengarry Glen Ross” (1992). El año de la película de Singer también le vimos en “Estallido” y en “Seven” encadenando papeles en “L.A. Confidential” y “Medianoche en el jardín del bien y del mal”, ambas de 1997. No tardó ni cinco años en llevarse su segundo Oscar, en esta ocasión por su Lester Burnham de “American beauty” (1999). Fueron sus años dorados y en cine no ha vuelto a tener semejante éxito (Singer le volvió a convocar para ser Lex Luthor) pero ha sido la televisión con “House of cards” la que ha hecho recuperar a Spacey el prestigio perdido. Spacey truncó el Oscar de Brad Pitt por su interpretación más extrema en “12 monos”, así como el primer intento de Ed Harris por “Apolo 13” dejando sin opciones al villano de Tim Roth en “Rob Roy” y al tierno y testarudo granjero de James Cromwell en “Babe, el cerdito valiente”.

28º Ed Begley por “Dulce pájaro de juventud” (1963)

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Ed Begley es uno de esos actores que hacen grande la catalogación de actor de reparto. Uno de esos intérpretes con oficio que nunca tocaron el estrellato pero que siempre fueron grandes robaescenas. Richard Brooks volvía a contar con Paul Newman para un texto de Tennessee Williams tras “La gata sobre el tejado de zinc”. Se adaptó la obra de Broadway con los mismos actores (Paul Newman y Geraldine Page) en esta historia iniciática de romance y depresión en una relación interesada entre una actriz madura y un joven atractivo que quiere recuperar a su ex novia enfrentándose al temido e inflexible cacique que encarna de manera sobresaliente Begley.

Fue la única candidatura al Oscar para un actor al que también vimos en “12 hombres sin piedad” (1957) o “Molly Brown, siempre a flote” (1964). La película consiguió 3 candidaturas al Oscar (el cuarteto protagonista excepto Newman) llevándose Begley el premio por delante de Omar Sharif (“Lawrence de Arabia”), Victor Buono (“¿Qué fue de Baby Jane?”), Telly Savalas (“El hombre de Alcatraz”) y Terence Stamp (“La fragata infernal”).

27º Jim Broadbent por “Iris” (2002)

British actor Jim Broadbent is shown in a scene from the film "Iris," for which he was nominated for Outstanding Performance by a Male Actor in a Supporting Role at the 8th Annual Screen Actors Guild Awards Nominations, in Los Angeles, CA, 29 January 2002.  The Awards will be presented in Los Angeles 10 March 2002.  AFP PHOTO/SAG [PNG Merlin Archive] ORG XMIT: POS2014031909134325

Jim Broadbent representa la máxima que se sigue en esta categoría. Si eres británico, interpretas un papel tierno y tienes alguna otra película en cartera ese mismo año que demuestra tu versatilidad tienes muchas papeletas para llevarte la estatuilla. Aunque todos veían como favorito a Ian McKellen por su Gandalf en “El señor de los anillos”, Broadbent irrumpió en Hollywood con tres papeles. El padre de la simpática solterona de “El diario de Bridget Jones”, el circense maestro de ceremonias de “Moulin Rouge” y el abnegado y enamorado marido de la escritora Iris Murdoch aquejada de Alzheimer. Broadbent llenaba de humanidad el personaje con una mirada limpia y sacrificada haciendo creíble a un personaje avejentado para la ocasión y que tenía su réplica joven en Hugh Bonneville, muy popular después gracias a “Downton Abbey”. Aunque Judi Dench y Kate Winslet fueron también nominadas por el mismo personaje, el foco del premio se puso en este actor al que el Oscar ayudó a convertirle en secundario indispensable de ahí en adelante.

Además del citado McKellen, que volvió a quedarse sin Oscar, Ben Kingsley por “Sexy beast” o Ethan Hawke por “Training day” podrían haber dado la sorpresa habiendo ganado importancia con el tiempo sus interpretaciones. Mucho más que la caricaturesca caracterización de Jon Voight por “Ali” que volvía al radar de los Oscar 16 años después.

26º Morgan Freeman por “Million dollar baby” (2005)

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La voz de Dios para algunos y la conciencia moral de la Usamerica negra para otros. En todo caso, cuando tienes a Morgan Freeman al lado parece que todo va a salir bien y, por ello, Clint Eastwood le ha tenido como fiel compañero en sus dos películas oscarizadas (“Sin perdón”, “Million dollar baby”) y le brindó el sueño de interpretar a Mandela en “Invictus”. A Freeman le cayó el papel y su Oscar en uno de esos años en los que estás en el momento adecuado con la película oportuna y es que esta cinta, estrenada a finales de Diciembre de 2004, logró asaltar la banca de unos Oscar que hasta ese momento parecían dirigidos a premiar a Scorsese con su ampulosa e industrial “El aviador” o virar a la confirmación del cine indie contemporáneo que representaba la premiadísima por la crítica “Entre copas”. El resultado ya lo conocemos todos. “Million dollar baby” ganaba 4 Oscar y se convertía en la segunda película de Clint en ganar la estatuilla siendo la consagración del último gran clásico de Hollywood, que había pasado de actor de spaghetti-western a impulsor de thrillers pasando por Harry Callahan. Y es que si Clint ha sido cuestionado como actor (sobre todo en su juventud) su figura como director no ha hecho más que crecer película a película.

