"Die, my love"

"Die, my love"

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El argumento: Grace y Jackson, una pareja joven y enamorada, cargada de ilusiones, se muda de Nueva York a una casa heredada en el campo. Grace intenta encontrar su identidad con un nuevo bebé en ese entorno aislado. Pero al redescubrirse a sí misma, tras un periodo de desmoronamiento, no lo hace en la debilidad, sino en la imaginación, en la fortaleza y en una impresionante e indómita vitalidad.

No conviene ver: "Die, my love" genera división de opiniones pero, en todo caso, está lejos de ser la mejor película de la directora y lo que sí que garantiza es una profunda disparidad en su recepción entre los que ven algo audaz, arriesgado y libre y los que le parece un despropósito alegórico, impostado e insoportable. Por estos foros consideramos que estamos ante una grotesca y fallida cinta sin rumbo sobre el duelo, relaciones tóxicas, la maternidad y la salud mental en una apuesta subrayada, repetitiva, cansina y ruidosa. Jennifer Lawrence y Robert Pattinson están muy bien como Grace y Jackson, un matrimonio de jóvenes atractivos que se muda al campo tras el nacimiento de su hijo y que que transforma su pasión en obsesión malsana, desquicie de insatisfacción y arrebatos de violencia pero no es suficiente para levantar la cinta de esta mujer al límite y en deriva hacia ninguna parte. Una escritora atrapada entre querer hacer algo y no querer hacer nada en absoluto cuando irrumpe la maternidad, el aislamiento y la insatisfacción. No es la primera vez que Jennifer Lawrence se ve en un título de este tipo, hay que recordar “Madre!” (2017), y por ello sorprende que haya querido volver a repetir una experiencia similar (ahora también como productora) sintiéndose atraída seguramente por la ruptura de convencionalismos a la hora de abordar un personaje femenino que desmonta cualquier molde en el que, sin duda es, al margen de la calidad de la cinta, todo un salto sin red del que, como siempre, sale airosa en un trabajo al límite aunque sea sacrificando el conjunto narrando una historia de amor tan primaria como tóxica entre dos personas rotas y frustradas tratando temas como la pasión, las responsabilidades que nos exige la sociedad, la soledad, la familia, el sexo, la locura y el duelo.

Convergen en la película dos planos, el real y el de las alucinaciones siendo este uno de los puntos discordantes para parte de la crítica. Se crea confusión entre lo que la protagonista vive y lo que se imagina algo que pese a darle intensidad puede hacer perder la comprensión de lo que se está viendo en cada momento. No obstante, que el guión se sitúe "dentro de la cabeza" de Grace produce una conexión emocional más profunda con el espectador. Pese a esa nebulosa que se puede crear, nos llega a sumergir en el abismo de la protagonista, en la sensación de hartazgo en la que va cayendo, así como en la indómita rebeldía por no pretender resignarse a lo que el destino parece depararle, ya que la cinta se centra en ella y ello provoca que el resto de personajes queden desdibujados o sean arquetípicos.

Estéticamente se entremezclan colores apagados que acompañan la decadencia y el estado psicológico de la protagonista, con espacios amplios pero vacíos de contenido y descuidados. Esto, junto con pocos movimientos de cámara y planos cada vez más encuadrados, reflejan la sensación de estancamiento y dejadez de Grace. La música también se pone al servicio de generar ese malestar psicológico, con sonidos amplificados o instrumentos de cuerda chirriantes.

Un título salvaje y descarnado sobre la maternidad imperfecta y los peajes que conlleva dejando de ser la mujer deseada por su pareja y teniendo que asumir un nuevo rol para el que se siente desbordada, más cuando tiene que encargarse de todos los cuidados ante la ausencia de su marido, ser consciente de la infidelidad de éste y abrazar tanto lo animal como lo humano hacia su autodestrucción avivado por flashbacks incoherentes, narrativa fragmentada y textura sonora para ir en consonancia de esa mente desaforada. Lynne Ramsay lleva a cabo una puesta en escena explosiva llena de símbolos pero precisamente por eso no fácil e incidiendo en lo áspero, críptico e incómodo del conjunto con elementos como el sonido del viento, la lluvia y el fuego como inclemencias de la naturaleza que actúan como tormento psicológico al igual que los llantos de un bebé, los ladridos de un perro o un baile que convierte la exaltación festiva en grito desesperado de opresión y agonía no estando dispuesta a asumir la joven el rol que esperan de ella, supeditada a los cuidados de su casa y los suyos, pero en el que no encaja ni puede llegar a ser feliz pidiendo ayuda a su manera.

“Die, my love”, entre la narrativa fragmentada y la fantasía sensorial, es la adaptación de la novela de Ariana Harwicz partiendo de una historia sobre depresión posparto a una radiografía de la salud mental y de la volatilidad de dos amantes cuando se extingue el sentimiento primario que es el que les ha unido como bien manifiesta el prólogo de la cinta. En todo caso un sufrimiento cruel y desgarrado en el que no hay ningún atisbo emocional en el que agarrarse (sólo quizá en la encantadora pero tenebrosa y desesperada versión que lleva a cabo la pareja mientras suena en el coche In spite of ourselves de John Prine e Iris Dement) ante el retrato de un personaje que se queda en lo superficial de su drama sin pretender enjuiciarla pero tampoco ayudar a entenderla.

Una directora que en esta ocasión pincha en hueso, a pesar de la potencia visual y de la entrega de Jennifer Lawrence, y que se pasa de frenada engolada de su talento visual pero no dando espacio ni oxígeno a los personajes ni ofrecer algo parecido a la esperanza con un infierno al que nos lleva de manera inevitable mientras exaspera al espectador en la mayoría de los casos y que en otros intentan justificar lo indefendible intentando rescatar sus referencias al cine de John Cassavetes (“Una mujer bajo la influencia”) o Stanley Kubrick (“El resplandor”). Esperábamos más y lo que podría haber sido un retrato psicológico pertinente e interesante se le va de las manos hacia el abismo en una propuesta tan extrema e irregular como escasa de contundencia más allá de una visceralidad de fogueo que busca exasperar sin justificación. Toda una experiencia para poder ponerse en un bando o en otro aunque termine siendo agotadora, desbarrada, dispersa y fallida.

Conviene saber: A competición en el Festival de Cannes 2025 y proyección especial Premio Donostia en el Festival de San Sebastián 2025.

La crítica le da un TRES

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