Los recuerdos de Stanley K.

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Querido diario:

Mi tío está en Berlín y a pesar del riesgo, no ha podido dejar de ir a visitar la exposición de objetos de Stanley K. Era un psicópata excepcional…

Querido sobrino: Ya sabes que Stanley fue un excéntrico obsesivo durante toda su vida. Un hombre que después de obtener el título de piloto, dejó de volar para siempre el día que vio con sus propios ojos como trabajaban los controladores.
Basta ver los créditos de “Killer’s Kiss” para darse cuenta de lo que aquel director de veintisiete años pensaba ya entonces de sí mismo. Guión de (no figuran créditos del argumento), producida por, montada por, fotografiada y dirigida por Stanley Kubrick.
Pero fíjate también en la película. La hizo con limitaciones de tiempo y dinero muy extremas, que afrontó como un soldado, haciendo de la dificultad virtud, de modo que a pesar de que sólo dura sesenta y siete minutos no es una peliculita. En diez segundos puedes darte cuenta de lo fascinado que estaba con el cine, de lo increíblemente hábil que era, llenando cada escena de ideas, mezclando exactitud clínica con la irrealidad continua que constituía su firma. Está llena de agradecimientos, homenajes, incluso con algún que otro robo tributario (lo que posteriormente denominaría “coleccionar souvenirs”), casi siempre de los europeos que tanta inspiración y deleite le habían proporcionado: Fritz Lang, Jean Renoir, Vittorio De Sica, y, siempre, Max Ophüls, con sus continuos, embelesados y delirantes movimientos de cámara. También tiene un final extraño, una dolorosa parodia de final feliz, cuando el chico y la chica se van juntos, a pesar de que les hemos visto traicionarse cobardemente y abandonarse el uno al otro para salvar la vida. Es un presagio de ese toque que con el tiempo se llamaría kubrickiano.
Su esposa tiene razón cuando explica que Stanley no era un coleccionista, porque no comprendía el placer psicológico del coleccionismo. El coleccionable es él mismo.
De tu tío que te quiere…. Aníbal L.

Yo me he tenido que conformar con una exposición de juguete que ha montado la editorial Taschen, libros exquisitos, en un centro comercial de las afueras de Madrid para promocionar un libro de lujo sobre el director. Tiene unas fotos estupendas.
De momento no hay museo ni institución española que quiera pagar los cien mil €, seguros aparte, que cuesta mover los recuerdos de Stanley.
Como puedes escuchar aquí, La Clínica está llena de fanáticos del director.

KubrickColeccionismo.mp3

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