Lo mismo se puede decir de un Morgan Freeman que comenzó tarde en el cine pero que desde que fue el conductor de “Paseando a Miss Daisy” ha construido una prolífica carrera siendo uno de los actores más queridos por el público. Por ello, la tentación de premiarle y de ovacionarle fue demasiada y, aunque no había ganado ningún premio en la carrera, llegó como favorito por su papel de Pepito Grillo pugilístico. Era su cuarta nominación tras las candidaturas por “El reportero de la calle 42”, “Paseando a Miss Daisy” y “Cadena perpetua”, más la que vendría después por “Invictus”. Un año de gran competencia para Freeman frente a Clive Owen por “Closer” (ganador del Globo de Oro), Thomas Haden Church por “Entre copas” (revelación del año y favorito de la crítica), Jamie Foxx por “Collateral” (ganó como protagonista por “Ray”) y Alan Alda por “El aviador”.

25º Walter Brennan por “El forastero” (1941)

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Walter Brennan es la quintaesencia de esta categoría y aún atesora el record de 3 Oscar en este apartado por “Rivales” en 1937, “Kentucky” en 1939 y “El forastero” en 1940. Siempre pareció mayor de lo que era y se especializó en revulsivo cómico en un buen número de westerns. Aunque sus cuatro nominaciones se ubican en un periodo corto de tiempo (1937-1942) siguió trabajando y ofreciendo grandes papeles en las décadas posteriores y merece especial atención su trabajo en “Río Bravo” (1959) en una época en la que la Academia se había alejado ya del género.

En “El forastero”, de William Wyler, Brennan se llevó el Oscar por dar vida al peculiar juez Roy Bean, manteniendo un gran duelo actoral con Gary Cooper. Un personaje que representaba los agujeros del sistema judicial movido por la venganza, el prejuicio y la corrupción del poder. Una cinta atmosférica y entretenida pero menor dentro de la filmografía de Wyler y que se eleva gracias al trabajo de un actor siempre eficaz, que hacía fácil y natural lo difícil y que se impuso con comodidad a Albert Bassermann por “Enviado especial”, William Gargan por “Sabían lo que querían”, Jack Oakie por “El gran dictador” y James Stephenson por “La carta”.

24º Anthony Quinn por “¡Viva Zapata!” (1953)

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Anthony Quinn es uno de esos nombres que se hizo a sí mismo en el sistema de Estudios. Su naturaleza multiétnica y un rostro de púgil rubicundo le hizo especializarse en una serie de papeles que iban desde ser un beduino en “Lawrence de Arabia” hasta marcarse un sirtaki en “Zorba el griego”. Casado con la hija de Cecil B. DeMille de 1937 a 1965 lo tuvo difícil con su suegro debido a su situación económica. En teatro triunfó en “Un tranvía llamado deseo” y en 1952 llegaba su gran oportunidad con “¡Viva Zapata!”, Oscar incluido que, no obstante, no le ayudó de primeras para quitarse de encima los prejuicios a la hora de darle papeles, siempre de extranjeros o tipos duros. Eso sí, cuatro años después Hollywood le daría de nuevo el Oscar por sólo 8 minutos en “El loco del pelo rojo”. La carrera de Quinn ya era imparable con personajes desde históricos hasta con una gran vis cómica.

Quinn ganó el Oscar a Richard Burton por “Mi prima Raquel”, Arthur Hunnicutt por “Río de sangre”, Victor McLaglen por “El hombre tranquilo” y Jack Palance por “Miedo súbito” y cuando se cansó de Hollywood se dedicó a procrear hijos (tuvo 12) y dedicarse a la pintura y escultura. Un bon vivant de la escena que también lo transmitía en pantalla.

23º Frank Sinatra por “De aquí a la eternidad” (1954)

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La victoria de Frank Sinatra por “De aquí a la eternidad” tuvo muchas connotaciones, no sólo el resurgir de una estrella sino también una leyenda negra con connotaciones mafiosas a la hora de conseguir el papel. En todo caso Sinatra parecía destinado a este personaje, teniendo él ese convencimiento, y así lo demostró en pantalla siendo merecedor del Oscar en el que fue su primer intento ya que dos años después fue de nuevo candidato por “El hombre del brazo de oro” antes de dedicarse casi en exclusiva a la música que, por algo, es lo que le ha hecho pasar a la posteridad con el sobrenombre de “La voz”.

