Upton Sinclair, creador de “Pozos de ambición”

Upton Sinclair, creador de “Pozos de ambición”

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Querido diario:

Hoy no se puede vender carne en un establecimiento público usamericano sin tener el sello de la inspección federal, que certifica que la carne es apta para el consumo. El responsable de esto es el mismo que escribió “Petróleo”, la historia en la que se basa la película “Pozos de ambición”. Su nombre es Upton Sinclair, y es más cosas: uno de los grandes autores del siglo XX en Usamerica, que ganó el Premio Pulitzer en 1943, cuando ya era muy conocido y respetado. Con Jack London, fue de los primeros que se dejaron de academicismos literarios para escribir con realismo moderno.

Upton nació en una familia de clase media baja, pero a los 14 años empezó a ganarse la vida haciendo trabajos de todo tipo y publicando cuentos y relatos. Entró en la universidad de Columbia y siguió publicando. Al comenzar el siglo XX tenía 22 años, una conciencia de clase muy fuerte y bajo el brazo, la primera novela publicada de las sesenta que escribiría.
El director de un periódico socialista le encargó un reportaje. Debía trasladarse a Chicago, central de la industria cárnica en conserva. Las condiciones de los trabajadores de aquellas plantas rozaban la esclavitud.
Upton aplicó su realismo literario a la suciedad que se veía por todas partes, a la descripción de las ratas que se movían entre la carne y la grasa, y lo publicó en forma de reportaje. Pero dedicó los dos años siguientes a escribir la novela “La jungla”, que le colocaría en todas las librerías del país. Describía las condiciones de aquellos mataderos envasadores y fue un best-seller nacional. La prensa y la radio se llenaron de reportajes. Algunos llegaban muy lejos, hasta insinuar que varios empleados sin papeles, enteros o en fragmentos, podrían haber sido convertidos en tocino por inadvertencia, enlatados y vendidos como pura manteca de cerdo Durham, la favorita de los panaderos. La novela producto de la investigación impresionó tanto al presidente Roosevelt, que le nombró para la junta de inspección de industrias cárnicas que se había creado por toda aquella historia.

Upton comprendió una ironía en su éxito. Pensaba llamar la atención sobre las miserias que tenían que soportar los trabajadores que emigraban a América. Pero los lectores en lugar de reaccionar, como había previsto, sensibilizándose ante los problemas de los obreros, lo que hicieron fue horrorizarse ante el peligro que corría su salud. Upton se había dirigido al cerebro pero había acertado en los estómagos.
Invirtió sus derechos de autor en una colonia socialista en Nueva Jersey, el proyecto fracasó y entonces se trasladó a California para establecerse en Pasadena. Allí se tropezó de bruces con el cine!.

A los pocos meses estaba en las reuniones con los actores más progresistas; y comenzaban a situarle en su punto de mira los magnates de los Estudios, que empezaban a ser grandes.
Cuando Upton se empeñó en ser gobernador de California, el eslogan de su campaña fue «Terminar con la pobreza en California», y para lograrlo abogaba por más control federal en la industria del cine, aumento de los impuestos para los ricos y el reconocimiento de los diversos sindicatos por los estudios de cine. Para todos los magnates de Hollywood éstas eran palabras de un cerebro bolchevique, que seguramente harían correr la sangre por las calles, y se unieron para conseguir el voto para el candidato republicano, un tal Frank Merriam.
Se organizó la primera campaña coordinada por una compañía que ofrecía un servicio nuevo, llamado “Relaciones públicas”. La primera intervención de profesionales de la imagen en la política americana, se puso en manos de Campaings Inc., de San Francisco, que a raíz de aquello se convertiría en una de las compañías de relaciones públicas más poderosas y de mayor éxito en América.

UptonSinclairOil.jpgFue muy basta aquella campaña para los paladares de ahora, pero funcionó. Los estudios usaron todas sus armas, concentrándolas en los noticiarios sensacionalistas y falsos que se pasaban en las salas de cine. Sin televisión en las casas y con una radio sin política en sus contenidos, era la mejor propaganda para los muchos votantes que no leían prensa en serio. Hicieron noticias falsas con material de largometrajes sobre delincuentes, para mostrar como reales reuniones de criminales que ya pensaban en como explotar la nueva sociedad propuesta por Upton. Hicieron entrevistas falsas con actores que sacaban de las oficinas de casting que se hacían pasar por agitadores bolcheviques que le apoyaban, y abuelitas usamericanas encantadoras que iban a votar a Merriam.
Upton siguió escribiendo libros con el mismo enfoque que “La jungla”. Todos desnudaban la injusticia y la hipocresía de la clase adinerada. El tío Platón ya escribió algo sobre esto: El oro y la virtud siempre se encuentran en los platillos opuestos de la balanza. Cuando alguno sube o baja, siempre es a costa del otro. Upton ponía en evidencia a un sector de aquellas clases sociales en cada libro. En “Petroleo” (Oil), fue el mundo de los magnates del petróleo californianos, y el mundo de los actores de Hollywood.

Al estallar la II Guerra Mundial, continuó escribiendo «exclusivamente en bien de la humanidad», aprovechando su popularidad internacional, que había logrado al traducirse sus obras a más de treinta idiomas.
Con World’s End, en 1940, empezó una serie de novelas con las aventuras de «Lanny Budd», un superhombre cosmopolita, de buena voluntad, que viaja constantemente a través de Europa, América y Asia, haciendo una crónica de los acontecimientos mundiales en la primera mitad del siglo XX.

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Comentarios

Fosas - 17.01.2016 a las 23:30

Muy interesante lo que comentas en el artículo, he descubierto el blog y estoy encontrando muchísimo contenido de calidad. ¡Saludos y gracias!
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