Rainiero metió a Mónaco en el cine

Rainiero metió a Mónaco en el cine

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Querido diario:

Entre revisar las pelis de Papas, ver el concentrado que me prepara “El Venas” sobre los detalles del entierro de Juanpa II, y ahora lo de Rainiero, me estoy metiendo los electros en estereo. El espectáculo de la muerte es apasionante para los vivos, aunque no todos comprendan mi afición por “A dos metros bajo tierra”, ¡que vuelva ya a la tele!.
El Dr Quintanilla ha salido urgentemente hacia Londres para tratar al príncipe Carlos. Han telefoneado diciendo que está fatal con lo de Rainiero, que quiere pasar su boda a un lunes por la noche en un garaje de Belfast. Quintanilla lleva sus mejores antidepresivos.

Tengo correo de un primo….

… su denominación oficial es “Principado de Mónaco”, lo que provoca que este lugar haya sido uno de los más adecuados y preferidos para situar la ambientación y la trama de películas musicales sobre todo en los años 40 y 50, cuando se pensó que no sólo el Hollywood clásico poseía el hechizo para tratar estas tramas. Uno de los ejemplos más representativos del espíritu musical que desprende la ciudad monegasca es la película “The red shoes” (1948), de Michael Powell y Emeric Pressburger. Esta producción, a pesar de ser británica, situó en Mónaco la escena primordial de la película, y nadie dudó que ese escenario representaba el espíritu alegre, dinámico y vivaracho del género musical.

No hay que olvidar que esta película supuso una importante inspiración para los números de baile más característicos de Arthur Freed para la M.G.M, quedando patente en grandes obras de principios de los 50 como “Un americano en Paris” o “Cantando bajo la lluvia”.
A partir del boom de los 50 con las obras comentadas, Mónaco quedo como un país casi perdido en el mapa, siendo olvidado por los guionistas de estas historias omitiendo su nombre y sustituyéndose por otros lugares, aunque manteniendo sus características, e incluso en muchas ocasiones tomándolo como inspiración como el reciente trabajo de Kenneth Branagh en “Trabajos de Amor perdidos”.

Mónaco está situado en una posición geográfica envidiable, al sur de los Alpes y a orillas del Mar Mediterráneo. Sólo un 15% de la población ha nacido en el Principado, estando nutrida en su mayor parte de franceses y también de italianos.
En Mónaco no hay muchos cines, no hay que olvidar que su superficie es muy pequeña, pero esto no impide que desde hace tres años, se haya puesto en marcha el Festival de Cine de Mónaco en el que se hace una absoluta defensa del cine no violento, ya que violencia y el principado son absolutamente incompatibles, beneficiándose este lugar de mantener ese aspecto bucólico y en ocasiones fantasioso. Este es su sitio web oficial , pero también es muy recomendable esta página en español en la que se hace un amplio recorrido con muchos detalles del principado, incluyendo un foro para que los turistas intercambien impresiones e información:

Uno de los lugares de los que Mónaco esta más orgulloso es de su puerto llamado Hércules, ya que en este sitio se puede decir que se hace una gran vida marítima, aprovechando las ventajas de la Costa Azul, destaca la regata anual, en la que participan navegantes de todo el mundo. El puerto tiene una larga historia y en la antigüedad se asociaba el puerto como un culto al héroe vencedor. De todas formas, y según comentan los habitantes, el puerto gana mucho de noche, con su iluminación y con la mar tranquila y calmada, quedando la luna reflejada en toda la costa, lo que da a los lugareños una sensación de mucha paz y tranquilidad.
Mónaco vive del comercio, y en las pequeñas tiendas hay multitud de objetos relacionados con la familia Grimaldi, desde platos con sus efigies, hasta replicas del palacio.

Hitchcock también se sintió tentado por la ciudad rodando allí su película “Atrapa a un ladrón” del año 1955. Para Don Alfredo, éste era un lugar en apariencia mágico, pero que también poseía ese misterio que el director británico sacaba hasta a su sombra.

Y si Mónaco parece una ciudad de cuento, también posee una historia de cuento de hadas. En “Atrapa a un ladrón”, aparecía una de las mejores actrices de la época, Grace Kelly. Como todo el equipo, Kelly durante el rodaje se quedó absolutamente absorta con las playas y el ambiente monegasco, tanto le gustó que entró como actriz de primera categoría, y termino ejerciendo de princesa tras su matrimonio con Rainiero III. Una ciudad que le cambió la vida, y que no deja indiferente a ninguno de los visitantes, siendo uno de esos pequeños rinconcitos que parecen sacados de los mundos de fantasía que en teoría, sólo existen en los cuentos.

De tu primo Coronado.

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