Nadie le quería en ese momento de su carrera  pero Frank leyó el bestseller de James Jones “De aquí a la eternidad”, que estaba a punto de ser adaptado por Columbia bajo la dirección de Fred Zinnemann. Sinatra sintió que el personaje de Maggio era ideal para él, y empezó una campaña para hacerse con el papel. Pero las ideas de los jefes del Estudio eran otras y sólo accedieron a realizarle una prueba por petición personal de Ava Gardner. El actor, que estaba en Kenia acompañando a su mujer en el rodaje de “Mogambo”, no dudó en pagarse el viaje hasta Hollywood y logró convencer al director, pero no a los productores a los que les gustó más Eli Wallach para el último personaje que faltaba para completar el casting. Parece ser que la clave que salvó la carrera de Sinatra fueron las palabras de la mujer del productor que hizo ver que Wallach, aunque brillante, no era ni delgado ni italiano y no encajaba por tanto con el personaje. Hay otra versión de la historia que cuenta que el agente de Wallach empezó a pedir demasiado dinero mientras que Frank aceptó trabajar casi gratis, corriendo incluso el rumor de que había sido la mafia la que presionó para que el actor italoamericano fuera el intérprete elegido. Esta versión, aunque falsa, sirvió para inspirar a Mario Puzo la historia del artista en declive Johnny Fontane al que el hampa consigue un salvador contrato cinematográfico con una impactante cabeza de caballo. Sinatra se hizo con uno de los 8 Oscar de la película en un apartado en el que estaban Eddie Albert por “Vacaciones en Roma”, Brandon DeWilde y Jack Palance por “Raíces profundas” y Robert Strauss por “Traidor en el infierno”.

22º Tim Robbins por “Mystic River” (2004)

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No se puede negar la buena mano que tiene Clint Eastwood con los actores de reparto, brindándoles estatuillas a Gene Hackman, Tim Robbins y Morgan Freeman. Con “Mystic River” ofrecía un drama adulto en el que el tema de la pederastia y de los abusos, así como la justicia y la venganza, sobrevolaba a un grupo de amigos marcados por el trauma y esa imagen de unos desconocidos llevándose en coche a uno de ellos, lo que truncó la infancia de la pandilla con consecuencias dramáticas en el futuro. Era el regreso del gran maestro (que tuvo la mala fortuna de coincidir con el año del desenlace de “El señor de los anillos”) pudiendo sacarse la espina al año siguiente con “Million dollar baby” que también trataba un tema polémico como la eutanasia. Hasta ese momento Robbins era considerado simplemente un rojeras, un actor limitado del que sólo se podían destacar “Ciudadano Rob Roberts” y “Cadena perpetua”, interpretaciones que le dejaron a las puertas de la nominación al Oscar aunque sí que sorprendió como director recibiendo candidatura por “Pena de muerte” que brindó el premio a su mujer, Susan Sarandon.

Con “Mystic River” se dio el caso de ser uno de los pocos años en el que dos actores ganaban en las categorías masculinas por una misma película (algo que sólo había pasado anteriormente con “Siguiendo mi camino”, “Los mejores años de nuestra vida” y “Ben-Hur”). Robbins construye a un personaje reservado, infantilizado y animal del que nunca se sabe que está pensando a pesar de que la sospecha siempre le sobrevuela por su condición de fantasma en vida y bestia a causa del trauma. Una interpretación que el actor abordó con sobriedad y logrando una extraña mezcla entre ternura y rechazo. Pudo imponerse con comodidad en una categoría en la que no existió alternativa con Benicio del Toro (“21 gramos”), Alec Baldwin (“The cooler”), Djimon Hounsou (“En América”) y Ken Watanabe (“El último samurái”).

21º Walter Matthau por “En bandeja de plata” (1967)

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Walter Matthau no merecía haberse quedado sin Oscar y, aunque también fue candidato por “Señor Kotcher” en 1972 y “La pareja chiflada” en 1976, el premio tenía que llegar por trabajar bajo las órdenes de Billy Wilder y con su inseparable Jack Lemmon. Sin ser el trabajo más recordado de Wilder sí que es aquel en el que la química de ambos actores está más engrasada, seguramente junto a “Primera plana”. Impagable ese abogado sin escrúpulos que intenta aprovecharse de la lesión de su cuñado haciéndole fingir que tiene un daño mucho más grave con el fin de que pueda recibir una indemnización importante. Una cinta de herencia teatral de brillantes diálogos y crítica mordiente al sistema y a los oportunistas que intentan aprovecharse de él. Matthau resuelve con maestría el envite y con una facilidad pasmosa siendo la película junto a Lemmon en la que él tiene más posibilidades de brillar y el mayor vehículo de lucimiento que brindó Wilder al actor en toda su carrera.

Al contrario de lo que suele pasar en otras ocasiones, la comedia inteligente y sobresaliente se impuso a interpretaciones puramente dramáticas. Los rivales de Matthau fueron Mako (“El Yang-Tse en llamas”), James Mason (“La soltera retozona”), Robert Shaw (“Un hombre para la eternidad”) y George Segal (“¿Quién teme a Virginia Woolf?”).

Nacho Gonzalo

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