"Historia para el mañana. Mirar al pasado para caminar hacia el futuro"

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La escena se abre con una idea sencilla, casi desarmante. Roman Krznaric asegura que la historia no sirve solo para mirar atrás y entender de dónde venimos, sino para afinar la mirada cuando pensamos en lo que está por venir. No como refugio melancólico ni como inventario de fechas polvorientas, sino como una herramienta viva, capaz de ayudarnos a relacionarnos con el futuro con más lucidez y menos consignas. A esto lo llama historia aplicada.

Título: "Historia para el mañana. Mirar al pasado para caminar hacia el futuro"

Autor: Roman Krznaric

Editorial: Capitán Swing

La escritora estadounidense Susan Jacoby asistió a una escena que ha contado en más de una ocasión. Es la tarde del 11 de septiembre de 2001. Nueva York aún está en shock; ni siquiera el polvo ha terminado de asentarse. En un bar, dos hombres conversan. "Esto es como Pearl Harbor", dice uno. "¿Qué es Pearl Harbor?", pregunta el otro. "Cuando los vietnamitas tiraron bombas en una bahía y así empezó la Guerra de Vietnam", responde el primero. El error no es menor. Es un síntoma.

Conviene que estos errores nos importen. Porque ciudadanos con una ignorancia histórica tan básica alimentan discursos políticos que usan el pasado como coartada. Para justificar abusos. Para vender decisiones discutibles. La historia, mal entendida o directamente falseada, se convierte en munición. Y ese uso interesado no es una excepción: es una constante.

Un año después del ataque a las Torres Gemelas, Paul Schroeder, uno de los historiadores más respetados de Estados Unidos en política exterior, publicó un artículo con un título inquietante: "¿Qué ha cambiado desde el 11-S? No demasiado y no para mejor". Su petición era elemental, casi de sentido común: situar el atentado en un contexto histórico y global más amplio. El ataque había sido espantoso, sí, pero no había causado un daño duradero al país. La reacción posterior, en cambio, abría otro escenario.

La Administración Bush aprovechó el 11 de septiembre para reivindicar el derecho de Estados Unidos a atacar a quien quisiera, cuando quisiera, sin consultar a aliados ni a organismos internacionales como las Naciones Unidas. Schroeder no se andaba con rodeos. Aquella doctrina era arrolladora, peligrosa y subversiva para el orden y la paz mundial. Violaba principios básicos del sistema internacional: la independencia de los Estados, la igualdad jurídica, el respeto a normas compartidas que hacen posible buscar seguridad y paz. Además, rompía con la tradición estadounidense de cooperación internacional. Iraq, Abu Ghraib y Guantánamo acabarían por dinamitar cualquier respeto previo por el imperio de la ley.

La presidencia de Donald Trump aceleró esa deriva hasta hacer caer lo poco que aún se sostenía en pie. El derecho internacional, ya frágil y apuntalado por un sistema de vetos poco defendible en Naciones Unidas, perdió casi toda su influencia práctica cuando la primera economía del planeta decidió apartarse del tablero.

Frente a este panorama, el libro de Krznaric propone otra forma de relacionarnos con la historia. Acudir a ella para entender la fuerza de la solidaridad, para ampliar el encuadre, para pensar a largo plazo. No solo para que la manipulen los desalmados habituales. Hay, al menos, una certeza que atraviesa todo el relato: la historia sigue siendo profundamente atractiva. Y Roman lo demuestra.

Biblioteca sonora con la colaboración de Guillermo Orduna, Nacho Gonzalo y Michael Novack

Carlos López-Tapia

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